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lunes 22 de julio de 2019

Parlamento Europeo: fragmentación y renovación

Catalina López Portillo A.*

El enemigo por vencer era la apatía

En la cita quinquenal de los ciudadanos europeos con las urnas, celebrada entre el 23 y el 26 de mayo pasado, por primera vez en 20 años la participación electoral rompió su tendencia decreciente. Si en 2014, ya con 28 Estados miembros en la Unión Europea (ue), las elecciones para renovar la composición del Parlamento Europeo movilizaron a 43% del electorado, este año acudieron a votar 51% de los 426 millones de electores. La participación aumentó en 20 de los 28 países de la ue.1 La democracia europea dio un respiro general de alivio.

¿Qué explica ese renovado interés de la ciudadanía por lo que acontece en Bruselas, sede del Parlamento Europeo? ¿Quiénes ganaron, quiénes perdieron y quiénes sorprendieron en esas elecciones? ¿Qué implicación tendrán los resultados en el futuro del proyecto de integración continental, y en el lugar de la ue en el complejo escenario internacional del siglo XXI?

I. La casa de la democracia europea

El Parlamento Europeo es una de las tres instituciones-pilares sobre las que descansa la ue, la única directamente elegida por los ciudadanos. Por esta razón, se le conoce como la “casa de la democracia europea”. Más que una casa, diríamos que se trata de un laberíntico complejo habitacional: en sus salas de reunión proliferan usieres, asistentes parlamentarios, intérpretes y traductores que garantizan que el uso de los 24 idiomas oficiales no represente una barrera para el funcionamiento cotidiano del coloso. En sus pasillos, cafés y restaurantes, se recurre al inglés como lingua franca, a pesar de tener sede en dos países francófonos: Francia y Bélgica.

Segundo parlamento más grande del mundo con 751 miembros, el Parlamento Europeo ha incrementado sus poderes con cada nuevo Tratado de la ue. Aunque sigue careciendo de iniciativa legislativa propia, el Tratado de Lisboa, en vigor desde 2009, amplió las competencias del Parlamento Europeo en temas como agricultura y pesca, seguridad y justicia, al igual que política comercial, y le confirió el estatus de legislador en pie de igualdad con el Consejo Europeo.

El Parlamento Europeo es la caja de resonancia política de las preocupaciones nacionales, europeas e internacionales, de sus miembros, avivadas por un sinnúmero de cabilderos, diplomáticos y representantes de la sociedad civil que gravitan a su alrededor. De ahí que las elecciones europeas revistan particular relevancia para, en primera instancia, los miembros de la ue y, en segundo lugar, para los socios estratégicos del bloque comunitario europeo, como lo es México.

II. La UE, ¿un antídoto contra la incertidumbre?

Durante la campaña electoral, los candidatos, los líderes de sus partidos políticos y las autoridades europeas calificaron estos comicios de históricos, debido a la coincidencia de factores internos y externos de incertidumbre sobre el futuro del proyecto comunitario, llegando a amenazar la permanencia misma de la ue en el tablero internacional.

Por primera vez, las elecciones europeas coincidieron con el proceso de divorcio entre la ue y uno de sus miembros. Los efectos del espinoso proceso de salida del Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte, conocido como Brexit, se analizan más adelante, pero valga apuntar desde ahora que trajo intensos dolores de cabeza a los participantes en el  proceso electoral.

Aunado a lo anterior, si la ue solía erigirse como defensora de los derechos humanos en el mundo, en años recientes ha debido reconocer que esos mismos derechos humanos (los valores fundamentales en los que descansa la identidad europea) están siendo vulnerados por gobiernos conservadores en el interior de sus fronteras, que cuestionan la independencia del Poder Judicial, la lucha contra la corrupción, los derechos de las minorías y la libertad de la prensa, por ejemplo en Polonia y en Hungría.2

Fenómenos de carácter transcontinental, como la crisis migratoria en el Mar Mediterráneo, la lucha contra el cambio climático e incluso la divulgación de fake news en las redes sociales, se manifestaron con mayor flagrancia en los meses previos a las elecciones europeas de mayo, ofreciendo una esperada respuesta a la interrogante que más preocupa en Bruselas: ¿para qué sirve la Unión Europea?

