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martes 18 de diciembre de 2018

Trompada a Trump

Pablo Estrada*

Fue el mejor resultado, fue el peor resultado. Tras las elecciones legislativas intermedias del 6 de noviembre de 2018, el Partido Demócrata (PD) recuperó el control de la Cámara de Representantes, que había perdido en 2010. El Partido Republicano (PR) mantuvo la mayoría del Senado. No es fácil decir que alguno de los dos partidos haya quedado como el victorioso ni como el derrotado. Sin embargo, sí podría asegurarse (y debería celebrarse) que el hecho de que por primera vez haya legisladoras mujeres negras, musulmanas, indígenas, jóvenes u homosexuales de diversos estados enriquecerá la pluralidad y la representatividad del Congreso de Estados Unidos. Por otro lado, quien no parece muy contento con lo que decidieron los electores es el presidente Donald Trump.

Vox populi…

En la elección intermedia participaron 113 millones de votantes, alrededor de 48 por ciento del electorado. Fueron las primeras elecciones intermedias en que hay más de cien millones de electores, tasa de participación que podría explicarse por el crecimiento del electorado menor a 35 años y su interés en la política.1 Esos ciudadanos decidieron que la mayoría de la Cámara de Representantes pasara de los republicanos a los demócratas, y que los republicanos conservaran la primera fuerza en el Senado. En ningún caso las mayorías serán contundentes. En el Cuadro 1 se muestran los resultados respectivos y se comparan con la integración de la legislatura previa.

Como puede verse, ambos partidos ganaron y perdieron. Los demócratas tendrán la mayoría absoluta en la Cámara de Representantes (que se alcanza con 218 asientos), pero con un margen menor al que consiguieron los republicanos hace dos años. Podría decirse que ninguno de los partidos ganó ni perdió cuantitativamente tanto, aunque el PD ganó lo suficiente como para volver a controlar la Cámara, lo que es mucho. El resultado en el Senado (considerando que quedan tres lugares por definirse, dos de los cuales irían al PR) es más favorable para los republicanos, ya que la bancada demócrata perdió tres asientos y la republicana quedó igual. Es decir, el PR quedó tablas y el PD perdió.

Hay varias explicaciones de estos resultados Por una parte, dos elementos coyunturales. Primero, el impulso al PD en la Cámara de Representantes proviene de diversas expresiones de rechazo a las políticas y al discurso de Trump, y de candidatos que representan una alternativa clara a esa forma de hacer política. Segundo, a pesar de la “renovación” de los demócratas, las bases que apoyan al presidente y a su partido siguen siendo electoralmente relevantes. Tercero, un elemento institucional: las reglas del juego podrían estar sesgadas para favorecer al PR.

Entre otras cosas, Trump se ha caracterizado por criticar duramente la presencia de minorías en Estados Unidos (lo que se ha traducido en decisiones de política como no dar visas a personas de ciertos países mayoritariamente musulmanes o la separación de familias de migrantes sin papeles) y por manifestar constantemente desprecio a las mujeres. Puede decirse que los electores rechazaron esas actitudes al permitir que en esta elección se cumplieran varios hitos respecto a los ganadores. En el Cuadro 2 pueden verse esas primeras veces.

Estos hitos tienen dos caras. Por un lado, representan el poder que los jóvenes, las mujeres en general y las mujeres con educación universitaria (grupos sociales que más favorecieron a los demócratas en la elección a la Cámara de Representantes entre otros rangos de edad, género o educación, quienes también son blanco frecuente de los ataques verbales del presidente)2  tienen para provocar cambios políticos.

Por otro lado, llama la atención negativamente que no sea sino hasta 2018 cuando se haya elegido por primera vez a mujeres latinas para que representen a Texas en la Cámara baja, cuando se trata de un estado fronterizo con una población notable de hispanos. O que apenas este año haya mujeres indígenas en la Cámara de Representantes. O que haya estados que por primera vez tendrán legisladoras negras. Más de cincuenta años después de la legislación de derechos civiles, sigue habiendo luchas para tratar de romper los muchos techos de cristal que prevalecen en Estados Unidos.

Sin embargo, esos éxitos no deben llevarnos a olvidar que el presidente y el pr siguen teniendo apoyo entre ciertos electores. Aunque algunos candidatos pro-Trump han perdido en elecciones locales entre 2016 y 2018 (como Kris Kobach, candidato republicano a la gubernatura de Kansas)3 y algunos republicanos notables públicamente han marcado distancia de Trump (como los dos ex presidentes Bush), otros candidatos que han exaltado a la luz del día sus vínculos con Trump y el apoyo que reciben de él, sí han ganado, como Doug Ducey la gubernatura de Arizona o Ron Desantis la gubernatura de Florida. Hay varias razones para ello: la economía está teniendo en general un buen desempeño, el PD no presentó candidatos atractivos en esas boletas o Trump prestigia posturas xenófobas y racistas (particularmente en el contexto del avance de la caravana de migrantes centroamericanos) que a algunas personas les parecen convincentes.

