You dont have javascript enabled! Please download Google Chrome!
Miércoles 18 de julio de 2018

Las encuestas electorales, ¿informan  o desinforman?

Gabriela Warkentin (moderadora): En la medida en que se acerca la elección del 1º de julio, el tema de las encuestas es fuerte; si se meten a redes sociales verán cómo el día de hoy están nuevamente incendiadas por la encuesta de Reforma. Creo que vale la pena detenernos a preguntar si las encuestas informan, no informan, desinforman, qué se hace con las encuestas, qué hacemos con ellas nosotros como ciudadanos y como medios también, cómo las presentamos y demás. Sin más, arrancamos con Claudio Flores.

Claudio Flores (vicepresidente de Lexia Insights & Solutions): Lo que estamos viendo hoy es un diálogo muy fértil entre el gremio y la autoridad electoral, eso me encanta porque creo que todos salimos ganando.

Para empezar, me gustaría hacer una presentación del contexto en que las encuestas se consumen, se viralizan, se comparten y se rechazan o aceptan. Las encuestas son un concepto heterogéneo que engloba distintas metodologías, distintos ejercicios; y las hay buenas y malas. No podemos poner a todas en el mismo saco. 

Segundo asunto, las noticias falsas son un negocio multimillonario. De repente parece que las encuestas y noticias falsas que circulan las hacen unos chavitos traviesos, pero no es así, son criminales organizados. La principal herramienta con la que se mueven estas noticias falsas son nuestros propios prejuicios, nuestras propias filias y fobias. ¿Por qué se catalizan así los prejuicios? Porque básicamente compartimos antes de ponernos a pensar qué estamos compartiendo. Las fake news sirven para confundir, eso hace que las encuestas sean también una manera de noticias falsas. Caen en un contexto donde estamos creyendo lo que queremos, lo que nos emociona, lo que nos concede el privilegio de tener la razón. A la audiencia, entonces, le resulta más atractivo compartir noticias que coincidan con su punto de vista, que noticias verdaderas. 

Ya viene el Mundial y en 30 días tenemos la elección. Me gustaría hacer un pequeño ejercicio a mano alzada, para ver quiénes creen ustedes que puede ganar […] Si yo les dijera que en una encuesta realizada en México la mayoría coincide en que el ganador de la Copa del Mundo va a ser Alemania, ¿ese ejercicio sería representativo con base en lo que hicimos aquí? No. Si extrapolo los resultados de este auditorio al país, no es representativo, ¿por qué?, porque no todos los mexicanos y las mexicanas tuvieron la misma probabilidad de estar en esta sala y ser encuestados.

Eso es un poco lo que pasa con las diferencias entre las encuestas, digamos, falsas, las erróneas y también las mal hechas –que son dos cosas distintas, de las cuales voy a hablar en un momento.

¿Qué nos pasa? Si alguien aquí cree que Alemania va a ganar, muy probablemente creerá el resultado de la encuesta que así lo diga. Compartimos lo que creemos, lo que coincide con nuestro punto de vista, lo que confirma nuestra visión de la realidad.

Además, estamos encerrados en cámaras de eco. A la hora de hacer nuestra curaduría, el timeline de nuestras redes sociales, de lo que consumimos, lo que estamos haciendo es encerrarnos en una serie de verdades que son aquellas en las que creemos, pero no son las de todos los demás, hay muchas verdades. Esto explica en parte el fenómeno de polarización que estamos viendo en el país. Usualmente rechazamos y eliminamos de nuestro timeline aquel contenido que nos choca, que nos molesta o que va en contra de nuestro punto de vista.

Este contexto me parece muy importante para entender lo que está pasando con la proliferación de seudoencuestas, que es como las voy a llamar para diferenciarlas de las encuestas.

Me parece que las seudoencuestas se dividen en dos grandes tipos: encuestas que están simplemente mal hechas o que pretenden representar a México pero con ejercicios muestrales que no logran representarlo en términos científicos o técnicos, y ejercicios que no son encuestas, sino propaganda manipulada. No sé cuántas veces al mes Roy Campos tiene que salir a desmentir en algún estado o municipio porque se usa el logo de Consulta Mitofsky para validar una encuesta que no lo es.

Las encuestas mal hechas parten de muestras no representativas del país, por ejemplo las llamadas “robopolls”, masificadas, telefónicas. Hoy estamos viendo en nuestro gremio la emergencia de esta que es una metodología vieja, desgastada, pero más allá de eso, su grave problema es que no logra constituir una muestra representativa de la ciudadanía que va a votar. ¿Cuál es el problema? Primer problema, muestral, la baja penetración de la telefonía en México; segundo, tiene una tasa de rechazo de más del 90 por ciento, personas que cuelgan el teléfono. Entonces, no puede conseguir una muestra que represente nada ni a nadie.

Las seudoencuestas ensucian la narrativa de una elección. Las encuestas son una parte importantísima de esa narrativa y, evidentemente, las encuestas falsas o seudoencuestas están generando ruido en este proceso.

Gabriela Warkentin: Me quedo con lo que dices al final Claudio, que las encuestas falsas ensucian el momento, en este caso, el electoral. Creo, y lo hemos platicado con frecuencia con varios de los que están aquí, que también como consumidores es muy difícil saber todo esto. Sobre todo, porque empiezan a circular cada vez más y con mucha velocidad, y de repente es muy difícil no solo identificar cuando es una encuesta falsa como esas de las que Roy Campos tiene que salir a desmarcarse, ahí por lo menos tenemos a alguien como Roy que puede salir y decir: “Oigan, esta no es nuestra”, aunque de todos modos va a circular y quien así lo quiera la va a usar para los fines que sea. 

Pero de estas otras que mencionas ahora, las de las llamadas telefónicas, se vuelve muy difícil saber en qué momento son ciertas o no, para el ciudadano común que no tiene toda esta información. Creo que eso es un trabajo de pedagogía pública que tendríamos que tener mucho más claro cómo hacerlo. Vamos ahora con Jorge Alcocer.

Jorge Alcocer V. (director de la revista Voz y Voto): Déjenme empezar diciéndoles que allá por septiembre del año pasado, leí una encuesta que decía que Margarita Zavala estaba por encima de Andrés Manuel López Obrador en intención de voto. Ahora me pregunto dónde quedó tanto apoyo a la aspirante que hace unos meses aparecía en las encuestas en el número uno; renunció a su candidatura porque, si mal no recuerdo, andaba arañando el uno por ciento. Entonces, algo no está funcionando.

Segundo asunto que viene de inmediato a la cabeza al oír a Claudio Flores. Creo que vamos a tener que crear la Fiscalía Especial para Delitos de Encuestadores, porque ¿quién me defiende a mí como lector de encuestas?

En fin ¿quién nos va a decir cuál es la encuesta buena? El gremio ha guardado silencio. Siempre discutimos si había que meter regulación desde fuera y la opinión de la AMAI1 siempre fue que no, que cuanto menos se metiera la autoridad, mejor para el gremio encuestador, pero eso suponía una responsabilidad del gremio. ¿Dónde quedó la AMAI, dónde quedaron las asociaciones que ayudaran a disciplinar a quienes están haciendo negocio con trampa, y no de ahora?

