Jueves 26 de abril de 2018

La voz  de los protagonistas

René Delgado: Dice el editorial de Voz y Voto de febrero: “Demasiados augurios de tormenta están presentes como para sumar pesimismo. Por el contrario, creemos que una copiosa participación ciudadana en las urnas el próximo domingo 1º de julio será como un viento fresco que despeje los nubarrones. No hay tiempo para resolver muchos de los problemas y dolencias que aquejan a la maltrecha democracia electoral, pero sí lo hay para convencer a los ciudadanos de que la democracia se corrige con más democracia, con más participación, con más ciudadanía”. Tu opinión, Manlio.

Manlio Fabio Beltrones: Muy cerca de la coincidencia, además de que lo que tendremos el 1º de julio es solamente la ratificación de que muchas de nuestras instituciones pensadas, planeadas, trabajadas, corregidas durante todos estos años, tendrán que reconfirmar que vamos por la ruta correcta en la expresión de una idea, la construcción de instituciones y el perfeccionamiento de las instituciones. Hace un momento lo decía Pepe Woldenberg, el INE es mucho mejor que el ife , y estoy seguro de que vendrá a darnos muchas satisfacciones el que puede ser el INE del futuro, cuando se corrija buena parte de lo que el legislador, quizá, no previó con oportunidad.

Esa tormenta de votos que se está esperando, estoy seguro de que cristalizará; hay quienes la calculan incluso en un 65 por ciento, pocas veces alcanzado en otras elecciones, y podría traernos la satisfacción de saber que estamos viviendo un momento con instituciones sumamente sólidas y con una democracia perfeccionada. Pero no nos garantizan que pasada la misma tormenta beneficiosa del cúmulo de votos con una democracia ratificada, tengamos automáticamente los beneficios de la democracia que se dan en la gobernabilidad.

En la mesa de hace un momento se insistía en cómo los partidos políticos en sus coaliciones han perdido en buena parte su esencia ideológica o su definición de hacia dónde se dirigen, pero se recordaba lo que fue en su momento el partido hegemónico pragmático, como bien se definía, y que esto había venido a traernos consecuencias cuando todos se volvieron pragmáticos y a uno se le acabó lo hegemónico. Ahí es en donde creo que está el punto. Yo no estoy en contra de lo pragmático y menos de lo hegemónico, siempre y cuando nos beneficiase, pero el punto más importante es que el pragmatismo, cuando carece de ideas, da camino y cauce al oportunismo; y si algo le está haciendo daño a la participación política, es eso, el oportunismo que se está dando por la falta de ideología y por el exceso de pragmatismo. Ni el pragmatismo es malo y la ideología menos, lo que nos está haciendo daño es el oportunismo.

Eso no lo va a resolver la elección del 1º de julio, pero sí estoy seguro de que nos va a dar mucho a pensar en qué hacer después de que conozcamos los resultados. Fragmentación del voto, asegurada. Resultados electorales, al parecer hasta hoy terciados, aunque con alguien a la cabeza como siempre sucede, casi seguro también. Pero lo que tendremos como discusión futura es qué gobernabilidad vamos a construir con esa dispersión del voto que se dará el 1º de julio.

René Delgado: Francisco, dice Manlio: “Vamos en la ruta correcta, el INE es mejor que el IFE, tenemos una democracia perfeccionada, el oportunismo puede fastidiarnos y vamos a tener problemas de gobernabilidad”. ¿Qué dices?

Francisco Labastida: Coincido con muchas de las ideas que Manlio ha expresado, las reafirmo y creo totalmente en ellas. Quisiera agregar algunos conceptos. No creo que haya duda entre los que estamos en esta reunión de que la democracia y la pluralidad han avanzado, la duda que yo tengo es que el rezago en muchos de los satisfactores sociales y muchos de los problemas del país siguen iguales y varios han crecido; es decir, han crecido la inseguridad y la corrupción, no hemos solucionado el problema del bajo nivel de vida de la población ni el de la pésima distribución del ingreso, y creo que hemos minimizado el grado en que los problemas internacionales nos están afectando.