Una respuesta complementaria surge de un contexto internacional cada vez más incierto para una Europa que poco a poco ve más disminuido su poder real en los campos militar, político y económico. Primero, la relación con la administración estadounidense se ha debilitado desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca debido al cuestionamiento del republicano al multilateralismo, al sistema de reglas comerciales internacionales, a la otan y a la salida de Estados Unidos tanto del Acuerdo de París sobre cambio climático como del acuerdo nuclear con Irán, por nombrar algunos temas de confrontación. Además de criticar la existencia misma de la ue, Trump ha apoyado directa o indirectamente a los políticos europeos que buscan debilitarla, como Nigel Farage en el Reino Unido y Victor Orban en Hungría; asimismo, en un acto preocupante de injerencia, Steve Bannon, exasesor de Trump, apoyó las campañas electorales de la extrema derecha europea.

Otro frente abierto para los europeos es la Rusia de Vladimir Putin, cada vez más asertiva en sus reclamos nacionalistas, sus vínculos con la extrema derecha, y sus posibles campañas de desinformación en internet. Como señalan resoluciones recientes del Parlamento Europeo, Rusia ha dejado de ser considerado por la ue como un socio estratégico.3 Finalmente, en un tibio esfuerzo por contener la fuerza económica de la aplanadora china, la ue ha respondido con la firma de acuerdos comerciales con Corea del Sur, Japón, Singapur y Vietnam.

Ante este escenario de preocupantes incertidumbres, y amparados en las lecciones que deja la Historia, resulta imperioso recordar la respuesta primordial a la siguiente pregunta: ¿para qué sirve la ue? Es, hoy y siempre, un proyecto de paz entre las naciones.4

III. Los resultados electorales

Recordemos que, a nivel europeo, los partidos políticos nacionales se agrupan por afinidad ideológica. La legislatura saliente contó con ocho grupos políticos. La proyección de escaños para la legislatura 2019-2024 elaborada por el Parlamento Europeo, que acompaña este artículo, muestra la repartición de escaños de esos mismos grupos.5 Salta a la vista que se trata de un parlamento fragmentado, pero donde el centro pro-europeo del espectro político (de S&D [Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas] a Los Verdes) conserva una mayoría frente a los extremos euroescépticos a izquierda y derecha. Por el momento, destacan cuatro factores que impactarán la vida parlamentaria europea:

  • El fin de la llamada “gran coalición” entre el grupo de centro-derecha o demócrata cristiana (ppe [Partido Popular Europeo]) y el grupo de centro-izquierda o socialdemocracia (S&D). Aunque se mantienen como la primera y la segunda fuerza respectivamente, por primera vez no reúnen los escaños suficientes (376) para tener mayoría, por lo que se verán obligados a trabajar con sus socios pro-europeos, a saber el grupo de los Liberales (alde [Alianza de los Liberales y Demócratas por Europa]) y Los Verdes.
  • Los ganadores de estas elecciones fueron: alde , que se benefició con la llegada de la delegación francesa de Emmanuel Macron y pasará a ser el tercer grupo más numeroso; el grupo de Los Verdes, gracias a la toma de conciencia de los electores sobre la urgencia de frenar los efectos del cambio climático en países grandes como Alemania y Francia, y el grupo de los populistas de extrema derecha, apoyados por el empuje del ministro del Interior italiano y líder de la Liga Norte, Matteo Salvini.
  • Aunque en las semanas previas a la elección abundaron las especulaciones sobre una posible “ola extremista” −alimentada por algunos gobernantes para incentivar la participación−, lo cierto es que los populistas fueron los más votados en Italia, donde Salvini afianzó su camino para convertirse en primer ministro; en Francia, donde se repitió como en 2014 el triunfo del partido de Marine Le Pen, y en el Reino Unido, donde el Partido del Brexit capitalizó de nueva cuenta el enojo contra laboristas y conservadores. En cambio, en varios países los partidos de extrema derecha lograron resultados menores que los pronosticados por los sondeos. Fue el caso del Partido Popular Danés, Amanecer Dorado en Grecia, Partido para la Libertad y Foro para la Democracia en los Países Bajos, el Partido de los Finlandeses, Alternativa para Alemania y Vox en España.
  • La nueva legislatura renovará a más de 65% de sus miembros; contará con representantes de partidos animalistas y piratas; la eurodiputada más joven, la socialista danesa Kira Peter-Hansen de 21 años, no había nacido cuando el diputado más veterano, Silvio Berlusconi de 82 años, ya gobernaba Italia. Berlusconi es uno de los seis ex primeros ministros que ocuparán un escaño en el próximo Parlamento Europeo.6 Casi 40% de los eurodiputados entrantes son mujeres.