Antes les llamábamos encuestas patito, ahora les llaman fake news. Yo prefiero llamarlas patito, encuestas chafas que siguen circulando y nadie dice nada. 

¿O vamos a tener que darle al ine una nueva atribución para que regule a los encuestadores? Me parece que sería indeseable.

Entro a otro punto. A Roy Campos le he escuchado decir que ni modo que todas las encuestas estén equivocadas. Me atrevo, Roy, a poner la hipótesis contraria: ¿qué tal si todas las encuestas están mal?, ¿qué vamos a hacer?

En este caso, abro tres escenarios que creo que tenemos enfrente para la noche del 1° de julio.

Primer escenario, al que llamo “El picnic”: a las doce de la noche o más tarde el consejero presidente del INE informa, en radio y televisión nacional, que el ganador de la elección es el que dicen las encuestas, ya saben quién, y que gana con el margen más amplio que le otorgaban. Eso es un día de campo, de aquí nos vamos a la playa y nos vemos en septiembre, como decía la canción. Es el escenario idóneo. Se habrá cumplido lo que en nuestro medio se llama la ley Dong Nguyen, por el vietnamita amigo de México, que es muy sencilla: el mejor resultado para la autoridad electoral es que gane la oposición y que gane con mucho. Si eso se cumple, a la autoridad electoral la sacan en hombros de la plaza y todos le aplauden.

Segundo escenario, lo llamo “Gané, pero me hicieron fraude”. ¿Qué quiere decir? Que si gana ya saben quién, pero no por muchos votos, ¿qué van a decir sus seguidores? Desde ahora estoy oyendo a varios de ellos en las mesas redondas, en radio, en televisión, “Ahí viene el fraude, van a hacer fraude”. O sea, si las encuestas no se actualizan con ese margen y ese resultado, habrá habido fraude, aunque haya ganado. Vaya escenario bizarro el que tendríamos.

Y el tercer escenario, “Las puertas del infierno”, consiste en que no ganó ya saben quién y dios nos agarre confesados, porque va a soltar al tigre.

Vamos a necesitar una enorme dosis de seriedad y responsabilidad. Hay que volver a decir que en democracia la certidumbre está en el actuar de la autoridad electoral y la incertidumbre debe estar en los resultados, así que este arroz no se ha cocido, aunque haya quien diga que tan solo insinuar el tercer escenario es casi cometer pecado mortal y que para ellos este arroz ya se coció. Como lo acaba de decir con todo desparpajo uno de los voceros de Morena en una mesa redonda en radio: discutir si López Obrador puede perder es lo más antidemocrático que hay. Yo pensé “Ah caray, a qué mundo hemos llegado y qué enorme responsabilidad de los encuestadores, que han contribuido a este mundo”.

Gabriela Warkentin: Lo que estás diciendo Jorge, ¿quién me defiende?, creo que es una parte fundamental: quién defiende al consumidor, al lector, cómo puedo saber que lo que estoy consumiendo está bien o no. Lo decía hace rato, me pueden decir que las encuestas en que te llaman por teléfono no son las correctas, bueno, pero de allí a que yo sepa todo eso, ya circularon, ya se usaron. Luego, ¿por qué tendría yo que entender cómo se va transformando esto, y que no haya una instancia que en un momento dado pueda dar certeza en un tema tan importante? Vamos ahora con Roy Campos. 

Roy Campos (presidente de Consulta Mitofsky): Primero voy a contestar, no me aguanto las ganas. Jorge, el gremio sí ha reaccionado, pero criticando y poniendo énfasis en los métodos, no en las marcas de las trampas, porque creemos que lo que tenemos que destruir es el método chafa, no la marca chafa. Si nos refiriéramos a la marca, simplemente sería hacerle publicidad, y destruirla, pero aparecería otra. Así como en su momento atacamos las encuestas en la calle y ahora ya no se hacen, ahora atacamos y hemos estado insistentes en los métodos chafas que se están utilizando. Sí hemos reaccionado.

A Claudio nada más una corrección en términos estadísticos: algunos todavía utilizan el criterio de que todo el universo tenga la misma probabilidad de ser encuestado, así lo dicen en la metodología; ese es un criterio ochentero, de cuando se procesaba con bicolores, hoy hay computadoras.

Bueno, la pregunta de para qué sirven las encuestas no es nueva, nos la han hecho desde 1994, nos falta María de las Heras, que en paz descanse, que también estaba en todos estos foros, pero lo que sí ha cambiado es el entorno, tenemos una mucho mejor ley, hecha con el esfuerzo de muchos de los que están aquí, entre ellos Jorge Alcocer.

Mejor ley, mejores encuestas buenas, y también peores encuestas malas, o sea, si hay encuestas malas, las hay peores. Antes hablábamos de encuestas patito o encuestas fantasma, pero no tenían tanto impacto; de repente en 2012 se repartían por correo electrónico marcas chafas. Hoy no circulan por correo electrónico. Lo que ha cambiado es el entorno, recibimos encuestas en el celular, las retransmitimos y se hacen virales. Es impresionante, así circulan las encuestas chafa y no hay regulación posible, no se pueden regular la comunicación privada ni internet.

Entonces, a pesar de que hay mejor ley, las encuestas chafas han penetrado por una vía que no se puede legislar. El problema real en este caso no es la autoridad, que está aplicando bien la ley, ni los encuestadores buenos, que estamos haciendo encuestas como sabemos, sino los políticos. Los políticos hoy ya no contratan investigación, les importa poco la investigación; contratan gráficas, el cartelón que van a llevar al debate de la televisión para mostrar cómo van, para motivar a sus votantes. Ya no les importa si el método es bueno o malo; usan gráficas para decir “Es que yo tengo otra información y aquí voy cerrado y aquí ya empaté…”.

El día de hoy, junto con la del Reforma se publica otra encuesta donde Meade ya va en segundo lugar, a dos puntos de López Obrador… Lo que quieren es ir a los debates y cuando les digan cómo van, puedan responder “Yo tengo otra información”, así que en el mismo programa vemos tres gráficas con tres cosas distintas, el método no importa y a sus simpatizantes les importa poco el método.

Una vez que el político las usa, ¿cómo hacer con el único seguro que teníamos los encuestadores, que era el filtro del medio, que les daba cabida solo a las encuestas buenas? ¿Cómo hacer para que el medio no le dé cabida si el político trae una gráfica y dice la marca y le hace publicidad? Eso hace que esa marca pueda vender sus encuestas chafas en cada distrito, en cada municipio, porque le contratan gráfica y es muy barato hacerla, mucho más barato que sacar gente a la calle, que hacer trabajo de campo. Mientras nosotros tenemos un costo alto, para ellos todo es utilidad, y el político dice “Me sale más barato tener una gráfica”. El gremio de encuestadores se ha portado bien, se ha negado a servir de propaganda para los políticos, y como el gremio de las encuestas buenas se ha negado, han utilizado las encuestas malas. Los políticos son los usuarios de esa información y la están usando en un ámbito que está destruyendo a la investigación.

