You dont have javascript enabled! Please download Google Chrome!
Miércoles 20 de junio de 2018

Una  noche de verano

Jorge Alcocer V.*

En este artículo planteo los escenarios en los que el INE podría verse envuelto en la noche de la elección del domingo 1º de julio. Una noche de verano que estará marcada y condicionada por el tamaño de la diferencia entre el primero y segundo lugar de la contienda por la Presidencia de México.

Lo que ya ocurrió… puede volver a ocurrir

Pocos lo recuerdan, pero cabe tener presente que hace doce años, para ser exactos el domingo 2 de julio de 2006, la jornada electoral se abrió con los mensajes de los representantes de los partidos políticos, quienes fijaron posición y expectativas para las siguientes horas. El del PRD (que por cierto era el mismo que hoy tiene la representación de Morena, Horacio Duarte) manifestó algunas preocupaciones, sin por ello descalificar o poner en duda la imparcialidad del IFE. Horas más tarde todo cambiaría; el PRD, los partidos aliados a él y su candidato presidencial, Andrés Manuel López Obrador, denunciaron, sin prueba alguna, un supuesto fraude electoral para favorecer al candidato del PAN, Felipe Calderón Hinojosa. Esa noche se inició un conflicto postelectoral que se agudizó en los días siguientes y se prolongó prácticamente hasta el día del relevo en el Poder Ejecutivo federal.

Las encuestas previas a la jornada comicial de aquel entonces indicaban una cerrada competencia entre los candidatos del PRD y del PAN, aunque López Obrador había insistido, una y otra vez, en que su ventaja era de al menos diez puntos porcentuales. “No le han quitado ni una pluma a mi gallo”, repitió en sus actos de cierre de campaña. A las 20 horas del día de la votación las dos televisoras privadas coincidieron en el anuncio de que, debido a lo cerrado del resultado, no era posible dar a conocer los datos que arrojaban las encuestas levantadas a la salida de casilla (exit polls); habría que esperar los resultados de los conteos rápidos (quick counts), en especial el del IFE.

Los consejeros electorales, encabezados por su presidente Luis Carlos Ugalde, antes de la jornada habían tomado el acuerdo de no difundir los resultados del conteo rápido en el caso de que la diferencia entre el primero y segundo lugar estuviera dentro del margen de error estimado para ese ejercicio demoscópico, lo que era muy probable que ocurriera según mostraban diversas encuestas. El entonces secretario de Gobernación, Carlos Abascal Carranza, días antes del 2 de julio de ese año, pidió explícitamente a Ugalde que no adoptara ese acuerdo, a lo que este se negó.

A las 23 horas de aquel día el presidente del IFE anunció, en red nacional de televisión y radio, que ante lo cerrado del resultado de la elección presidencial no daría a conocer las tendencias que arrojaba el conteo rápido, por lo que habría que esperar a que el PREP mostrara el resultado preliminar.

En ese momento la confianza en el IFE quedó hecha añicos y comenzó un pleito que persiste y marcará lo que suceda el domingo 1º de julio de 2018, esta vez en el Instituto Nacional Electoral. Para colmo, poco después de las 12 de la noche las dos televisoras privadas decidieron dar paso a su programación usual en todos sus canales y las estaciones de radio suspendieron la cobertura noticiosa desde la sede nacional del IFE.

Los acuerdos del INE (2018)

La Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales (LGIPE) establece la siguiente atribución del presidente del Consejo General del INE: “Previa aprobación del Consejo General, ordenar la realización de encuestas nacionales basadas en actas de escrutinio y cómputo de casilla a fin de conocer las tendencias de los resultados el día de la jornada electoral. Los resultados de dichos estudios deberán ser difundidos por el consejero presidente, previa aprobación del Consejo General, después de las 22 horas del día de la jornada electoral” (artículo 45, párrafo 1, inciso l; énfasis añadido). 

Esa norma no fue creada por la reforma de 2014 sino por la de 2007, que corrigió la redacción de 1996, la que dio base a la decisión adoptada en 2006 por Luis Carlos Ugalde.

Para regular lo que manda la ley, el Consejo General del INE aprobó los lineamientos a que se sujetará el levantamiento de los resultados de las casillas incluidas en la muestra del conteo rápido y confirmó la obligación del consejero presidente de dar a conocer al público las tendencias que arroje dicho instrumento, con independencia del margen que separe al presunto ganador del segundo lugar. 