IV. El reacomodo de fichas tras el Brexit

El proceso de salida del Reino Unido de la ue tuvo implicaciones notorias en las elecciones europeas, empezando por la más obvia: los británicos votaron el 23 de mayo, porque continúan dentro de la ue. A pesar de que el Parlamento Europeo tenía listo el escenario de repartición de los 73 escaños que corresponden al Reino Unido (tercer país más poblado de la ue), y que el propio gobierno de Theresa May buscó hasta el último momento la manera de no participar en los comicios, 36.9% del electorado británico acudió a las urnas7 para exigir un cambio de gobierno en Downing Street, más que para elegir a unos representantes que ocuparán sus escaños por tiempo limitado. El costo político y económico de las complicadas negociaciones del Brexit también pasó factura en el resto del continente. En efecto, si hace cinco años algunos partidos de extrema derecha alineaban sus mensajes para pedir la salida de sus Estados miembros del club comunitario o de la zona Euro, hoy reorientaron sus discursos hacia una recuperación de la soberanía y un retroceso del proyecto comunitario desde adentro.

La salida de los eurodiputados británicos desestabilizará la composición y la correlación de fuerzas entre los grupos en el interior del Parlamento, obligándolos a reacomodar a sus miembros para garantizar el cumplimiento de la regla de oro: contar por lo menos con 25 miembros de al menos siete nacionalidades. La paradoja del divorcio británico es que, al perder a uno de sus miembros más poderosos, la ue encontró la tan anhelada unidad política entre los 27 restantes.

En conclusión, las elecciones europeas de 2019 dejan tras de sí un respiro de alivio por el regreso de los ciudadanos a las urnas, pero también un tablero político interno más complejo en medio de arenas internacionales movedizas.

Desde hace algunos años, las democracias europeas se han visto sacudidas en las urnas. Sistemas políticos que parecían estables, donde dos partidos dominantes se alternaban ordenadamente el gobierno, han visto la irrupción de nuevas fuerzas políticas que reciben los apoyos de una ciudadanía cansada del “siempre lo mismo” y del “todos iguales”. Sucedió en Francia, con la llegada del centrista Emmanuel Macron al Palacio del Eliseo; sucedió en España, con la fragmentación política que ahora incluye a Ciudadanos en el centro, a Vox en la extrema derecha y a Podemos en la izquierda; sucedió en Italia, con la formación de un gobierno entre un partido antisistémico, el Movimiento 5 Estrellas, y uno de extrema derecha, la Liga Norte. La fragmentación paulatina se constata también en Alemania y en el Reino Unido, por nombrar a los más grandes.

Esta sacudida llega al Parlamento Europeo en 2019. Los dos grupos antaño dominantes, el Partido Popular Europeo (ppe) y el Grupo Socialista, se verán obligados a ceder puestos de poder (en particular las presidencias de las comisiones y de las delegaciones o grupos parlamentarios de amistad) y negociar con los Liberales y con Los Verdes para conformar una mayoría parlamentaria que les permita impulsar una agenda común pro-europea.