Hemos hablado aquí de para qué sirven las encuestas, siempre decimos que sirven para todo menos para pronosticar, sirven para contar una crónica, para apostar, para invertir, para entender a México, para diseñar una estrategia, todo excepto pronosticar. Pero ¿qué hacer como gremio ante estos políticos cuando el argumento de venta de un “encuestador” es “yo le atino”?

Para el medio puede ser muy atractivo, pero entonces la pregunta a los medios es, ¿qué quieren, un encuestador que le atine o uno que les cuente muy bien la crónica de la campaña, que les diga cuándo sube, cuándo baja, cuánto le costó el debate a un candidato, cuánto le costó este error, este escándalo?

Al final, estas encuestas chafas, aunque nos hayan contado una historia totalmente falsa, hicieron su negocio inventando datos, vendiendo falsedades y “le atinan”. Repito algo que he dicho muchas veces: una encuesta se evalúa por su método, por estar bien hecha, no por su resultado. El resultado sigue siendo probabilístico, producto del azar, si la muestra te tocó buena, si entraste en los periodos, en el segmento de confianza. Esto está en la probabilidad.

Gabriela Warkentin: Gracias Roy, lo que planteas tiene que ver también con una posibilidad de entender el producto e irlo procesando. Creo que se ha abusado un poco en los medios de los debates o encuentros entre representantes, los candidatos cada vez tienen que sacar más cosas y más cosas y más, en discusiones de botepronto.

Pero yo diría que no da tiempo, no solo para hacer las encuestas sino para procesarlas, es decir, leerlas, entender esto que tú dices: son una crónica. Me imagino que muchos dirán “Para qué quiero la crónica, yo lo que quiero es que me digas qué va a pasar”. Me parece que los medios también tendríamos que hacer una autocrítica muy fuerte ya no de cuáles encuestas estamos dando por válidas, sino cómo las estamos leyendo y difundiendo. Vamos con Jorge Buendía.

Jorge Buendía (director de Buendía y Laredo): El título de esta mesa es muy provocador, “¿Informan o desinforman las encuestas?”. Imaginémonos un proceso electoral sin encuestas, supongamos este de 2018. ¿Qué es lo primero que haríamos? Irnos a los datos históricos; primero, cuál es el partido en el poder, el PRI, en 2012 tuvo 39 por ciento de los votos; en 2015 el PRI con el Verde, 35 por ciento de los votos. Si no tuviéramos encuestas, lo que estaríamos diciendo hoy basados en lo histórico es que José Antonio Meade tiene una alta probabilidad de ir en primer lugar.

En el caso de Andrés Manuel López Obrador, tuvo 36 por ciento en 2006, 32 por ciento en 2012, seguramente habría quien viera una tendencia en estas dos observaciones y dijera que si su votación cayó de la primera elección a la segunda, pues de la segunda a la tercera probablemente vaya a sacar como 28 por ciento. Si a eso le suman que Morena solo obtuvo ocho por ciento de los votos en 2015, la película que tendríamos sin encuestas hoy sería probablemente que Meade va en primer lugar.

Para el segundo lugar la incógnita sería entre el Frente o Andrés Manuel López Obrador, probablemente a este último lo mandaríamos al tercero por el ocho por ciento de Morena en 2015 y su tendencia a la baja. El Frente, diríamos, tiene al PAN, al PRD y a Movimiento Ciudadano, que en 2015 sumaron cerca de 38 por ciento de los votos.

Así, tendríamos una película muy distinta de la que nos están ofreciendo las encuestas el día de hoy, y eso hay que tenerlo en cuenta. Las encuestas ayudan mucho para entender el impacto de circunstancias diferentes; esto es particularmente relevante en sistemas presidenciales, donde cada vez que aparece un candidato, mueve los patrones de votación históricos, siempre se transforman. No nos vayamos tan lejos, no es lo mismo el PRD con López Obrador en 2006, que sin él en la boleta ahora. Con los candidatos se mueven mucho las preferencias electorales, y ahí son particularmente relevantes las encuestas para entender las nuevas tendencias. Por otro lado, el dato histórico pasa a un segundo plano, no quiere decir que no lo tomemos en cuenta, simplemente tiene sus limitaciones.

Las encuestas nos ayudan a entender muchas cosas; también, esto nos lleva al tema que ya planteaban, que es la relación con los medios de comunicación. Recuerdo hace varios años, en una cena en homenaje a Warren Mitofsky, a unos pocos meses de su muerte, estaba David Brower, un periodista muy famoso en los Estados Unidos, que decía que Warren le había enseñado una cosa, que era la cobertura electoral a través de la perspectiva ciudadana. Es decir, qué es lo que quieren los votantes, cuáles son sus demandas, cuáles son sus prioridades.

En México seguimos en la carrera de caballos. Los medios de comunicación, si quieren ustedes también las empresas encuestadoras, quedamos a deber en términos de ofrecer información de cómo se ve la elección desde el punto de vista de los ciudadanos; prácticamente no tenemos esta visión. Hay estudios cualitativos que salen en algún medio, pero en realidad estamos viendo la elección a través de la carrera de caballos, estamos dejando de lado una de las principales razones por las cuales las encuestas son fundamentales en un proceso electoral.

Hay otro tema: ¿es función de las encuestas informar a la ciudadanía o ese papel les corresponde a los medios de comunicación? Porque en realidad la desinformación o la confusión que puedan generar las encuestas tiene más que ver con el hecho de que los medios de comunicación no son filtros de información verídica generada a través de encuestas. Creo que aquí el error es que no se trata a la encuesta como un producto más de investigación periodística, cuando sí lo es, por lo tanto, debiera regirse por los mismos principios, verificar que cumple ciertos procedimientos, que está bien hecho. Aquí los medios nos quedan a deber, porque no es responsabilidad de las empresas encuestadoras lo que se publica en los medios; muchas veces, en esta guerra de carteles, como mencionaba Roy, lo que hace algún partido político o algún gobierno es que, a través de los convenios que tienen con los medios de comunicación, les mandan una encuesta y sale publicada en alguna página interior, a veces hasta en primera plana, y a partir de ahí le dan vuelo en redes o ya está legitimada para que aparezca en las mesas de debate.

Son los medios de comunicación los que permiten que esto ocurra, y aquí otro de los problemas es que no tenemos, por llamarla así, una esfera pública del electorado. Somos muy pocos los que estamos en el debate de las cosas electorales, sigue haciendo falta en los medios de comunicación quien analice, quien interprete los resultados. Muchas veces son los mismos encuestadores los que lo hacen, cuando no debiera ser una función del encuestador andar en ronda de medios –y aquí Roy me va a matar porque es como pez en el agua en los medios–. Pero no es una tarea que nos corresponda a los encuestadores, la hacemos, pero básicamente por default, porque en los medios de comunicación no existen esos expertos electorales que se encarguen de traducir la información de las encuestas.