Ante la concurrencia de elecciones locales y federales en 30 entidades federativas, incluidas ocho para gobernador y la de jefe de gobierno en la Ciudad de México, para acelerar el escrutinio y cómputo de la elección presidencial en las casillas que comprenda la muestra del conteo rápido, el Consejo General del INE originalmente aprobó que todas las urnas de la respectiva casilla fuesen abiertas como primer paso de ese procedimiento, para verificar que no hubiese boletas de la elección presidencial depositadas por error en una urna diferente. El PAN y Morena impugnaron esa medida ante la Sala Superior del TEPJF y lograron que los magistrados la revocaran por ser contraria a la LGIPE. 

En consecuencia, el Consejo General del INE corrigió su acuerdo original y determinó que la información del resultado de la elección presidencial, en las casillas que integren la muestra del conteo rápido (nueve mil en total), se copie del cuadernillo de trabajo que utilizarán los funcionarios de casilla para efectos del cómputo de resultados, sin esperar a que concluya el levantamiento del acta respectiva, lo que solo ocurre, conforme a la LGIPE, una vez que ha terminado el cómputo de las tres elecciones federales (presidente, senadores y diputados). El acuerdo anterior también fue impugnado ante el TEPJF, pero esta vez la Sala Superior lo confirmó.

Sin embargo, cabe dejar asentada la prevención de un posible conflicto de interpretación concreta de la norma del artículo 45 de la LGIPE que transcribí antes. En una interpretación gramatical, puede afirmarse que el texto citado distingue dos momentos para su aplicación. El primero es previo a la jornada comicial, cuando el Consejo General, a propuesta de su presidente, lo autoriza para que ordene la realización del conteo rápido. Eso ya sucedió y el acuerdo quedó firme una vez que la Sala Superior del TEPJF validó la segunda versión del mismo. 

Pero hay una segunda aprobación a cargo del Consejo General, que debe darse en la noche de la jornada de votación del 1º de julio, referida a la difusión de los resultados del conteo rápido. Aunque la norma utiliza el imperativo “deberá”, lo cierto es que lo condiciona a la aprobación del Consejo General. Queda abierta la interrogante de qué pasará si en la noche de la elección una mayoría de seis consejeros vota por no dar a conocer los resultados del conteo rápido. 

¿Cuál será el mandato que, en ese caso y frente a tal dilema, atenderá el Dr. Lorenzo Córdova, interpretar que debe dar a conocer el resultado, cualquiera que sea la tendencia que muestre, o acatar la decisión del Consejo General, si fuese no difundir el resultado? 

Más aún, ¿debe Córdova Vianello obtener esa aprobación previa, o cabe considerar la posibilidad de que decida no solicitarla argumentando que ya la tiene, según el acuerdo validado por la Sala Superior?

Lo que pase en el Consejo General del INE en la noche de la elección, a partir de las seis de la tarde (hora del centro), obedecerá en gran medida al resultado que cada una de las tres coaliciones partidistas tenga a la vista, producto de sus propias encuestas de salida (exit polls). De ese conocimiento, así como de los resultados que las televisoras privadas comuniquen a las ocho de la noche de ese día, dependerá el curso de los acontecimientos en las horas siguientes, lo que intento explorar en los siguientes escenarios, en los que, de manera inevitable, el papel protagónico corresponde al candidato presidencial de Morena, Andrés Manuel López Obrador.

Escenario 1. El picnic 

Si su exit poll indica que obtiene la victoria por un margen mayor a cinco puntos (cuanto mayor el margen, mayor su tranquilidad y confianza), el candidato presidencial de Morena podrá esperar a las 20 horas para que las dos televisoras privadas den a conocer las tendencias de sus propias encuestas y quede establecido, desde ese momento, que hay un ganador incuestionable de la elección presidencial. El festejo de Morena y sus simpatizantes empezará de inmediato, sin esperar al conteo rápido del INE, que será un mero trámite, la confirmación de un cambio de mando y de rumbo en la conducción del país.

Se habrá cumplido lo que hace años el experto electoral Dong Nguyen inscribió como una especie de paradigma: “Para la autoridad electoral, el mejor resultado es que gane el candidato opositor, y que el margen sea amplio”. Si ambas condiciones se cumplen (como en 2000 y en 2012), la noche del 1º de julio será como un picnic veraniego.

Escenario 2. “Gané, pero me hicieron fraude”

Si sus encuestas a la salida de casilla le indican a López Obrador que obtiene el triunfo, pero su margen de ventaja es inferior a cinco puntos, es muy probable que, a partir de las seis de la tarde, su equipo decida adelantar el resultado planteándolo como “irreversible” y al mismo tiempo cuestionable. “Ganamos, pero nos hicieron fraude”, es la frase que podría resumir la valoración de Morena y su candidato presidencial en este escenario.

