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Miércoles 18 de julio de 2018

Paz y democracia

Kofi Annan*

Queridos amigos, estoy extremadamente contento de poder reunirme el día de hoy con ustedes y también estoy muy contento, Lorenzo Córdova, de que te hayas tomado el tiempo para dar un par de palabras acerca de mí y presentarme correctamente, pues a veces voy a lugares y dicen: “Aquí está un señor que no necesita presentación”, y eso puede ser un gran error.

Déjenme contarles una historia real. Cuando fui secretario general de la ONU, mi esposa y yo decidimos que ya estábamos cansados después de diez años de esta actividad constante; entonces decidimos que nos íbamos a tomar tres meses de vacaciones y nos fuimos a un lugar en Italia junto al bosque, podíamos ir a caminar de manera incógnita, descansar y estar ahí con nosotros mismos.

Después de seis semanas me aburrí y le dije a mi esposa: “Regresemos a ver si podemos ver algo más”, caminamos, nos acercamos a una tienda y de repente cinco hombres se acercaron, uno de ellos se fue directamente hacia mí y le dije a mi esposa: “Nos quedan seis semanas para irnos, estábamos de incógnito y ahora ¿cómo vamos a manejar esta situación?”.

En ese momento este señor casi estaba encima de mí, colocó su mano, me dijo: “Buenas tardes, Morgan Freeman, ¿cómo está usted?”. Me pidió un autógrafo y le dije claro que sí. Le firmé K. Freeman. Se fue muy contento con su autógrafo. 

Mi esposa dijo: “Usted ya es un hombre libre, ya no está cargando a las Naciones Unidas y al mundo sobre sus espaldas”, y así pudimos seguir nuestras vacaciones.

Déjenme extender mi agradecimiento, mi aprecio a ustedes por mostrar este éxito de la Conferencia Regional sobre la Integridad Electoral que nuestras organizaciones realizaron aquí en México el año pasado […]

También es un privilegio estar aquí un poco antes de lo que entiendo será el proceso electoral democrático más grande en la historia de México. El 1° de julio, millones de electores emitirán sus votos en más de 155 mil casillas para elegir más de tres mil cargos públicos de nivel tanto federal como local.

Esta es una fantástica celebración de la democracia, y en tiempos de creciente cinismo hacia los valores democráticos, es una fuerte afirmación del deseo de los ciudadanos de una gobernanza democrática, por eso lo debemos celebrar. Sin embargo, no subestimo los retos a los que se enfrentan al administrar unas elecciones de esta magnitud; en la conferencia que celebramos en agosto del año pasado se resaltó el papel central que desempeñan los organismos electorales profesionales e independientes para llevar a cabo las elecciones con integridad. Ustedes tienen la doble responsabilidad de asegurar que las elecciones se lleven a cabo de tal forma que se garanticen tanto la legalidad como la legitimidad; en una era de escepticismo público y de noticias falsas, mantener la confianza del votante en el proceso electoral es un esfuerzo complicado y multifacético.

Esta mañana tuve la oportunidad de reunirme con los once miembros del Consejo General del INE para intercambiar puntos de vista sobre los retos de la integridad electoral; algunos de estos retos, en particular la seguridad, rebasan la competencia de la autoridad electoral y la responsabilidad de la atención, lo que involucra también a otras autoridades nacionales y locales, por ejemplo, aquí en México se tiene que contender con altos niveles de violencia y con el crimen organizado, lo cual afecta la vida de todos los ciudadanos, haya o no elecciones en el horizonte. Esto es justo lo que comentábamos esta mañana en la plática que tuvimos.

Como ustedes saben, docenas de políticos, candidatos, así como familiares de actores políticos, han sido blanco y algunos de ellos asesinados desde el inicio de esta campaña. Sin control, la violencia criminal plantea una seria amenaza a las instituciones democráticas y sin duda a la democracia misma. Las elecciones ordenadas son la mejor respuesta a la violencia, que busca privar a los ciudadanos de su derecho de elegir a sus líderes nacionales y locales libres de intimidación.

Las elecciones brindan un momento a los ciudadanos para unirse, debatir y decidir quién los va a liderar y con qué propósito, así como para renovar su compromiso con los ideales democráticos. 

El debate entre los ciudadanos y los líderes políticos es crucial para construir la confianza y la certidumbre en la elaboración de leyes y en su cumplimiento. Hago un reconocimiento al esfuerzo que han hecho para crear ese espacio para los debates, a pesar de las muchas dificultades a las que se han enfrentado.

Su trabajo es un claro testimonio de la destacada resiliencia y determinación del personal del ine y de más de un millón de ciudadanos voluntarios que apoyarán las elecciones el próximo 1o de julio.

Yo sigo siendo un creyente comprometido con el valor de la democracia como catalizador para una mejor gobernanza, una mayor seguridad y desarrollo humano. La expansión de la democracia ha sido una de las evoluciones más profundas y positivas de las cuales he sido testigo a lo largo de mi carrera; las personas alrededor del mundo aspiran a una mayor libertad y demandan una mayor participación política.