A los mismos actores políticos les gusta generar confusión, derivada de los resultados de las encuestas. Esta obviamente es la estrategia que sigue cualquiera que va en un segundo o en un lejano tercer lugar: “Las encuestas no sirven”.

¿Qué pasa cuando hay una encuesta falsa o mal hecha? Si un medio de comunicación no la reporta, probablemente no pase nada. De hecho, en Oraculus no incluimos algunas encuestas, aunque después nos reclamen, porque a todas luces parecen encuestas patito, no reúnen los requisitos metodológicos o son de empresas de campo que nunca habían aparecido en los medios, y cuando uno revisa la metodología que registran en el INE, se da cuenta de que la copiaron de otra empresa. Así, parte de la tarea de Oraculus es ser un filtro de en qué encuestas confiar y en cuáles no confiar. Pero es un papel que tienen que hacer todos los medios. Nosotros podemos dar la batalla, pero no tenemos ni el altavoz ni la repercusión de un medio de comunicación.

Preguntaba Jorge Alcocer “¿Y si todas las encuestas están mal?”. Bueno, si el error es aleatorio, que unas digan que va más arriba López Obrador y otras que va más abajo, aunque todas las encuestas estén mal, el promedio va a estar bien. Ese es uno de los elementos centrales de la medición. De ahí también la importancia de los agregadores de encuestas.

Lo anterior me lleva a otro punto. Como industria hemos aprendido mucho en los últimos años, desde la elección de 2006 y en particular la de 2012. Recordarán que, como sociedad, cuando veíamos las encuestas en 2006 con dos puntos de ventaja para López Obrador, todo mundo ya daba una certeza de que él ganaría. Creo que hoy, cuando vemos una diferencia de dos puntos, todos decimos: “Está muy cerrada, no se puede saber qué va a pasar”. Eso también forma parte del aprendizaje que hemos tenido como lectores de encuestas.

Un último punto, que es una demanda ciudadana y del mercado: la predicción. A Roy le gusta mucho decir que las encuestas son fotografías, pero en realidad nos contratan para decir quién va a ganar y por cuánto. Para eso nos están pagando, no para dar la fotografía y explicar lo que pasó. Aquí hay que tomar en cuenta todo lo que ha cambiado la estadística en los últimos cinco, seis años; muchos de los modelos estadísticos que se están desarrollando son modelos de predicción.

Ha habido un gran desarrollo de la estadística en términos de modelos de predicción, y creo que no perdemos nada, incluso ganamos mucho, si los incorporamos en la estimación; además, esa es la demanda del mercado. La fotografía es un argumento que podemos manejar pero que no nos lleva muy lejos. Concuerdo con Roy, tenemos que fijarnos en la metodología, no en atinarle, pero ya existen metodologías para hacer predicciones y una parte fundamental de toda metodología es que sea replicable; eso es lo que hace la diferencia con estas seudoempresas encuestadoras que simplemente dicen “Yo le atiné” sin tener detrás un método científico, replicable, que las avale.

Gabriela Warkentin: Les pediría una segunda ronda muy rápida, para luego entrar a las preguntas que nos han llegado.

Claudio Flores: ¿Cómo es el gremio de encuestadores y de investigadores de mercados en México? Yo veo que somos un gremio que nos preocupamos, que estamos haciendo cambios, discutiendo metodologías, enfrentando problemas comunes a cualquier persona que habita el espacio público. Los que usamos el espacio público en este país estamos en riesgo, vivimos en un contexto de violencia, inseguridad, al cual nuestros encuestadores no son ajenos.

Nuestro gremio está tratando de hacer las cosas cada vez mejor, yo no veo que ante estos fenómenos simplemente se quede quieto. Hemos organizado muchísimos eventos tanto en AMAC como en CEDE,2 probablemente CEDE con una preocupación mucho más puntual en lo político-electoral, aunque solo una parte de las encuestas que hacemos son político-electorales, la gran mayoría es de productos, de servicios, de satisfacción, de evaluación de marcas, etc., y es un gran volumen.

Segundo asunto, las encuestas político-electorales usualmente las evaluamos por una o dos preguntas que son las que salen publicadas; son la punta del iceberg, porque una encuesta tiene muchas más preguntas y nos estamos concentrando en la carrera de caballos, en una parte mínima del trabajo demoscópico.

Jorge Alcocer V.: Primero una pregunta a mi tocayo Jorge Buendía. No entendí eso de que si todas las encuestas llegan a estar mal, el promedio estará bien. ¿Cómo es eso, la suma de errores en el promedio me da un acierto?

Luego, encuestas y políticos, bien decía María de las Heras –Roy se va a acordar, nos lo dijo la última vez que estuvimos en Voz y Voto: solo hay algo peor que una encuesta chafa, un político chafa que paga por una encuesta con un resultado que lo favorezca y luego se la cree.

Veo con sorpresa que a alguien que hace una encuesta en Facebook le dan el mismo trato que a los encuestadores que las hacen con seriedad y representatividad, con el valor que el gremio acepta como tal.

Las encuestas no son pronósticos, dice Roy, yo me quiero quedar con esa visión, porque si tomo la de Jorge Buendía, que dice “Nos pagan para decir quién va a ganar”, de inmediato me surge la terrible duda de si en este gremio no estará imperando la Ley de Herodes, que dice “El que paga manda”. Eso sería gravísimo, creo que debemos desterrar la idea de que las encuestas son el Oráculo de Delfos. Sabemos que el público en general las va a evaluar a partir de cuál le atinó. Eso significa que hay un enorme desconocimiento de cómo se hacen y para qué sirven las encuestas; parece un juego de dardos en que cada cual lanza el suyo y a ver quién le atina al centro.

En ese terreno todavía tenemos mucho que avanzar, sin desconocer lo que hemos logrado tanto el gremio como los interesados en este asunto. Para no irme más atrás, se acaba de decir “imaginemos un mundo sin encuestas”, pues algunos de nosotros lo vivimos, por ejemplo en 1988, pero no quiero traer aquí los fantasmas del pasado, no se nos vaya a caer el sistema.

Roy Campos: Primero, de las cosas buenas que hemos visto en este año es la aparición de agregadores serios, ya se hacían promedios, alguien les decía “encuesta de encuestas”, pero ahora son agregadores serios y les voy a decir por qué serios: porque tienen método y filtro. Ya lo mencionaba Jorge Buendía, ya hay filtro, Oraculus es un buen ejemplo, creo que es el mejor agregador que existe; el otro es de cede, dos agregadores en donde hay filtro, sacan la basura y meten lo que se deba meter, y hay método. Esa es la parte buena.

