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viernes 19 de abril de 2019

Rumbo a la urna electrónica

Fernando Díaz Naranjo*

En el ejercicio fiscal del año pasado (2018), el Instituto Nacional Electoral (INE) ejerció un presupuesto de 24 mil 215 millones 327 mil 986 pesos, aplicando una reducción de 800 millones de pesos que determinó la Cámara de Diputados al aprobar la Ley de Egresos de la Federación. De este monto, seis mil 788 millones 900 mil 016 pesos correspondieron al financiamiento público para el sostenimiento de actividades ordinarias permanentes, así como de actividades específicas de los partidos políticos nacionales.

La cifra parece exorbitante, pero suficiente para llevar a buen puerto los procesos electorales en nuestro país; por ello, vale la pena hacer un análisis, aunque sea superficial, de la necesidad de modernizar diversos procedimientos que la autoridad lleva a cabo tanto en la organización como en el desarrollo y operación de las elecciones.

Veamos algunos ejemplos de la elección registrada el año pasado, 2018. Este proceso electoral fue, sin lugar a dudas, muy complejo, toda vez que concurrieron con las elecciones federales, las locales en 30 de las 32 entidades federativas. Así, se disputaron 18,299 cargos; 629 federales y 17,670 locales.

Ello significó la instalación de poco más de 157 mil casillas para recibir la votación ciudadana de una lista nominal de casi 90 millones de electores, a lo largo y ancho del país, operadas por alrededor de un millón 400 mil ciudadanos que fungieron como funcionarios de casilla.

Tan solo en el nivel federal, donde se renovaron la Presidencia, los 500 diputados y los 128 escaños del Senado de la República, fue necesaria la impresión de más de 280 millones de boletas; más de un millón 200 mil actas de casilla, y más de ocho millones 400 mil documentos diversos.

Estas cifras nos permiten observar que debe existir un gran esfuerzo de planeación estratégica por parte de las autoridades electorales que permita contar, en tiempo y forma, con todos los insumos para el proceso electoral.

Ante este panorama, ¿no es tiempo ya de avanzar en la simplificación de los procesos y métodos electorales? Y lo principal, ¿no es momento de incursionar en el uso de la tecnología que permita, por ejemplo, recibir de manera electrónica la votación de los electores tanto de la República Mexicana como de los residentes en el extranjero?

La Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales dispone ya la posibilidad de votación electrónica para que el ciudadano emita su sufragio desde el exterior para presidente y para senadores, por lo que el INE ya integró una Comisión que analiza esta modalidad de votación con el objetivo de instrumentarla en la elección de 2024.

En el ámbito local, algunas entidades federativas han incursionado en dicho mecanismo, por ejemplo, el ahora Instituto Electoral de la Ciudad de México, que en 2012 permitió a los ciudadanos de esta ciudad capital votar en un sistema electrónico denominado Internet por Jefe de Gobierno.

En caso de que el INE instrumente dicho mecanismo de votación electrónica para 2024, sin duda habrá avanzado hacia la modernización y simplificación de diversos procedimientos en materia electoral, en beneficio de los propios ciudadanos.

Sin embargo, el universo potencial de electores se encuentra en territorio nacional, y es aquí donde se requiere avanzar con diversos esquemas, que señalo a continuación.

La utilización de urnas electrónicas

Coahuila es una de las entidades federativas pionera en la utilización de sistemas electrónicos de votación; dichos mecanismos se han utilizado gradualmente con efectos vinculantes en sus procesos electorales desde 2005.

Jalisco, por su parte, utilizó en la elección de 2009 urnas electrónicas en algunos municipios, con buenos resultados; los ciudadanos que utilizaron el mecanismo manifestaron un nivel de confianza arriba del 73 por ciento.

En la Ciudad de México, el otrora Instituto Electoral del Distrito Federal aprobó la utilización de urnas electrónicas en la elección de 2009. Se instalaron 40 urnas, a razón de una por cada distrito electoral local de los que existían entonces, con efectos vinculantes.  Los resultados fueron muy satisfactorios; incluso, en una de ellas se registró un medio de impugnación, lo que llevó al entonces Tribunal Electoral del Distrito Federal a conocer y resolver dicha votación electrónica a favor del resultado emitido.

Otros institutos electorales locales han tenido avances sobre el particular, y van desde investigaciones propias, pasando por ejercicios de participación ciudadana, hasta pruebas piloto en el día de la elección.

En este sentido, consideramos que tanto el Legislativo federal como el propio INE deben impulsar las reformas legales pertinentes para que la votación electrónica, de acuerdo con los resultados que eventualmente se vayan obteniendo, pueda incursionar en las elecciones constitucionales de nuestro país.

