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domingo 16 de junio de 2019

Lo digital es político

Claudia Calvin*

Lo digital es político. La brecha digital de género es una barrera para la participación de las mujeres en la política, en la toma de decisiones y en el diálogo por la democracia. Afecta la forma en la que pueden ejercer sus derechos, hacerse escuchar y hacer visibles sus necesidades, intereses, propuestas  e ideas, así como su involucramiento en la esfera pública.

Este texto busca reflexionar sobre el efecto que la brecha digital de género tiene en la participación política de las mujeres y en la necesidad de reconocer que internet es el ágora de nuestro tiempo, un foro central de debate, intercambio y acción política, así como destacar que su falta de participación en él es una forma de marginación.

Para explicar esta interrelación hablaremos de la intersección que existe entre tres agendas: la digital, la de género y la política. Es esa intersección la que explica por qué la falta de acceso de las mujeres a las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC) –e internet concretamente–, o la carencia de conocimiento y educación para su aprovechamiento afectan su nivel de participación política y la capacidad para hacer uso de su voz y ejercer su capacidad de agencia.1

Es necesario también explorar las particularidades de los contextos en los que se dan los procesos de apropiación tecnológica y educación digital, el significado de la brecha digital de género y los procesos institucionales, legislativos, electorales, partidistas, culturales y sociales en los que tiene lugar la participación política de las mujeres. Nos referiremos principalmente a las mujeres que intervienen en la política partidista, electoral y legislativo–parlamentaria, aunque muchas de las premisas impactan de la misma manera a las mujeres que ejercen su ciudadanía votando, incorporándose a la discusión pública, haciendo activismo desde la sociedad civil y a aquellas que lo hacen desde puestos de toma de decisiones, tanto en el sector público como en la iniciativa privada.

Género e internet van de la mano

En las últimas décadas se ha reconocido la estrecha relación que existe entre las agendas de género y la digital. Es en el ámbito de las relaciones internacionales2 en donde esta relación se ha visualizado y analizado con mayor claridad.

El artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, aprobada por la Asamblea General de Naciones Unidas de 1948, dice: “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”.

¿Qué sucede y qué implicaciones tiene que las mujeres hoy, en un mundo digitalizado y permeado por las TIC, no tengan acceso a la información que requieren ni a los medios para acceder a ella? ¿Cuál es la importancia de la educación digital en los procesos de participación, toma de decisiones e incidencia política? ¿Qué hace falta para que las mujeres puedan usar internet a favor de sus derechos políticos, derechos humanos y su derecho a la información? ¿De qué manera internet impacta la intervención de las mujeres en su comunidad, en su torno, en las decisiones que afectan su vida? ¿Cómo incide en su empoderamiento político y en la construcción de su liderazgo? ¿De qué forma afecta su capacidad de incidencia en el entorno en el que viven, y cuando lo hacen, cómo participan y qué uso hacen de él?

Se vive la paradoja de que internet,3 en el caso mexicano, es un derecho garantizado por la Constitución Política, y es a la vez la herramienta que posibilita el ejercicio de otros derechos y el desarrollo de actividades diversas que afectan el bienestar de la población y de las mujeres en particular. ¿Qué debe suceder para que puedan ejercer sus derechos políticos, intervenir en la arena pública y en el debate democrático que sucede tanto en internet como afuera de él y gracias a él? Estas preguntas nos permiten visualizar internet como herramienta de empoderamiento, transformación política, social y de desarrollo, y como espacio público en el que participa y está presente –o debería estar–  la mitad de la población: las mujeres.

De 1975 a la fecha –2019– podemos observar que en las conferencias mundiales sobre la mujer y en las de la Sociedad de la Información ha quedado plasmado el reconocimiento de que el acceso a las tic son vitales para el avance y desarrollo de las mujeres, y por ende, de la sociedad y los países.

Mencionaré los casos más emblemáticos para los fines de este texto: en la Plataforma de Acción de Beijing en 1995, en la cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, se señaló que los medios de información y las nuevas tecnologías eran centrales para lograr mayor igualdad, democracia y justicia social. Los gobiernos reconocieron la necesidad de incorporar a las mujeres en áreas estratégicas del conocimiento, como la tecnología y la innovación.