Por último, la fragmentación política surgida de las urnas tendrá seguramente efectos sobre los nombramientos más importantes en la ue, para reemplazar a los presidentes salientes del Parlamento, la Comisión y el Consejo Europeos (actualmente tres hombres del ppe),8 respetando en la medida de lo posible los equilibrios políticos, geográficos y la paridad de género. En las próximas semanas, la comidilla política europea vibrará al ritmo de las especulaciones sobre quién será la persona que responda al teléfono cuando el mundo llame a la ue. Por el momento, tranquiliza saber que está presente al otro lado de la línea.

* Internacionalista por El Colegio de México. Miembro del Servicio Exterior Mexicano.
1 Algunos datos de interés relativos a la participación electoral: 14 de los 28 países de la ue superaron la barra de 50% de participación; las tasas van de 89.6% en Bélgica a 20% en Eslovaquia. Cabe señalar que, al no existir un sistema electoral común, cada país fija sus reglas en términos del día de la elección, el umbral electoral, la edad mínima de elegibilidad de sus candidatos y la obligatoriedad de participar en los comicios. En cinco países (Bélgica, Bulgaria, Chipre, Grecia y Luxemburgo) el voto es obligatorio. Otra forma de incentivar la participación es combinar las elecciones europeas con las elecciones federales, regionales o locales. Fue el caso en Alemania, Bélgica, España, Grecia, Irlanda, Lituania y Malta.
2 La Comisión Europea y el Parlamento han amenazado con recurrir o han recurrido por primera vez a la activación del artículo 7 del Tratado de la ue. De acuerdo con eur-Lex, portal oficial de la ue para temas legislativos, <https://eur-lex.europa.eu>, ese
artículo contempla la posibilidad de suspender los derechos de los países miembros (por ejemplo, el derecho de voto en el Consejo) “si un país infringe de forma grave y persistente los principios en los que se basa la ue (libertad, democracia, respeto de los derechos humanos y las libertades fundamentales, y el Estado de Derecho). Con todo, las obligaciones de dicho país como miembro siguen siendo tales”.
3 “Resolución del Parlamento Europeo, del 12 de marzo de 2019, sobre la situación de las relaciones políticas entre la Unión Europea y Rusia”, disponible en <http://www.europarl.europa.eu>.
4 Sus efectos benéficos quedan patentes en los recientes avances de ingreso de los Balcanes occidentales a la ue, y la resolución de la disputa entre Grecia y Macedonia del Norte.
5 La organización exacta se conocerá hasta la primera sesión plenaria de la nueva legislatura, del 2 al 4 de julio, una vez que concluyan las negociaciones de formación de estas agrupaciones.
6 Los otros son: Alfred Sant, ex primer ministro de Malta; Jerzy Buzek y Beata Szydło, ex primeros ministros de Polonia; Guy Verhofstadt, ex primer ministro de Bélgica, y Taavi Roivas, ex primer ministro de Estonia.
7 Históricamente, los británicos han guardado sus distancias frente a la ue. La participación ha oscilado entre 24.0 y 38.5% del electorado. En 2014, la tasa de participación fue de 35.6% (cifras disponibles en la página “Resultados de las elecciones europeas 2019 del Parlamento Europeo”: <https://resultados-elecciones.eu>).
8 El próximo presidente del Parlamento Europeo, en sustitución del italiano Antonio Tajani, iniciará su mandato el 2 de julio en la primera sesión plenaria en Estrasburgo; el presidente de la Comisión Europea, en sustitución del luxemburgués Jean-Claude Juncker, y el nuevo Colegio de Comisarios tomarán sus funciones el 1°. de octubre; el nuevo presidente del Consejo Europeo, en sustitución del polaco Donald Tusk, iniciaría su mandato el 1°. de noviembre de este año.
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