Por ejemplo, el gran crecimiento de la drogadicción en Estados Unidos; recordemos que el año antepasado entraron un millón 300 mil personas con sobredosis a los hospitales en ese país y que fallecieron 63 mil. El exagerado crecimiento de la venta de armas ha influido en la violencia en México, y me parece que debemos tener una posición más dura, más radical sobre la influencia nefasta de algunos factores que están afectando al país.

Mi conclusión es que el sistema político mexicano ha avanzado más rápido que la solución de los problemas y de los retrasos, creo que debemos concentrarnos más en la solución de los problemas, porque como aquí se ha dicho con razón, el sistema político y la pluralidad han avanzado, el INE tiene una gran fortaleza, pero hemos avanzado poco en la solución de los problemas reales que están cerca de los intereses de los mexicanos.

René Delgado: Diego, Francisco habla del rezago en la solución de los problemas de inseguridad, desigualdad, drogadicción, armas y corrupción, ¿qué piensas de esto? Tu candidato habla de un cambio inteligente.

Diego Fernández: Voy a hablar por mí, no por el candidato. Llego a la conclusión de que cometemos el error de querer obtenerlo todo por medio de la ley, y tenemos una habilidad para estar reformando leyes y más leyes al mismo tiempo que las violamos todos los días. De esa manera, el avance no ha sido lo sustantivo que de la propia ley se podría desprender. Edmundo Jacobo decía lo grave que es la agresión contra nuestras instituciones electorales. Esto es parte de un problema político que los políticos debemos resolver. Por ejemplo, la discusión de si se van a dar los resultados de la elección presidencial en el mismo día de la elección: estamos viendo si tiene la razón el ine o el Tribunal, cuando el problema lo presenta la ley porque está diciendo que en una sola casilla haya siete elecciones y que la última en computarse sea la presidencial. Yo quiero saber quién es el mago que puede concluir en tiempo y forma ese procedimiento que le impone la ley para que el pueblo de México sepa antes de las doce horas del mismo día de la elección cuál fue el resultado. No todo está en los órganos electorales.

Y, por otro lado, estoy absolutamente seguro de que uno de nuestros principales problemas en relación con las violaciones a la ley y de lo que viene en concreto para este procedimiento electoral, no es tanto cómo va a organizar una de nuestras instituciones este proceso ni cómo la otra lo vaya a calificar. Aquí tengo una pequeña discrepancia con Pepe Woldenberg, porque él propone, y desde luego parece muy sensato, que todo lo administrativo lo maneje el INE y que todo lo judicial esté en el Tribunal; sin embargo, hay situaciones que son de conflicto. Por ejemplo, cuando alguien acusa a otro de exceso en los gastos de campaña, si llega al Tribunal, necesariamente tiene que recurrir al INE para que le dé toda la información que solo pueda tener el INE a través del proceso electoral que estuvo bajo su conducción.

A lo que voy es que el principal problema que vamos a tener ahora no es la interferencia de la Presidencia de la República, de la Secretaría de Gobernación, de que si hay espionajes o no, de que si los gobiernos estatales de un partido intervienen o no en una elección; el problema va a ser el dinero y desde luego estos medios modernos de información y de comunicación, también de mentiras y deformaciones, en donde va a estar en juego el resultado electoral.

El dinero que pasa por las campañas actualmente es obsceno, de nada sirve que tengamos una ley de avanzada y una serie de controles supuestamente eficaces en los órganos electorales, si esta elección la van a ganar el dinero y el uso tramposo de los nuevos medios tecnológicos de información y de mentira. Ahí está mi preocupación para esta elección.

René Delgado: Diego, rematas tu artículo en la edición de febrero de Voz y Voto diciendo: “Con frecuencia se oye decir que los mexicanos están decepcionados de la democracia. Yo pienso que, si somos justos, es la democracia la que debe estar decepcionada de la calidad ciudadana de la mayoría de los mexicanos”.