En las cumbres mundiales sobre la Sociedad de la Información4 en Ginebra (2003) y Túnez (2005) se habló de la importancia de garantizar que las oportunidades ofrecidas por las tic fueran en beneficio de todas las personas. En el Compromiso de Túnez5 se señala:

Reconocemos la existencia en la sociedad de una brecha entre los géneros que forma parte de la brecha digital, y reafirmamos nuestro compromiso con la promoción de la mujer y con una perspectiva de igualdad de género, a fin de que podamos superar esta brecha. Reconocemos además que la plena participación de las mujeres en la Sociedad de la Información es necesaria para garantizar la integración y el respeto de los derechos humanos dentro de la misma. Animamos a todas las partes interesadas a respaldar la participación de la mujer en los procesos de adopción de decisiones y a contribuir a la conformación de todas las esferas de la Sociedad de la Información a nivel internacional, regional y nacional.

En el Consenso de México (2004)6 de la Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), se planteó por vez primera en el marco de estas conferencias: “promover el acceso de todas las mujeres a las tecnologías de la información y la comunicación con miras tanto a erradicar la pobreza como a promover el desarrollo”. Desde esa fecha hasta 2012 las diversas conferencias y reuniones destacaron el papel de la tecnología en la participación de las mujeres en la política y en el desarrollo. La XII Conferencia Regional de 2013 estuvo dedicada a la autonomía de las mujeres en la economía digital y la Sociedad de la Información. El Consenso de Santo Domingo da cuenta de ello, y reconoce la importancia tanto de la educación digital para que las mujeres se incorporen de manera activa a los procesos de desarrollo, como de las TIC para su empoderamiento. Hoy, en 2019, sabemos que el tema llegó para quedarse.

Brecha digital de género

Empezaré este inciso con una cita de la experta María Elena Meneses: “La brecha digital no es sólo cuestión de conectividad, existen otras brechas menos susceptibles a la medición cuantitativa, como la del conocimiento y la participación democrática, que tienen un vínculo directo con la educación digital”.7

Las  preguntas obligadas son: ¿Para qué les sirve a las mujeres estar conectadas si las TIC no les permiten cambiar su entorno y modificar sus condiciones de vida de manera que puedan tener mayores posibilidades de desarrollo, aumentar el potencial de sus recursos y participar activamente en el debate público? ¿Qué debe suceder para que internet se convierta en un habilitador real del empoderamiento político de las mujeres y para que actúen en igualdad de circunstancias que los hombres en la arena política?

Las dos principales brechas que existen en los procesos de apropiación digital son:

La primera tiene que ver con el acceso y uso inicial de la tecnología, el acercamiento básico a la misma. Nos referimos aquí al acceso a internet en el hogar, la escuela, el uso de la telefonía celular. La mayoría de las políticas públicas se concentran en esta parte y dan por cumplida su misión cuando entregan, por ejemplo, una tableta a las niñas y a los niños en la escuela.

La segunda es principalmente cuantitativa y explora el uso que las mujeres y las niñas les dan a las tic e internet, el tiempo que invierten en ello y lo que hacen con la herramienta.

Esta última, tener acceso al recurso y no saber qué hacer con él, o saber –o no– que puede hacerse algo con ello, es la brecha más importante para los fines del análisis que aquí nos ocupa. Nos remite a las habilidades tecnológicas de las usuarias y la capacidad del entorno (político, social, familiar, educativo, económico) para generar condiciones que permitan aprovechar al máximo este recurso. Esto es lo que determinará el nivel8 de inclusión digital real de las mujeres y las niñas en su comunidad, en su estado, en su país, en el mundo.

Internet y la participación política de las mujeres

Hemos visto hasta el momento cómo en internet se desarrollan el debate político y la política, y cómo esta herramienta puede magnificar o minimizar la acción y participación de las mujeres en dicho ámbito.

Valdría la pena hacer una acotación importante aquí: “tener” herramientas digitales no expresa por sí mismo un grado de empoderamiento per se. Con el fin de “poder usar para”, es necesario no sólo trascender la brecha digital, sino pasar por un proceso de apropiación tecnológica y digital de las herramientas. Ese “para” es clave para considerar el alcance e impacto de las TIC en la participación política de las mujeres.