Si a alguien me cuesta cuestionar en el gremio es a Jorge Buendía, porque para mí es el mejor investigador en México. Pero cuando él afirma que nos contratan para decir quién va a ganar, no puedo estar de acuerdo; a mí me contratan para decir cómo está la preferencia electoral. ¿Para qué sirve la campaña si me van a contratar hoy para decir quién va a ganar? Me hubieran contratado en diciembre. ¿Para qué les daríamos tanto dinero a los partidos si ya desde febrero les hicieron la encuesta para decirles quién va a ganar? Es absurdo.

A mí me contratan para decir cómo está la preferencia electoral. Hay métodos predictivos, donde las encuestas son solamente un elemento: es la encuesta y, con ella, la tendencia, más el dinero y los spots que tienen los partidos, sus estrategas, lo que sea, entonces puedo hacer algún método predictivo, pero ¿la encuesta es la predictiva? No.

Bien, de Jorge Alcocer, dos cosas. Cuando habla de una Fiscalía Especial para Delitos de Encuestadores, no está tan mala la idea. Y por otro lado, cómo saber si es buena o mala una encuesta, pregunta Jorge, o dónde está la defensa. Yo diría que no en la autoridad electoral.

Y, por último, la pregunta que hace Alcocer de qué pasa si todas las encuestas están mal, yo le digo respecto a qué, ¿respecto a la realidad? Jorge Buendía tiene razón, al final los sesgos se compensan y en el promedio las encuestas podrían estar bien. Pero si la pregunta es si todas las encuestas se equivocan respecto al resultado, entonces también les estás dando un carácter predictivo que no tienen, si se equivocan respecto a resultados es porque el votante puede votar como quiera y puede ser distinto a lo que medimos, porque medimos a la población, no al votante.

Habría problema si la equivocada fuera la encuesta de salida, donde sí es el votante en el momento de votar; ya no hay campaña, es el votante. Insisto, que la encuesta falle respecto al resultado, es porque encuesta y voto no son lo mismo.

Gabriela Warkentin: Gracias Roy. Además de que coincido en que es muy bueno un ejercicio como el de Oraculus, yo agregaría que en estas elecciones estamos viendo que hay mejores traductores, incluso de la academia; lo digo porque puedes ser muy bueno para hacer una investigación pero no necesariamente para contarla. Hoy sí nos hemos encontrado con mejores traductores o divulgadores de las universidades y de los medios de comunicación que, con paciencia y con peras y manzanas, han sabido traducirlo. Ahora sí Jorge, que te han tocado varias.

Jorge Buendía: Tiene razón Roy cuando responde a mi provocación diciendo que no siempre nos contratan para decir quién va a ganar, pero en las últimas semanas del proceso electoral y obviamente para encuestas de salida, sí nos contratan primordialmente para saber quién va a ganar. Seis meses antes, sin lugar a dudas no.

Ahora, el tema de predicción hay que ponerlo en contexto, es la prueba de fuego de toda encuesta, ¿por qué?, porque una parte del origen y utilidad de las encuestas es que las utilizamos para no hacer un censo, incluso hay cosas que solamente se pueden averiguar con encuestas, como la aprobación al presidente. No tenemos forma de verificar quién está bien y quién está mal en el dato de aprobación presidencial.

En la parte de compararnos con los resultados finales, tenemos un benchmarking muy alto, las empresas de marketing no tienen benchmarking, es decir, contra quiénes las comparen. ¿Harán bien o mal las cosas? No lo sabemos.

Las empresas que nos dedicamos a la parte electoral sí tenemos este requisito adicional, que es verificar que haya una relación entre nuestra medición y la realidad, una realidad que incluye complicaciones adicionales no solo en términos de anticipar el resultado de una elección, sino también estimar la composición del electorado.

Entonces, yo sí pondría la predicción como la prueba de fuego, creo que todos debemos aspirar a pasar esa prueba y, en el proceso, nos va a hacer mejores encuestadores.

Roy Campos: Ah bueno, imagínate que el resultado final de la elección es 50 por ciento para López Obrador y solo tuvimos dos encuestas, una le dio 60 por ciento y la otra, 40 por ciento. Las dos se desvían diez puntos del resultado final, pero si las promedias, 60 más 40 entre dos da 50. Aquí el elemento clave es la aleatoriedad, que haya una que sobrerrepresente y una que subrepresente, y a la hora que promedies, el resultado sea el sucedido.

Gabriela Warkentin: Les voy a leer varias preguntas y luego vamos a una ronda de conclusiones. Arrancaría con las que tienen que ver con metodología, hay muchas sobre cómo se hacen las encuestas. Por ejemplo, nos preguntan si representa la misma información una encuesta en zona urbana que una encuesta en zona rural. Otra similar dice: ¿en todos los estados de la República obtienen muestras para las encuestas o sobre qué áreas del territorio nacional obtienen esas muestras? No sé si quieres empezar, Roy.

Roy Campos: El muestreo es contraintuitivo, pero entiendo el sentido de la pregunta: que si hago una encuesta en la Ciudad de México dividiendo al país. No. Una encuesta de la Ciudad de México interpreta a toda la Ciudad de México.

Para que entiendan el método de muestreo, básicamente piensen en esto. No tomamos ciudades, estados ni colonias. ¿Cuántas secciones hay en el país? 150 mil en números redondos. Hagan de cuenta que las 150 mil secciones se meten en una lista y las ordenamos con algún criterio, por tamaño, por participación, por lo que sea, ahí están las urbanas y rurales. Y si hay 25 por ciento rurales, ahí hay 25 rurales. Y si hay un porcentaje del estado de México, ahí está. De esas decidimos tomar, ¿cuántas? Vamos a tomar cien secciones, y entonces hacemos un muestreo en donde sistemáticamente de un primer segmento agarramos una y luego nos vamos a la otra, y a la otra, y a la otra. Ahí terminamos. Tomando cien secciones, ¿de dónde?, pues de donde caigan. Si no hay nadie de mi colonia, es que no cayó mi sección en la muestra, ni modo, pero todas las secciones tenían probabilidad de estar. 

Lo que le da certeza al muestreo es que en esa lista no me falte ninguna sección, que todas estén ahí. Eso se llama tener un marco excluyente y exhaustivo. Todo mexicano vive en una sección y solo en una. Eso es exhaustivo y es excluyente, nadie puede ser seleccionado más de una vez y todos tiene una probabilidad de ser seleccionados.

Cuando nos piden que digamos dónde levantamos la muestra, la respuesta es en donde el muestreo nos dijo que la levantáramos. De hecho, el principal reclamo es: “A mí nunca me han preguntado”. Aprovecho aquí: levante la mano quien haya sido encuestado… ¿Ya vieron cómo sí hay muchos? Pero si alguien tiene duda, vaya con sus vecinos y encontrará a los que les preguntan; sí existen los encuestados, no son como Dios, que nadie lo ve.

Si ustedes creen que su opinión es distinta a la de todos y nadie les ha preguntado, no importa que les pregunten, su registro va a ser 0.0000001, no va a aparecer en las encuestas, o sea, son bien distintos a todos. Pero si creen que mucha gente piensa como ustedes, no se preocupen, algún encuestado va a contestar como ustedes y ahí estarán representados. Entonces, están siendo encuestados aunque nadie les pregunte, porque alguien está opinando por ustedes; ese es el muestreo, es fácil entenderlo así.