Diego Fernández: Sí, sé que no es políticamente correcto, porque el político tiene que procurar decir lo que le agrada escuchar a su audiencia, pero los políticos no venimos del más allá, de Marte o de otros lugares; los políticos nacemos, vivimos y surgimos de esta misma sociedad, van y vienen camadas de políticos y en dondequiera prevalecen los desvalores. Aquí se ha dicho con razón que la ideología no es por sí misma mala, que el pragmatismo no es por sí mismo malo, pero como decía el licenciado Beltrones, se da paso a las perversidades cuando el pragmatismo se lleva a determinados excesos. Y ¿cuáles son esos excesos?, pues la desvergüenza y el deshonor, punto, que hay en los políticos, en los gobernantes –y no estoy haciendo tabla rasa porque hay de todo en todas partes–, pero en mi opinión, el problema es que si no tuviéramos una sociedad absolutamente devaluada, con una pérdida de conciencia y de responsabilidad, no tendríamos estos políticos.

Nosotros como políticos somos un puñado frente a millones de mexicanos, y si la corrupción solo estuviera en el ámbito de los políticos y de los gobernantes, con echarnos a todos fuera estaría resuelto el problema de un pueblo bueno. Pero la política se nutre de los ciudadanos y la calidad de los políticos en buena medida es la calidad que se está reflejando de la propia sociedad. Si la sociedad nos perdona las mentiras y las tracaladas, después la sociedad de qué se queja.

René Delgado: Francisco, ¿es cierto, tenemos una ciudadanía de baja intensidad y de baja calidad?

Francisco Labastida: Coincido con Diego en que la sociedad es excesivamente tolerante con las fallas del sistema político, pero creo que ahí no está el único problema.

A lo que nos vamos a enfrentar en el futuro, y me parece que hay que verlo así, es lo que mencionaba Manlio, un problema de falta de gobernabilidad, porque todo parece indicar que ningún partido va a tener mayoría en ninguna de las dos cámaras y ese va a ser un problema real que hay que solucionar. Si no se tiene eso, no se puede avanzar en los otros pasos, en la solución de los problemas reales del país y de la sociedad; tiene que darse ello y dentro de un proceso de suma de valores, no de compra de legisladores, por decirlo de una manera clara.

En ese proceso tenemos que entrar y contribuir a sembrar ideas y a discutir principios y valores y a discutir los objetivos que estamos buscando al hacer política. Si no tenemos claro adónde llegar, nunca lo vamos a alcanzar; si teniéndolo claro nos cuesta mucho trabajo, sin tenerlo claro va a ser muy difícil alcanzarlo; la sociedad y los políticos nos tenemos que replantear de fondo los objetivos que el país y los mexicanos necesitan.

René Delgado: Manlio, ¿tenemos los políticos que nos merecemos?

Manlio Fabio Beltrones: Creo que tenemos mejores instituciones que clase política, y eso ya es una ventaja. Pero en el esmero de crear estas instituciones ha habido algunos descuidos que tenemos que ir anotando.

Decía que el problema que descubro no está en si perdieron ideología los partidos o si todos se llenaron de pragmatismo, sino cómo un pragmatismo sin idea nos está llevando a los oportunismos que están apareciendo por todos lados, lo cual hace que si la vida era complicada ahora aparezca peor, sobre todo para la gobernabilidad, que bien mencionaba Paco Labastida. Debemos estar pensando no nada más en quién gana las elecciones, sino qué capacidad va a tener posteriormente para gobernar este país.

La sociedad lo que está esperando es eso, resultados, no nada más electorales, de esos yo confío en que el INE nos dé claridad, no, sino qué va a pasar posteriormente. Yo veo más ocupados a los partidos políticos en una legítima lucha por el poder, sin saber qué van a poder hacer después de las elecciones.

Hoy en día vemos a más políticos interesados en cambiar de partido que en cambiar el régimen político para gobernar. Eso sí es algo que nos debe llamar la atención, porque no es otra cosa más que el oportunismo al que está sujeto cada uno de los partidos políticos, buscando resultados, y ahí se inicia la confusión, tendremos que admitir que hay una confusión en la ciudadanía de por quién votar.