En el ámbito no digital es necesario comprender que las mujeres en este terreno, como líderes, candidatas, representantes y participantes de la esfera pública, se ven afectadas por los diferentes contextos en los que desarrollan sus actividades. Éstos son los partidos políticos, los congresos y parlamentos, medios de comunicación, instituciones a nivel local, regional, nacional e internacional. Además, hay que considerar las prácticas y procesos que nutren estos espacios: la selección de candidatas, el andamiaje político–electoral y legislativo, las leyes, la estructura y proceso de los partidos políticos, las reformas a favor de la igualdad sustantiva y la paridad, el acceso a recursos y financiamiento, la construcción de estereotipos de género que comunican los medios y que afectan también su participación en la arena política y la violencia, entre otros.

Como señalan Caminotti y Freidenberg,9 el camino a la igualdad no es lineal y las experiencias para promoverla dan cuenta, en América Latina al menos, de que también existen efectos no deseados que contrarrestan las acciones a favor. Internet, las redes sociales y otras herramientas digitales pueden permitirles a las mujeres defender y garantizar sus derechos políticos y saltar los obstáculos con los que el machismo institucional pavimenta el camino.

¿Cómo puede incidir internet? Hay muchas maneras, mencionaré dos ejemplos concretos.

  1. A través del acceso a la información y la transparencia, se pueden conocer los recursos y datos duros vinculados a las elecciones, a la igualdad de género y paridad, a la capacitación a las mujeres, a los procesos de toma de decisiones tanto en los congresos y parlamentos como en los partidos, que den cuenta de cómo se invierten los recursos, a dónde se destinan y cómo están participando las mujeres en ellos. Esta información es más clara y accesible a nivel nacional; a nivel regional y local se vuelve menos clara o inexistente. El acceso a la información es vital para saber del compromiso real de estos actores con la igualdad y para definir los pasos estratégicos que deben darse. Internet es un factor clave para lograr esto.
  2. Para conectarse con la ciudadanía, el electorado, con otras compañeras y aliadas. A través de las redes sociales y mensajería instantánea, por ejemplo, las mujeres políticas pueden establecer contacto con sus colegas legisladoras o con sus pares en otros países, regiones o estados, tejiendo alianzas, difundiendo y recibiendo información a la que de otra manera, o por las vías tradicionales, no tendrían acceso o les llegaría tarde. De la misma forma, pueden, a través de diversas plataformas digitales y redes sociales, comunicarse y comunicar a sus audiencias relevantes lo que están haciendo, preguntarles sobre el estado o situación en sus comunidades e informarles de las actividades que están llevando a cabo.

Asimismo, mediante la mensajería instantánea pueden comunicarse con sus colegas en el parlamento o congreso para tomar decisiones en conjunto en el momento en el que hay que decidir votos o promover acciones clave que afectan sus intereses o derechos. Cuando la premura del tiempo obliga a decidir, la pertenencia y participación en un chat o grupo estratégico es vital.

Si entendemos de qué manera está constituido y funciona el andamiaje político, institucional político–electoral y legislativo nacional, local e internacional, podemos comprender el impacto que las herramientas digitales pueden tener para darle visibilidad a la voz de las mujeres, conectarlas y trascender los obstáculos legales, no legales y cotidianos, que afectan su participación, presencia, visibilidad y liderazgo.

Reflexiones finales

En la actualidad, es necesario comprender que la brecha digital de género tiene implicaciones en la participación política de las mujeres y que la marginación y analfabetismo digital representan una forma de marginación política.

Internet no es sólo un derecho: es una herramienta que permite fortalecer la democracia, siendo habilitadora de la paridad y la igualdad sustantiva, garantizando la articulación de procesos inclusivos, así como haciendo que se fortalezca la toma de decisiones en el gobierno a través de la participación de las mujeres.

Las herramientas digitales posibilitan que las mujeres –cuyas voces usualmente no son escuchadas por los canales tradicionales–, a quienes los partidos normalmente invisibilizan y mitigan recursos, sean vistas y den a conocer sus propuestas, ideas, acciones, trabajo y compromisos. Les permiten también actuar mediante alianzas, y en tiempo real cuando es necesario. Es una forma de igualar el piso disparejo en el que participan y generar condiciones de mayor igualdad y equidad.

Las diversas plataformas digitales que existen –como los blogs– y las redes sociales, pueden ser un contrapeso al silencio y a la falta de cobertura, por parte de los medios tradicionales, a las campañas10 de las mujeres y a sus actividades y acciones en el gobierno o en los congresos. Ellas pueden crear sus propios contenidos y darlos a conocer a los grupos que necesitan saber de ellos, sin tener que esperar el financiamiento de sus partidos o que las áreas de comunicación decidan dar noticia de sus labores,11 previa aprobación de las cúpulas partidistas, normalmente a cargo de hombres.