Cuanto menor sea el margen de ventaja, mayores serán el nerviosismo y el tono de la denuncia del equipo del tabasqueño. Y eso podría aumentar a extremos de paroxismo si a las 20 horas las dos televisoras privadas decidieran no dar a conocer tendencias de sus propias encuestas de salida argumentando que el resultado cae dentro del margen de error. Miradas y expectativas quedarían concentradas en lo que informara el INE a partir de las 22 horas.

Es en este escenario donde la oportunidad del conteo rápido y su certeza como instrumento de predicción se vuelven cruciales. Como es obvio, entre menor sea el margen de ventaja de López Obrador, mayor será la presión sobre el INE, sus consejeros y el consejero presidente. Un retraso en la recolección de resultados, que demore el conocimiento y difusión de las tendencias, seguramente será interpretado por Morena y sus seguidores como señal de un intento de fraude electoral; el ominoso anticipo de otra “caída del sistema”. La conflictividad se agudizará en el caso de que los otros candidatos presidenciales o sus voceros hagan saber que no reconocen triunfo ni derrota ante lo cerrado del resultado, o peor aún, que el ubicado en segundo lugar se declare vencedor antes de que el presidente del INE tenga en sus manos las cifras del conteo rápido.

La oportunidad de la difusión del conteo rápido será decisiva para tranquilizar los ánimos de los partidos y sus huestes, pero sobre todo para dar a la sociedad en su conjunto la confianza en que el INE no solo cuenta con información verídica sobre el resultado, sino además con los instrumentos y la fortaleza para garantizar su respeto irrestricto. Y la credibilidad del conteo rápido del INE deberá ser reforzada con los datos que surjan de los ordenados por las dos televisoras privadas y por otros medios de comunicación (diarios de la Ciudad de México). El círculo de la credibilidad será complementado por el funcionamiento normal, sin contratiempos, del PREP. 

En todo caso, el ganador podrá tener la tranquilidad de que su victoria es avalada por todos los conteos rápidos difundidos en esa noche, o al menos por todos los de patrocinio no partidista. En tanto el PREP confirma la tendencia de los conteos rápidos, muchos no dormirán. 

Escenario 3. Las puertas del infierno

Basta con imaginar que, aun sin darse a conocer públicamente, las exit polls coinciden en que el resultado es muy cerrado, pero que además el ganador no es Andrés Manuel López Obrador. Desde ese momento arrancará un conflicto que hará palidecer lo que vimos en julio de 2006. La difusión de las tendencias del conteo rápido del INE, que confirmen ese resultado, será el punto de quiebre y fractura de su credibilidad entre el segmento del electorado que haya votado por el candidato de Morena, y muy probablemente entre muchos más. Las puertas del infierno quedarán abiertas.

El conflicto será mayor si el ganador resulta ser el candidato del partido gobernante. La otra cara del paradigma de Dong Nguyen se habrá cumplido: “El peor resultado para la autoridad electoral es que gane el candidato oficialista, y que sea por un margen mínimo”, como pasó en 2006, solo que ahora con el agravante de que todas las encuestas anticipaban otro desenlace, el del triunfo de López Obrador. Si ganara Ricardo Anaya, de cualquier forma el conflicto sería inevitable, pero las puertas del infierno podrían no abrirse de par en par.

De nueva cuenta, será crucial la oportunidad y calidad de las tendencias que muestre el conteo rápido, acompañado de un funcionamiento impecable del PREP en las horas siguientes. La demora en difundir los resultados del conteo rápido o fallas en el PREP serán como gasolina arrojada a un fuego que para ese momento será visible desde cualquier punto del territorio nacional. 

Ventilar y discutir estos escenarios en los días previos a la jornada del 1º de julio, en los ámbitos periodísticos y académicos, es crucial para alertar a la sociedad tanto sobre la incertidumbre en el resultado de la elección como sobre los instrumentos que permiten sostener que, cualquiera que sea el desenlace, quienquiera que sea el ganador de la elección presidencial, el INE cuenta con los instrumentos para dar a conocer ese resultado de manera certera y con la oportunidad que amerita, pero sobre todo, que dispone de los medios para garantizar que el resultado será respetado.

El INE debe gozar de la confianza ciudadana en que los votos cuentan y se cuentan, bien y sin trampa.

* Director de Voz y Voto.
error: Alert: Content is protected !!