Con enorme picardía y sobre todo generosidad en sus comentarios, un amigo nuestro hace un momento decía: “Bueno, si uno quiere votar hoy por la supuesta derecha, pues vota por la izquierda, y si quiere uno votar por la supuesta izquierda, puede votar por la derecha”; hay otros que ni a derecha ni a izquierda llegan, pero ahí están presentes.

En verdad estamos no nada más viviendo una ruta de confrontación político-electoral por el poder, legítima, pero me preocupa que posteriormente no podamos gobernar.

René Delgado: En la lógica de que están empeñados en ganar elecciones y perder gobiernos, remata Francisco su artículo señalando que es necesario llevar a cabo varias medidas para asegurar verdaderos cambios en el país: uno, recuperar el estado de derecho y la gobernabilidad; dos, un cambio de estrategia económica, recortar el gasto político-electoral y el gasto corriente; tres, una verdadera reforma fiscal –estoy resumiendo– y cuatro, una reingeniería del sector paraestatal y de las empresas productivas del Estado, particularmente de Pemex. ¿Qué piensas?

Manlio Fabio Beltrones: Estoy más que convencido de que eso es lo que deberíamos estar buscando, pero no es lo que tenemos enfrente; uno descubre en este inicio de las campañas políticas que pocos han hecho un planteamiento de este tamaño y envergadura, como Paco Labastida lo está exigiendo en su artículo.

Pero quisiera seguir insistiendo. Dijo Leonardo Valdés que plantea para la gobernabilidad la segunda vuelta electoral, con la que no están de acuerdo varios de sus amigos, entre ellos yo mismo; para mí es mejor que busquemos los gobiernos de coalición, que se reconozcan en la pluralidad y que se exijan a sí mismos, mediante reglas muy claras, dar garantías a la gobernabilidad futura, porque hemos perdido buena parte de la gobernabilidad.

El estar hablando a estas alturas de que tenemos que fortalecer el estado de derecho… como bien lo dice Diego, no necesitamos tantas leyes sino cumplir las que tenemos y dejar de hacer fraudes a la ley pensando que con eso son sumamente inteligentes algunos políticos que los practican. Vamos, ahora en las llamadas precampañas, allí está la acusación de que en realidad se presentaron candidatos únicos y ¿qué pasó con la aplicación de las reglas?; varios no estuvimos de acuerdo con ellas, pero si las hicimos habría que conservarlas. Así puede seguir sucediendo.

Más allá de ganar las elecciones el 1º de julio, ¿qué es lo que nos estamos jugando? ¿De qué se trata esta elección, se trata simplemente de ganar o de gobernar?

René Delgado: Francisco.

Francisco Labastida: Quiero poner énfasis en lo que Manlio decía, planteé varios objetivos de lo que hay que hacer hacia el futuro, pero en orden cronológico, el primero que se necesita es un cogobierno, si no existe eso lo demás no se da, es piso, cimiento, arranque, primer paso.

Me parece que ha sido una limitante muy grave que no se haya impulsado, yo no sé si después de las elecciones o antes se va a tener que hacer, pero estoy seguro de que tenemos que llegar a ello para que el país avance.

René Delgado: Diego, te tocó una etapa donde lograron poner en sintonía una serie de políticas públicas el pri y el pan. Yo no veo esas condiciones ahora, ¿es posible el cogobierno, llegado el caso?

Diego Fernández: Sí, claro, pero déjenme decirles algo que señaló Manlio y coincidimos todos: es verdaderamente repugnante la deformación del pragmatismo a la que se ha llegado, a tal grado que no tengo la menor duda de que es más fácil lograr la fidelidad conyugal que la política. No hay más que ver a lo que se ha llegado, no hay el más mínimo pudor, es la desvergüenza absoluta. Como lo he dicho públicamente, creo que todo ser humano tiene derecho a tomar las decisiones que quiera y que estén bajo su responsabilidad y conciencia y ante la ley, pero los políticos tenemos que justificar nuestras decisiones políticas y aquí nadie justifica por qué se brinca, por qué se cambia, y a los que atacaron toda la vida hoy les rinden pleitesía y les besan los pies. Por eso está la sociedad inconforme y ofendida, porque esa clase política a la que me refiero ha perdido totalmente la vergüenza.