Se ha presentado un panorama general de la temática planteada por la intersección entre las agendas política, digital y de género. Existen otras perspectivas de análisis y abordajes de la cuestión, pero es necesario reconocer la importancia que explorarla y profundizar en su contenido tiene para la democracia, la participación y empoderamiento político de las mujeres.

* Fundadora de la comunidad de blogueras Mujeres Construyendo.
1 Se entiende aquí como agencia de las mujeres la capacidad para hacer y desarrollar sus habilidades en la toma de decisiones y aprovechar oportunidades que les permitan mejorar sus vidas y las condiciones del entorno en el que viven. Esta óptica se ha tomado del informe del Banco Mundial: Jeni Klugman et al. (2014), Voice and agency: Empowering girls and women for shared prosperity, en <http://www.worldbank.org/en/topic/gender/publication/voice-and-agency-empowering-women-and-girls-for-shared-prosperity>.
2 Claudia Calvin Venero (2014), “Mujeres y TIC, un binomio imprescindible en las relaciones internacionales”, en Foreign Affairs Latinoamérica, vol. 14, núm. 1, enero–marzo.
3 A partir de la Reforma en Telecomunicaciones promulgada en 2013, la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos reconoce este derecho para todas las mexicanas y mexicanos. Se considera un habilitador de otros derechos fundamentales, como el derecho a la información, a la privacidad y el de acceso a las Tecnologías de la Información y de la Comunicación (TIC), a los servicios de radiodifusión y telecomunicaciones, véase en <https://www.gob.mx/gobmx/articulos/en-mexico-el-acceso-a-internet-es-un-derecho-constitucional>, consultado el 6 de mayo de 2019.
4 Véase <https://www.itu.int/net/wsis/index-es.html>.
5Consúltese<https://www.itu.int/net/wsis/docs2/tunis/off/7-es.html>.
6En<https://www.cepal.org/mujer/noticias/paginas/1/27331/Consenso_Mx.pdf>.
7 María Elena Meneses Rocha (2015), “Redes sociales virtuales: potencial democratizador y herramientas de vigilancia”, en Winocur y Sánchez (coords), Redes sociodigitales en México, México: CFE, p. 41. (Nota: La querida María Elena murió hace un año y quiero decir que su perspectiva de las cosas hace mucha falta en estos tiempos y en relación con estos asuntos. QEPD.)
8 “Existen indicadores de que el desarrollo en las tecnologías de la información no ha beneficiado a las mujeres en igual medida que a los hombres. En los países en vías de desarrollo son menos las mujeres que tienen posibilidad y capacidad de manejar las tecnologías de la información. Las mujeres tienen menos acceso a la propia tecnología (en términos tanto del hardware como de capacidad de conexión) y menos oportunidad para aprender a utilizar estas tecnologías. Además, son discriminadas en cuanto al contenido, en cuanto a las barreras culturales y sociales de dicho acceso, en cuanto a los recursos financieros para obtener el acceso y en cuanto al tiempo para aprender y usar la tecnología. Además, las mujeres están infrarreprensentadas o incluso ausentes en los puestos de toma de decisión relacionados con las tecnologías de la información a nivel político, así como a nivel empresarial”. En Amelia Rodríguez Contreras, “Género y TIC. Hacia un nuevo modelo más equilibrado o la Sociedad de la Información a dos velocidades”, en <www.portalcomunicacio.com/download/52.pdf>.
9 Mariana Caminotti y Flavia Freidenberg (2018), “Reformas electorales inclusivas en América Latina y retos para la igualdad real de las mujeres en la política”, en Flavia Freidenberg, Mariana Caminotti, Betilde Muñoz–Pogossian y Tomás Dosek (eds.), Mujeres en la política. Experiencias nacionales y subnacionales en América Latina, México: Instituto Electoral de la Ciudad de México / UNAM, Instituto de Investigaciones Jurídicas, pp.7-32.
10 Ibidem, p. 24.
11 Women in Parliament Global Forum, Shorenstein Center on Meida, Politics and Public Policy de la Kennedy School Harvard, Facebook (2016), Social Media: Advancing Women in Politics?, October, en <http://www.w20-germany.org/fileadmin/user_upload/documents/WIP-Harvard-Facebook-Study_Oct2016.pdf>.
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