Gabriela Warkentin: Algunas preguntas se refieren a la tasa de rechazo, no necesariamente indecisos y demás, sino el rechazo a la respuesta. Claudio Flores explicaba que en las encuestas telefónicas, esas que son de grabaciones, hay un rechazo muy amplio, pero también lo hay a ciertas preguntas. Si cada vez menos gente quiere contestar, ¿no tendría que ser el muestreo más amplio, o cómo compensarlo?

Jorge Buendía: Hay diferentes tipos de tasa de rechazo, o como se dice en inglés non-response, no respuesta. Puede ser que una vivienda que haya sido seleccionada no nos abra, que nadie esté en la casa, en consecuencia, no podemos encuestar ahí, o también que nos abran y nos digan que no nos dan la entrevista. Ese es un tipo de rechazo.

Después tenemos el caso de que, una vez que ya seleccionamos al entrevistado, simplemente nos diga que no quiere darnos la entrevista.

Aunque han aumentado los porcentajes de no respuesta o tasa de rechazo, eso no quiere decir que la encuesta esté mal. ¿Por qué? Porque la tasa de respuesta afecta los resultados de la encuesta si está correlacionada con lo que queremos medir. El caso más claro es que si yo estoy haciendo una encuesta de preferencia electoral y los simpatizantes del PRI o de López Obrador no me quieren contestar por las razones que ustedes quieran, pues naturalmente eso sí me va a afectar. Pero si no está correlacionada la tasa de no respuesta con lo que quiero medir, no tenemos que asumir que una tasa de rechazo más alta haga que una encuesta sea peor que otra.

Adicionalmente, y aquí vinculo con la parte de la muestra, en México tenemos muy buenos marcos muestrales; gracias tanto al INE como al INEGI tenemos estadísticas que nos permiten ajustar las encuestas que realizamos. Algo que por lo general se olvida es que el INE ha hecho un trabajo extraordinario dándonos la estadística censal de quiénes votan y quiénes no votan, perfil por género, edad y tipo de sección. Por eso podemos ajustar las encuestas. Adicionalmente, tenemos datos de INEGI, así que podemos ajustar por educación, por ocupación… datos que no hay en otros países.

Gabriela Warkentin: Nos preguntan cuál es el objetivo de las encuestas si no sirven para pronosticar escenarios y mejorar la toma de decisiones de actores políticos y ciudadanos.

Roy Campos: Estás diciendo dos cosas distintas a la vez. Las encuestas sí sirven para ajustar y para la toma de decisiones, no para pronosticar.

Todo lo que están haciendo en campaña los candidatos, lo basan en su investigación de encuestas, todo. ¿Por qué Andrés Manuel no se pelea? Si fuera en tercer lugar, lo veríamos peleándose con todos, pero como se sabe arriba, pues amor y paz. ¿Por qué la pelea por el segundo lugar entre Anaya y Meade, y por qué El Bronco disruptivo? Porque saben cómo van en las encuestas.

Entonces, ¿para qué les sirven? Para diseñar estrategias de campaña, de comunicación. Les sirven a los apostadores. La academia está contando la crónica de los mexicanos, que desean el cambio, que están enojados, ¿de dónde la sacan? De las encuestas. Cuando me pregunten ¿para qué sirven?, quítenle la palabra “pronosticar” e inventen todo lo que quieran, sirven para todo menos para pronosticar. Entonces, la pregunta no es para qué sirven, sino para qué no sirven las encuestas.

Jorge Alcocer V.: Yo quisiera hacer una sugerencia, no sé si se puede llamar de método o de presentación; los encuestadores no se ponen de acuerdo en una forma de presentar los resultados que sea entendible para el común de los mortales, porque entre preferencia bruta y preferencia efectiva, las encuestas generan un debate innecesario.

Hoy ya escuchamos comparaciones con la que se publica en el diario Reforma, porque da 52 por ciento a López Obrador y todos dicen que hay otra que nomás da 36. Sucede que la que da 36 por ciento trae preferencia bruta, y la otra trae preferencia efectiva.

Otra cosa, un eterno debate con ustedes: la asignación o no de los indecisos. Las vitrinas de lo metodológico, además de que siempre son la letra chiquita, nadie las entiende.

Gabriela Warkentin: Las siguientes preguntas tienen que ver con las diferencias tan grandes entre una encuesta y otra. Aquí hay quien dice, “Yo leo la metodología y no entiendo absolutamente nada, a veces lo tengo que buscar en otro lado, pero además no tendría por qué entenderla si yo estoy básicamente consumiendo una materia”. Las encuestas se vuelven el centro del debate cuando el centro del debate tendría que ser otro, ya fueran las propuestas o las campañas.

Claudio Flores: Hacer encuestas es un ejercicio muy sofisticado. Imagínense que es una interacción entre dos personas: una toca la puerta de una casa de una manzana seleccionada con criterios estadísticos para generar este sentido de aleatoriedad, no puedes sustituirla, si le tocó a la casa número 933, no puedes decidir irte a la 935 porque se ve más bonita. Una vez que llega el encuestador y toca, puede pasar lo que nos acaba de contar Jorge Buendía, es decir, no abren la puerta; pero también puede ser que abra la señora, que la agarramos en plenas faenas domésticas, y nos diga “No, no, gracias, ahorita no”. Otra es que la señora nos contesta, amablemente nos hace pasar, a veces nos quedamos en el portal de su casa, y resulta que empezamos a preguntar y en el minuto 33 del cuestionario nos dice: “Oiga joven, dejé los frijoles en la lumbre y con permiso”, y se baja de la encuesta. Todo eso es no respuesta.

Un segundo asunto es que el fraseo de las preguntas afecta, así como la secuencia, dónde coloco la pregunta de por quién va a votar usted.

Sobre la longitud del cuestionario, doy un ejemplo. Hace algunos años Ricardo Barrueta hizo un ejercicio, en aquel momento en Millward Brown, y a partir del minuto 27 de la entrevista la gente empezaba a inventar nombres de candidatos; incluso él se puso en la lista y empezó a ver un porcentaje de encuestados que decía que votaría por Ricardo Barrueta. Es decir, es una herramienta delicada que necesita ser utilizada de manera muy profesional. Tienes que tener muy profesionalizado al personal. El personal que levanta las encuestas debe tener mejores condiciones laborales, es algo por lo que estamos luchando en el gremio, pero también tenemos que exigirles a las autoridades que no nos pase lo del año pasado en Puebla, donde los encuestadores fueron linchados. Todo esto afecta y produce variaciones entre encuestas.

Gabriela Warkentin: Suena bien, pero vuelvo a lo mismo, la persona que ve la encuesta ¿por qué tendría que saber todo esto, entender por qué alguien tiene a un candidato en 52 por ciento y el otro en 36? Otra vez me pongo del lado de quien consume la encuesta, no de quien la contrata.