El impacto transformador de una gobernanza democrática es evidente, incluso cuando no siempre puede ser medido durante un ciclo electoral, el precio de la democracia y de la gobernabilidad democrática está constantemente bajo una vigilancia; los participantes en la conferencia del año pasado señalaron que, de acuerdo con el Latinobarómetro de 2016, el apoyo a la democracia en América Latina ha disminuido por quinto año consecutivo, particularmente aquí en México, mientras que alrededor de la región ha aumentado la indiferencia ante la democracia y el autoritarismo.

Me temo que esto también refleja las tendencias recientes en otras regiones; un creciente número de ciudadanos en democracias jóvenes y maduras da la democracia por sentada o duda de sus méritos. Existe la percepción de que la democracia no está dando resultados, lo que se refleja en niveles más bajos de participación electoral, decreciente membresía de los partidos políticos y la disminución en la confianza en los políticos y las instituciones, lo cual crea un terreno fértil para el ascenso de líderes autoritarios.

Hay una serie de razones detrás de este descontento democrático y del sentimiento de que la democracia ya no brinda a los ciudadanos una voz genuina en cómo son gobernados y por quién.

La primera razón es que los sistemas políticos no se han adaptado al desarrollo económico, lo que crea altos niveles de desigualdad y una creciente sensación de privación de los derechos económicos. La globalización ha traído consigo cambios increíbles; sin embargo, sus beneficios no han sido compartidos equitativamente. Tal como la riqueza, se concentran también el poder político y las influencias.

La historia nos enseña que tal desequilibrio entre los ámbitos económico, social y político no puede sostenerse por mucho tiempo; para que la democracia sea efectiva, tiene que ser incluyente.

En contraste, los regímenes autoritarios parecen ser capaces de actuar de manera rápida y decisiva, esto es atractivo para muchos, particularmente para aquellos que viven en la pobreza o en países que salen de un conflicto prolongado, que perciben el autoritarismo como la manera más rápida de ascender económicamente. Sin embargo, dicha estabilidad a menudo esconde profundas debilidades fundamentales, que eventualmente resultan insostenibles. No obstante, el atractivo del autoritarismo crece, y vemos entonces el populismo.

Se necesitan acciones urgentes para responder a estos retos, debemos abordar tanto la desigualdad económica como la política, y acercarnos a los grupos minoritarios y a los jóvenes, para lograr una democracia más incluyente.

Necesitamos hacer que los sistemas democráticos sean más efectivos y que respondan mejor a las necesidades de los ciudadanos promedio, y ante este creciente cinismo hacia la democracia no debemos ceder, sino debemos defender y abogar por los valores y las virtudes democráticas.

Existe otro desafío importante para la integridad electoral, el cual me gustaría mencionar hoy, pues es relativamente reciente. Las nuevas tecnologías de comunicación y las plataformas tienen un rol importante en nuestra vida cotidiana. La democracia se ha digitalizado cada vez más. Las primeras implicaciones de esta tendencia, en términos de emancipación, empoderamiento y educación, fueron recibidas con una ola de euforia y entusiasmo, que ha dado paso a profundas sospechas y preocupaciones.

Y para muchos surge la pregunta: ¿estos instrumentos son para emancipar o son para controlar?

Después de ser testigos de su impacto potencial, los regímenes autoritarios han buscado aprovecharse de la tecnología y de las redes sociales para negar los derechos políticos y oprimir a los ciudadanos en el país y en el extranjero. 

En estas democracias maduras, el abierto intercambio de ideas a través de las redes sociales se ha visto limitado por las cámaras de ecoideologías, que han aumentado los sesgos y han disminuido las oportunidades de tener un debate sano. 

Las revelaciones recientes han subrayado la vulnerabilidad de los votantes en la era del big data, y han dejado a muchos preguntándose si ahora la tecnología representa una amenaza para la democracia o si representa su salvación. 

Como muchos países, México ha estado enfrentándose también a estos problemas; desde el inicio del proceso electoral, las encuestas falsas, la información engañosa y los rumores han sido difundidos a través de los sistemas en línea por diferentes agitadores dentro y fuera del país; acusaciones y negaciones han aumentado la incertidumbre y la atención en las elecciones, quebrantando así la confianza en la información y en las instituciones y, finalmente, afectando a la democracia misma.

Leí con interés el resultado de la conferencia que el INE organizó con el Instituto Nacional Democrático el mes pasado, sobre cómo atacar la desinformación, y estoy convencido de los pasos que han tomado conjuntamente con los medios y con las plataformas tecnológicas para asegurar la información certera sobre el proceso electoral, y asegurarse de que llegue a los votantes. 