Pero además de esos factores coyunturales, se ha sugerido que las reglas electorales de Estados Unidos no son del todo neutras o que suelen distorsionar la voluntad de los electores. Esta queja está dirigida en particular al hecho de que los congresos federal y locales son los que diseñan los distritos electorales, lo que muy fácilmente ha llevado al gerrymandering. Los republicanos se han beneficiado en especial de esta práctica, lo que les ha permitido perpetuar sus victorias.4 Además, el hecho de que el sistema electoral sea solo de mayoría relativa hace sumamente difícil que las preferencias políticas de grupos minoritarios alcancen representación en las legislaturas.

…Vox Dei

Nadie ganó y nadie perdió tajantemente en estas elecciones intermedias. Aunque Trump quiso parecer tranquilo y confiado con los números, no tardó en amenazar a sus opositores y en recordarles el poder que tiene como presidente.

Al día siguiente de la jornada electoral amenazó en Twitter a los demócratas diciéndoles que, en caso de que quisieran aprovechar su mayoría en la Cámara de Representantes para impulsar las investigaciones sobre los posibles vínculos entre Rusia y su campaña presidencial de 2016 (investigación a la que se refiere como “cacería de brujas”), él buscaría que el Senado indagara a los demócratas sobre diversas filtraciones de documentos reservados que se han usado en esas investigaciones.

Algunas horas después, en una conferencia de prensa en la Casa Blanca festejó los muy buenos resultados que habían tenido los republicanos en el Senado a pesar de la “dramática desventaja en la recaudación de fondos debida a los donantes ricos de los demócratas, intereses especiales, y una cobertura mediática muy hostil, por decir lo menos”. Además, dijo estar de acuerdo con los llamados de Nancy Pelosi, representante demócrata que presidirá la Cámara, para que los dos partidos trabajen juntos.

Trump tiene motivos reales para temer a la mayoría demócrata en la Cámara de Representantes; si durante sus primeros dos años de gobierno tuvo problemas para sacar adelante su agenda legislativa, ahora esas complicaciones pueden volverse mucho más graves. Su retórica de confrontación tiene dos límites muy claros: algunos votantes le han dado la espalda (perdió efectividad como herramienta electoral), con la consecuencia de que su partido es minoría en una de las cámaras (perdió efectividad como herramienta de negociación). Esa es una posible lección para él con miras a la elección presidencial de 2020. Pero ha mostrado muy poca disposición para aprender. En dos años se verá cuánta gente sigue concordando con ese tipo de presidente.

* Licenciado en Política y Administración Pública por El Colegio de México. Maestro en Democracia y Gobernanza por la Universidad de Georgetown.
1 Así lo sugirieron algunas notas de prensa del día de la elección, lo que coincide con proyecciones de meses previos. Por ejemplo, Richard Fry, “Millennials approach Baby Boomers as America’s largest generation in the electorate”, Pew Research Center, 3 de abril de 2018, y Julie Beck y Caroline Kitchener, “Early signs of a youth wave”, The Atlantic, 6 de noviembre de 2018.
2 Véase Brian Schaffner, “These 5 charts explain who voted how in the 2018 midterm election”, The Washington Post, 10 de noviembre de 2018.
3 Este caso llama la atención porque desde hace más de diez años, Kansas es un estado muy conservador donde han ganado candidatos antielitistas. Además, porque durante su campaña Kobach buscó parecerse lo más posible a Trump: tuvo un lema similar al de la campaña presidencial (“Hacer de nuevo grande a Kansas”), no ha tenido problema con que se le asocie a grupos raciales y extremistas, y ha recurrido a los mismos medios de comunicación, por ejemplo. Esto sugiere que, incluso entre conservadores, el estilo de Trump no es del todo bien recibido. Véase Jane Mayer, “Is Kris Kobach‘s defeat in Kansas a model on how to beat Trumpism?”, The New Yorker, 7 de noviembre de 2018.
4 El gerrymandering es la manipulación del diseño de los distritos electorales en busca de garantizar que el electorado quede distribuido de modo que un partido en particular siempre gane en ese distrito. Véase Daniel Markovits e Ian Ayres, “The U.S. is in a state of perpetual minority rule”, The Washington Post, 8 de noviembre de 2018.
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