Roy Campos: Hace rato les dije las cosas buenas que aparecieron, Oraculus, por ejemplo, CEDE… y cosas malas que aparecieron, estos estimadores de indecisos. Seguramente ustedes hace tiempo vieron el estudio de Santander, que decía errores metodológicos de las encuestas; circuló tanto, al grado de que Santander salió a desmentirlo. Imagínense nada más lo que decían: 75 por ciento contesta por quién va votar, entonces este 25 por ciento se va a comportar así. El absurdo supuesto ahí es que va a votar el cien por ciento, de verdad qué absurdo.

Coincido con Jorge Alcocer. No nos hemos puesto de acuerdo en años porque algunos somos de los que nos gusta la preferencia bruta: así nos contestó la gente, ese porcentaje nos dijo por este partido y reportamos lo que nos contestó tal cual. Y al porcentaje que no nos quiso contestar le ponemos “no contestó”. Afortunadamente, los encuestadores ya hemos evitado la palabra “indecisos”; el primero que la utilizó le hizo un gran daño al análisis político, pero ya la hemos evitado y algunos somos amantes de poner “así nos contestó la gente y así va la preferencia”. Sin embargo, otros tratan de decir “así quedaría la elección”, y entonces ponen los efectivos. Es una forma de distribuir. Ulises Beltrán hace un ejercicio más sofisticado que simplemente quitar; modela y asigna probabilidades de voto, y da un modelo para una posible estimación de la elección.

¿Nos ponemos de acuerdo? No sé. Yo presentaba preferencia bruta y se me echaban encima sobre todo los simpatizantes de Morena, porque yo decía: “Andrés Manuel tiene 34 por ciento”. Y los simpatizantes: “Estás quitándole votos, ya vamos en 47 por ciento”. Sí, pero lo mío es preferencia bruta y las otras son efectivas. Entonces, en el último reporte puse arriba la bruta y abajo la efectiva, y que agarren la que les guste.

Jorge Buendía: En parte no nos ponemos de acuerdo porque creo que el principal reto que tenemos en México son quienes no nos dan una respuesta a la pregunta de preferencia. Los porcentajes son altísimos comparados con otros países, por un lado, y después tenemos muchas variaciones entre las empresas. El promedio anda alrededor de 20 por ciento, pero tenemos casos que tienen 13 por ciento y otros 38 por ciento.

Entonces, aun si se reportara la preferencia bruta, los porcentajes para los partidos serían muy diferentes. Lo ideal sería que todos hiciéramos un modelo de imputación de quienes no nos dan la respuesta de preferencia electoral, pero eso es más complicado porque tendríamos que tener un modelo más o menos similar para que el resultado fuera parecido, y aquí cada quien mata pulgas a su manera.

A mí en lo particular no me gusta dar un dato de preferencia efectiva eliminando a aquellos que no declaran preferencia, particularmente cuando estamos muy alejados o al principio de las campañas, por una simple razón: lo que hemos observado en muchos casos, cuando se hacen, por ejemplo, conglomerados de secciones opositoras al PRI, en aquellas secciones que son principalmente de oposición al PRI hay un porcentaje mayor de personas que no declaran preferencia; pero sí vemos que el porcentaje de los priístas que siempre votan en esa sección nos está dando preferencia, porque el PRI tiene un componente de su voto que son siempre los que votan por el mismo partido. ¿Esto qué significa? Que si en esas secciones opositoras hago preferencia efectiva, resulta que el PRI trae el doble de votación que en el día mismo de la elección. Entonces, lo que acabo haciendo es sobrerrepresentar al PRI. Esto también puede explicar por qué siempre encontramos que el PRI va bajando conforme transcurre la campaña, pero en parte puede ser resultado simplemente de usar preferencia efectiva.

Prefiero dejar los datos tal cual y que se vea el cambio a lo largo del tiempo, porque también ocurre que a veces un partido pierde simpatías que se van hacia la no respuesta o hacia quienes no declaran. 

Gabriela Warkentin: Varias preguntas piden algo muy básico para alguien que no tiene idea de las encuestas, como cuáles son las características mínimas que debe tener su método.

Roy Campos: Es muy difícil, porque el que es capaz de engañar con una gráfica también te engaña con una metodología. Como decía Jorge Buendía, hay quien simplemente copia la metodología de otra empresa, entonces ustedes le van a creer porque la metodología que reporta está bien padre, y hasta la hace más complicada, le pone una fórmula, le inventa un apellido.

La credibilidad de una encuesta es como la de una noticia, ¿cómo saben si es cierta o no? Lo primero que ustedes ven es si el medio, el periodista, el columnista que la publica es serio, es decir, el prestigio acumulado y la credibilidad están ligados ahí. Por otro lado, si ustedes ven una noticia en un blog inventado, empiezan a dudar, pues hasta el nombre raro tiene.

Las encuestas son igual, créanles a las que están preocupadas por conservar un prestigio, ahí está la credibilidad, porque hay un prestigio que se expone como encuestador. La credibilidad no está en la metodología, que también se puede inventar, está en la reputación del que pone su nombre y su marca en la encuesta.

Jorge Buendía: También es cierto que muchas veces detectamos las encuestas falsas porque no saben calcular el margen de error. Algunos hasta son malos copiando, por darles una anécdota: Reforma hace un año, año y medio, empezó a poner que el método de selección era bietápico; prácticamente nadie había usado ese término y, a partir de ahí, en diferentes reportes de encuestas aparece que el método de selección es bietápico.

Gabriela Warkentin: Bien, ¿qué significa bietápico?

Jorge Buendía: Que seleccionas en dos etapas. Primero seleccionas secciones, después manzanas, después hogares, y dentro del hogar, que sería polietápico. Pero lo que quería es ejemplificar cómo una casa encuestadora o un medio utiliza un término y a partir de ahí muchos empiezan a repetirlo sin saber ni qué es eso.

Creo que nos están haciendo una pregunta importantísima: ¿Cómo le hago para ver si una encuesta es buena y confío en ella o no?

Uno, la marca. La nuestra es una industria de reputación, ya lo decía Roy, si no tienes una reputación que perder, hay poco que perder. ¿Qué nos pasa en cada periodo electoral? Surgen muchas casas encuestadoras que por ahí del 3 de julio ya no existen, es decir, unos días después de la elección desaparecen.

Y dos, me parece que sí hay que recurrir a estos esfuerzos de poll of polls que presentan con un filtro cuáles son las encuestas buenas.

Gabriela Warkentin: Jorge Alcocer, llamó mucho la atención lo que decías de quién defiende a quien consume. Entre otras, se pregunta si habría necesidad de generar una campaña de conciencia para que sepamos cómo lidiar con las encuestas. Te piden una reflexión.

Jorge Alcocer V.: Esa pregunta me la estoy haciendo desde hace 30 años y todavía no encuentro la respuesta, pero sé que lo mejor es que en foros como este discutamos lo que hacen los que sí dan la cara. Me atrevo a lanzar esta hipótesis: a la enorme mayoría de los electores las encuestas no les importa o se entera de ellas marginalmente.