También reconozco los diferentes memorándums de cooperación que se han firmado con las principales plataformas de redes sociales, como Facebook, Twitter y Google, que cubren un gran rango de actividades y de enfoques innovadores para involucrar a los votantes en el proceso electoral y en las discusiones políticas. 

De hecho, Facebook me habló en California acerca de estas reuniones que tuvieron antes de que yo llegara acá, antes de que lo escuchara de ustedes; ellos se dieron cuenta de lo importante que es, se dan cuenta de la presión y de que ese contenido se tiene que mantener. 

Las iniciativas independientes, como Verificado 18, son de igual importancia. A pesar de estos esfuerzos, los gobiernos, los grupos de la sociedad civil y las empresas de tecnología están teniendo dificultades para mantener el paso, mientras que los contendientes políticos y los saboteadores buscan explotar las redes sociales para su propio beneficio. Y mientras que las democracias maduras suelen tener instituciones robustas, competentes y profesionales en las cuales confiar, imaginen la vulnerabilidad de países menos desarrollados, con instituciones y estados de derecho débiles, en donde los valores y los esfuerzos de la democracia reciente comienzan a echar raíz. 

En 2012 convoqué a la Comisión Global sobre Elecciones, Democracia y Seguridad, para identificar y abordar esos retos hacia la integridad de las elecciones y promover las elecciones legítimas. Pero las preocupaciones que acabo de mencionar no estaban en el radar de nadie, hace cinco años nadie pensaba en ellas, y eso demuestra qué tan lejos y qué tan rápido ha avanzado la tecnología, no solo la tecnología, sino también sus usos. 

Hablando acerca de la velocidad de la tecnología, déjenme comentarles, por ejemplo, que en 1989 cuando en China había un evento el gobierno cerró la información, la televisión, el radio, los periódicos, pero los alumnos mantenían comunicación entre ellos, entonces nos dimos cuenta de que ahí teníamos una evolución. Utilizaron los medios sociales y trajeron a todos a la plaza de Tiananmén, donde se generó esta revolución tecnológica. 

La tecnología nos hizo mover; entonces qué herramienta será la que tendremos en diez años, a través de los medios sociales, qué vamos tener, y si vamos a estar listos para trabajar con esto, para poder controlarlo, para regularlo, no lo sé. Simplemente estoy poniendo una realidad de la cual debemos tener una alerta, estar al tanto. 

Este año, entonces, tengo la intención de convocar a otro panel de expertos, ex líderes políticos y miembros de la comunidad tecnológica, así como de la sociedad civil, para considerar cómo es que las tecnologías digitales sí fortalecen pero también debilitan la integridad del entorno electoral. 

Entre las preguntas que les pediré que consideren, se encuentran cuáles son las oportunidades que les ofrecen las tecnologías digitales a los ciudadanos, especialmente a los jóvenes, para que se puedan involucrar en los procesos democráticos; cómo es que los gobiernos, las organizaciones de la sociedad civil, entre otras, pueden incrementar la transparencia y la rendición de cuentas con el uso de la tecnología en las elecciones; y cómo podemos proteger la integridad de la información en los procesos electorales. 

Mi objetivo es desarrollar y proponer recomendaciones de políticas que pueda llevar a cabo una variedad de las personas interesadas en el tema electoral. Estoy seguro de que tenemos que aprender mucho de la experiencia que ustedes tienen en esta área, y creo que están dispuestos a compartirla. 

Aludí anteriormente al papel que desempeñarán los ciudadanos voluntarios en las próximas elecciones en México, más de un millón de ciudadanos darán servicio en las casillas, contarán los votos y participarán en las misiones de observación electoral. 

Claramente, las aspiraciones ciudadanas para la gobernanza democrática y los valores democráticos de igualdad, inclusión, rendición de cuentas y transparencia permanecen más atractivos que nunca. Sin embargo, surgirán nuevos retos, nuevas tecnologías se inventarán, las comunidades evolucionarán y los países enteros y las regiones tendrán una dimensión diferente a través de diferentes eventos y, en ocasiones, acontecimientos globales que son imprevistos.

Entonces, la democracia, así como la sociedad en general, siempre será un trabajo continuo. Yo creo que la democracia seguirá siendo el sistema más adecuado para proteger y para garantizar la paz, el desarrollo, los derechos humanos y el estado de derecho.

Los organismos electorales aquí en México y alrededor del mundo son los garantes de la integridad electoral, que es la base de la democracia, pero no pueden tener éxito por sí mismos, solos. Los líderes políticos, la sociedad civil y la ciudadanía en general deben hacer su parte y ser fieles a los valores e ideales de la democracia. Gracias una vez más y acepten mis mejores deseos mientras se preparan para este gran desafío electoral que se avecina.

* Secretario general de las Naciones Unidas (1997-2006) y, junto a la ONU, Premio Nobel de la Paz 2001.
Versión de la conferencia magistral dada en el INE el 23 de mayo de 2018.
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