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domingo 20 de enero de 2019

¿Y las mujeres?

Gloria Alcocer Olmos*

Hay dos hipótesis (quizá hay más de dos pero para fines prácticos exploremos dos que me parecen las posibles) para explicarse que las mujeres estemos borradas del discurso de toma de protesta del presidente Andrés Manuel López Obrador. La primera hipótesis es que nos olvidó, no somos tan importantes como las juventudes o los adultos mayores y no merecemos ser mencionadas. Es increíble que no estemos presentes ni en las acciones ni en la planeación en su discurso, parece no ser suficiente que seamos más de la mitad de la población mexicana y mundial. Parecen no ser suficientes la desigualdad en que vivimos, las brechas de desigualdad que son nota cada día, ya sea la salarial o la política, la cantidad de feminicidios y las constantes peticiones a lo largo y ancho del país para producir alertas de género.

No nombrarnos es hacernos invisibles, bien dicen que lo que no se nombra no existe y ese parece ser nuestro caso. Ya sé, seguro al leerme les vendrá a la cabeza que, por ejemplo, ya tenemos paridad en el Poder Legislativo, y les invito a pensar ¿a qué costo? ¿Es suficiente llegar? ¿A qué obstáculos se enfrentan las que llegaron en el ejercicio del poder? Y si nos salimos de los poderes legislativos y la alcanzada paridad, ¿qué pasa en el resto de la arena política? Las mujeres seguimos siendo marginadas en muchos ámbitos de la vida pública de México y el mundo, seguimos rompiendo uno a uno los techos de cristal para encontrarnos con que arriba de ese techo que logramos romper hay un domo más grande y más grueso que nos vuelve a poner un límite y el no ser nombradas, el ser olvidadas, en este caso por el presidente de la República, no es asunto menor y nos da un encontronazo con ese enorme domo llamado invisibilización.

Si bien hay mujeres en puestos clave en el gabinete, nada menos por primera vez en la historia tenemos una secretaria de Gobernación, también debemos reflexionar que esas mujeres han recorrido largos caminos, muchas veces repletos de obstáculos para llegar ahí, a un lugar clave desde el que se tomaran decisiones para todas y todos pero siempre conscientes (espero) de que es clave incorporar la perspectiva de género en sus acciones y programas, que no basta con decir “todas y todos” si ese lenguaje incluyente no se acompaña de acciones que nos incluyan de manera real, de forma sustantiva. No se olviden de nombrarnos, gastarán un poco más de saliva y unos segundos más pero lograrán que nos recuerden quienes optan por olvidarnos, lograrán también hacer enojar a muchos y muchas y que la Real Academia de la Lengua, si es que las leen o escuchan, les haga una reprimenda pues se vale usar el término amigovio o papichulo pero no el lenguaje incluyente.

Vamos por la segunda hipótesis, que es que los milagros de la transversalización de la perspectiva de género han logrado que no se requiera nombrar a las mujeres ya que, después de todo, nos encontramos incluidas de manera implícita en los discursos, acciones, programas, normas y demás ordenamientos. La tendencia a debilitar o desaparecer instancias de atención a grupos específicos con la justificación de generar instancias que hacen transversales las perspectivas de género o de derechos pone en riesgo lo que se ha logrado a lo largo de muchos años de batallas desde diversos frentes. Transversalizar no significa desaparecer, no en un país como el nuestro en que esa manera de incorporar perspectivas en los planes de desarrollo o sectoriales se queda en un papel, en el mejor de los casos, y si es que está presente con esa intención en el papel.

Pasa algo así como el uso del masculino como neutro asumiendo que eso representa a ambos géneros pues, después de todo, así ha sido por muchos años, qué digo años, por siglos, pero también pasa que muchas no nos sentimos interpeladas, no nos es suficiente cuando se dice, por ejemplo, “los hombres que forjaron la historia” o “Buenas tardes a todos”; pedimos ser nombradas, incluidas en el cotidiano, en ese lenguaje que se usa día con día y que permea hasta el discurso de toma de posesión de un presidente. Después de todo por algo hay que empezar.

Al escuchar y releer el discurso del presidente López Obrador me busco y no me encuentro, busco a las mujeres y no las encuentro, estando ahí no estamos (citando a Rita Guerrero), pues todo nos involucra pero no se nos interpela de manera directa. Es urgente hablar pero sobre todo actuar para reducir la violencia que nos aqueja día a día con diversas caras, generar programas y acciones que hagan más cortas las brechas de desigualdad, fortalecer instancias de apoyo y atención a las mujeres como el Instituto de las Mujeres y reforzar las áreas de atención en el resto de la administración pública en todos sus niveles. Hacer de la transversalidad bien entendida y aplicada una realidad que impacte de manera eficiente el Plan Nacional de Desarrollo y el resto de los programas sectoriales; incluyamos nuestra voz en los espacios de representación y toma de decisiones y entendamos que no hay una agenda de las mujeres pues prácticamente todas las agendas nos impactan, solo que ese impacto no es de la misma manera que a los hombres y es por ello que exigimos ser nombradas, incluidas desde el reconocimiento de nuestras diferencias. No se pide una agenda especial pero sí una mirada específica al momento de plantear acciones y soluciones.

Espero que el nuevo presidente incorpore en su discurso pero sobre todo en su lenguaje cotidiano a las mujeres y acompañe acciones como la inclusión de mujeres en las más altas posiciones de su gabinete con el nombrar a las que no somos parte de esa arena política pero que también existimos; que se detenga a pensar en las estudiantes, las migrantes, las indígenas, las transgénero, las discapacitadas, las niñas, las jóvenes y las muchas y diversas mujeres que habitamos este país y que no merecemos ser invisibles. Espero también que las políticas públicas dirigidas a las mujeres tengan a bien ser nombradas y explicadas no solo por el presidente sino por quienes estén a cargo de diseñarlas y ejecutarlas, que los avances en materia de articulación e interlocución como el Observatorio de Participación Política de las Mujeres no desaparezcan y que las comisiones de género se vuelvan permanentes, en particular la del INE.

Es urgente un rediseño institucional que incluya lo normativo en materia de atención a mujeres, es necesario un rediseño de instancias como el Instituto de las Mujeres tanto a nivel federal como en los estados y municipios y que busquemos una política de Estado y no solo de sexenio; es clave que pasemos de nombrar a actuar a favor de niñas, jóvenes y mujeres, pero es complicado visualizar la urgencia de dichas tareas cuando no somos nombradas o se empeñan en hacernos invisibles. Seguiremos alzando la voz y señalando cada vez que se nos omita, seguiremos exigiendo ser nombradas, ser reconocidas más allá del discurso pero sin olvidar que lo discursivo es, también, simbólico.

* Directora de Voz y Voto.
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