Pero Roy dice una gran verdad, y creo que Buendía y Flores están de acuerdo: hay encuestadores que tienen un prestigio que cuidar, una fama pública que defender; a esos hay que tenerles respeto, y si se equivocaron en su metodología habrá que preguntarles qué pasó. 

Termino con otra ilustración de los problemas de la metodología. Hoy recibí una encuesta de Reforma en mi celular, no acostumbro circular esas encuestas, más bien nunca lo hago. Me llegó la encuesta de algo que se llama Pop, como Tutsi Pop, leí su metodología y fíjense lo que precisa: que él sí hace encuestas en viviendas habitadas. Yo pensé: “¡Ah, caray!, ¿quién hará encuestas en viviendas deshabitadas?”. ¿Qué necesidad tiene de precisarnos tal detalle? De entrada ya me dio desconfianza.

Gabriela Warkentin: De hecho, hay una pregunta que tiene que ver con las encuestas patito: que si pueden mencionar cuáles son y qué opinan de algunas. Entiendo, lo dijiste tú Roy, que prefieres no opinar, lo que prefieres es decir la metodología.

En verdad gracias, llegaron muchísimas preguntas, las he ido más o menos agrupando, no sé quién quiera tomar la siguiente: ¿después de dar un resultado de una encuesta, esta incide en el voto? Ya decía Jorge Alcocer que la mayoría de la gente ni se entera, pero ¿inciden en realidad en el voto?

Roy Campos: Sobre la encuesta que mencionó Jorge Alcocer, a mí también me llegó y en la metodología dice además que es una encuesta representativa a nivel estatal… La palabra “representativa” ni siquiera es estadística, no hay una definición de representatividad, se le dice consistencia, eficiencia, robustez, hay muchos adjetivos para la estadística, pero no definición de representativo.

Sobre la influencia de las encuestas sobre el voto, a auditorios llenos de chavos les he pedido “Alce la mano el que crea que influye en las encuestas”, y todos alzan la mano. “¿El que cree que influye en el votante?”, casi todos alzan la mano. Y luego digo “Alce la mano el que está esperando una encuesta para decidir su voto”, y nadie alza la mano.

La verdad es que la encuesta termina influyendo en el ánimo de la campaña, en los financieros de la campaña y en los medios, que están interesados en entrevistar al que tiene chance de ganar, no al que no tiene chance de ganar. Entonces, la encuesta influye en el comportamiento de la campaña, y la campaña sí influye en el votante.

Ahora, las encuestas influyen en la campaña pero no en la decisión del voto, aunque la decisión del voto sí influye en la campaña; así, la encuesta termina influyendo indirectamente, pero no porque sea una decisión con la encuesta, sino con la campaña.

Gabriela Warkentin: Nos queda más o menos un mes de campaña; después de todo esto que hemos platicado, les pido una reflexión de cierre.

Claudio Flores: ¿Yo qué diría sobre esta ola de encuestas que estamos viendo? Que es una guerra de números diaria en nuestros WhatsApp, en nuestras redes sociales. Tratemos de privilegiar las encuestas que vienen de empresas que tienen un prestigio que cuidar, que estén reportadas en los observatorios electorales, como el de CEDE o el de Oraculus, y dudemos de aquellos ejercicios que partan de metodologías que no tienen la potencia: las telefónicas, de Facebook, “robopolls” –que a mí me parece probablemente de lo peor que estamos viendo, porque además de gran difusión, entre eso y poner a alguien a teclear números en un Excel, más o menos obtienes lo mismo. 

Jorge Alcocer V.: A mí me preocupa, y mucho, lo que vaya a pasar en la jornada electoral, cuántos exit polls va a haber, cuántos conteos rápidos.

Ojalá que algo pudieran hacer el INE y el gremio para transparentar quiénes van a hacer exit poll, quiénes van a hacer conteo rápido y quién les paga, para que en la noche de la elección no nos salgan con el sabido “Yo gané, tengo cuatro encuestas pero no se las puedo enseñar”. Eso puede pervertir el debate y la información en esa noche decisiva, cuando ya no se vale decir que si hay sesgo, que si el margen de error, porque ya estaremos trabajando con el votante, como dice Roy Campos, y luego con las actas, y papelito habla. 

Roy Campos: He ido mencionando algo bueno, algo malo, de esta elección. Verificados es algo bueno de esta elección, porque limpia la campaña, limpia las mentiras; en una época de tantas cochinadas, que exista un esfuerzo de los medios por verificar las cosas, creo que es algo de lo bueno que ha aparecido. Qué bueno que aquí ya haya un esfuerzo serio para esto y que incluya a las encuestas también; Verificado puede checarlas. 

Dos, retomando lo de Jorge Alcocer, lo que importa son las encuestas que se van a publicar, porque los partidos encargan encuestas de salida para saber ellos cómo están, no tienen por qué difundirlas. Lo que hay que transparentar es cuáles se van a difundir, y el mal uso que hacen los políticos, efectivamente, que a veces incluso sacan encuestas de salida con corte a las cuatro de la tarde porque es el resultado que ellos quieren ver, etc., y hacen cierta trampa. 

Para el 1º de julio no nos hagamos bolas, el bueno es el conteo rápido del INE. Si el conteo del INE al final no coincide con las encuestas, las encuestas estuvieron mal, así de simple.

Ustedes, como usuarios de datos, si tienen dudas cuando a las ocho de la noche empiecen a salir las encuestadoras y difieran o algo así, pues a las 10:30 u once de la noche el INE va a dar datos y ahí se acaba la elección para mí.

Jorge Buendía: Yo quiero terminar con una invitación a los presentes y a quienes nos escuchen, a que aumenten las exigencias a las empresas encuestadoras. Creo que la rendición de cuentas de los que nos dedicamos a este negocio nos hace mejores a todos.

En ese sentido, creo que se han desaprovechado las bases de datos que están depositadas en el INE. Revisándolas, ustedes pueden tener gran información sobre comportamiento electoral, pero también sobre la metodología, y van a descubrir muchas cosas, incluida que, aunque estén los datos depositados en el INE, es imposible replicar los resultados porque hay faltas de información. Pero creo que hasta en ese caso, si empezamos a señalar quiénes cumplen con la ley y quiénes hacen como que cumplen pero no entregan al INE toda la información, estaremos contribuyendo a la rendición de cuentas. 

Gabriela Warkentin: Quiero agradecer a los cuatro participantes que me acompañaron hoy en esta mesa, pero sobre todo al Instituto Nacional Electoral por organizarla.

* Versión editada de la Mesa I. “Las encuestas electorales: ¿informan o desinforman?”, en el foro El papel de las encuestas en el proceso electoral, INE, 30 de mayo de 2018.
1 Asociación Mexicana de Agencias de Investigación de Mercado y Opinión Pública.
2 Colegio de Especialistas en Demoscopia y Encuestas.
error: Alert: Content is protected !!