Por supuesto que la utilización de urnas electrónicas traería consigo una serie de ventajas, pero también posibles desventajas que apuntamos a continuación.

Ventajas en la utilización de urnas electrónicas:

  • Se simplificarían varios procedimientos, como la generación de boletas electorales virtuales.
  • Se reduciría el tiempo que un ciudadano tarda en emitir su sufragio.
  • Se evitarían múltiples errores aritméticos cometidos por el propio ciudadano por las complejas combinaciones entre coaliciones de alcance tanto federal como local.
  • El ciudadano podría confirmar su voto.
  • Se reduciría la carga de trabajo de los funcionarios de casilla. Incluso podría plantearse prescindir del escrutador, en razón de que el sistema integrado en la urna electrónica haría el escrutinio y cómputo de casilla prácticamente de forma inmediata, lo que reduciría el tiempo del cómputo mismo.
  • La utilización de urnas electrónicas podría alentar la participación de los jóvenes.
  • No sería necesario un Programa de Resultados Electorales Preliminares en un mediano plazo, en razón de que, si en su oportunidad todas las casillas llegaran a contar con urnas electrónicas, la emisión de sus cómputos sería prácticamente el cómputo final, salvo los medios de impugnación que fueran presentados.
  • Se reduciría considerablemente el tiempo para que el órgano electoral respectivo emitiera los resultados obtenidos en las urnas.
  • Los resultados que arrojara la urna electrónica, con la finalidad de evitar posibles intrusos o hackers, podrían no estar en línea, por lo que bien se podría contar con un dispositivo o memoria interna; los resultados serían transportados en un USB.
  • Se ahorrarían en un mediano plazo recursos financieros importantes para la autoridad electoral, lo que llevaría, paulatinamente, a reducir los costos de operación y logística de los institutos electorales, y se vería reflejado en la disminución gradual del presupuesto asignado. Un ejemplo es que no sería necesaria la impresión de millones de boletas electorales, así como de actas de escrutinio y cómputo o documentación auxiliar.
  • En la boleta virtual de la urna electrónica podría incluirse la fotografía de las y los candidatos.
  • Tanto la estructura como el sistema de operación de las urnas electrónicas podrían estar sujetos a un constante proceso de auditoría bajo la presencia de los representantes de los partidos políticos.
  • La urna electrónica no solo se utilizaría en una elección, sino que podría servir en varios procesos electorales, e incluso en los ejercicios de participación ciudadana que en ocasiones llevan a cabo los institutos electorales locales.
  • Las urnas electrónicas podrían usarse para la elección de las dirigencias de los partidos políticos que así lo solicitaran a la autoridad electoral federal.
  • La utilización de urnas electrónicas inhibiría prácticas fraudulentas.

Desventajas en la utilización de urnas electrónicas:

  • El factor desconfianza es su principal desventaja, luego de haberse utilizado durante tantos años un arcaico sistema de votación mediante papeletas y urna de plástico o cartón.
  • Algunos analistas señalan que la adquisición de urnas electrónicas podría traer como consecuencia el despido de trabajadores de los órganos electorales.
  • Los actores políticos han manifestado, por un lado, dudas respecto a si se garantizaría o no el secreto del voto, y por el otro, sobre si prevalecería el binomio un ciudadano, un voto.
  • La implementación de urnas electrónicas implicaría forzosamente diversas reformas a cargo del Legislativo, así que dependería de este dar el impulso o no hacia la votación electrónica.
  • Un último factor identificado sería la desconfianza misma del electorado en el sistema electrónico de registro de votos y la incertidumbre de este esquema de votación.

Consecuentemente, avanzar o no hacia la utilización de estos mecanismos de votación dependerá de ejercicios, pruebas piloto, la confianza de legisladores y actores políticos, y los resultados que arrojen las auditorías.

Sin embargo, hemos observado buenos resultados que no estaría de más que fueran analizados en beneficio de la población y con el objetivo de aplicar una política de austeridad a los altos costos de nuestra democracia.

Ahora bien, los órganos electorales podrían incursionar en otros rubros relacionados con la tecnología en los procesos electorales. Señalo algunos:

  1. La utilización de escáneres de lectura para documentación diversa. Esto controlaría el inventario de entradas y salidas.
  2. La implementación de lectores de código de barras que podrían usarse para la recepción de los paquetes electorales el día de la jornada de votación y así llevar un registro puntual de lo que ingresa en los consejos distritales.
  3. La utilización de sistemas informáticos para optimización de diversos procesos en materia electoral.

Como podemos observar, el uso responsable y profesional de la tecnología traería consigo muchos beneficios para nuestra democracia y potenciaría la participación ciudadana, lo que se traduciría en una mayor obligación de los políticos electos para con la ciudadanía.

* Analista político.
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