Ahora, por supuesto que nadie con sensatez puede estar en contra de llevar todos los procedimientos a la gobernabilidad de un país, si lo único que debe hacer un gobierno es gobernar, pues démosle en la ley y en los hechos las posibilidades para que gobierne y, por lo tanto, que haya gobernanza y haya gobernabilidad.

Aquí sí me cargo con Leonardo Valdés, estoy absolutamente de acuerdo con la segunda vuelta porque no es disyuntiva de la gobernabilidad, es un elemento que abona a la gobernabilidad, tanto, que se evita que llegue con muy pocos votos el que finalmente es más repudiado por la sociedad. De tal suerte que si queremos gobernabilidad, no solo no estorba la segunda vuelta, sino coadyuva a que llegue alguien con más del 50 por ciento a tomar el primer día la responsabilidad de encabezar un gobierno en el orden del Poder Ejecutivo.

Por eso creo que, terminada la elección, no debemos dejar de ver lo relativo a una segunda vuelta. ¿Qué la detuvo? El cálculo. ¿De quiénes? De los grupos políticos que se consideran más repudiados y, al hacer sus cuentas internas, por supuesto que no les convenía porque si no ganan a la primera con cualquier número de votos, ya en la segunda del amor ni hablamos.

La segunda vuelta se impidió en esta ocasión y para el nuevo gobierno por un cálculo, válido, porque también no se le puede pedir que se suicide a un partido político que sabe que es altamente repudiado o a un candidato que sabe que teniendo una fuerza acumulada por 18 años está repudiado posiblemente por la gran mayoría de los ciudadanos. Por esas dos fuerzas no se logró la segunda vuelta.

¿Qué digo yo? Que al margen de esos cálculos que puedan tener un grado de justificación bajo los intereses de cada partido, ojalá que tengamos la grandeza política para ir por esa gobernabilidad que no se sustenta solo en la segunda vuelta, pero esa segunda vuelta mucho ayudaría a la gobernabilidad.

René Delgado: Una última pregunta derivada del artículo de Manlio. Él hace un recuento en diez puntos de lo avanzado a lo largo de los últimos 25 años, aunque de hecho se va hasta el 88, y naturalmente desarrolla las dos tesis que ha venido desarrollando desde hace tiempo, la relativa al gobierno de coalición y la relativa a la segunda vuelta. Sin embargo, remata su artículo de un modo que me llamó la atención: “Lo que creo que no debiéramos hacer, mucho menos permitir como sociedad abierta, moderna, plural y demandante, es pretender resolver los problemas de la democracia con menos democracia; no le tengamos miedo a la democracia, ya hemos visto en estos 40 años cómo a ella se llega andando, dialogando, negociando y construyendo lo mejor posible”. Diego, ¿tú adviertes que hay tentaciones regresionistas?

Diego Fernández: Sí, por supuesto, en todos sentidos, pero yo creo que, más allá del autoelogio, estamos aquí tres expresiones políticas, dos de un partido y un tercero, que soy yo, que hemos tenido la coincidencia de entender la política como la gran obligación del diálogo, del acuerdo, del entendimiento, del respeto, no digo que no hablemos con franqueza y a veces con dureza, porque en un país no puede quedar en una sola persona el privilegio de hablar fuerte y aun de ofender, de injuriar y calumniar; en todo caso las respuestas tienen que ser fuertes, directas, pero con la tolerancia y el respeto de que los tres hombres en esta mesa hemos dado testimonio toda la vida.

Nunca nos ha faltado capacidad para decir lo que pensamos, nunca hemos puesto a un lado nuestras convicciones, cada quien en su trinchera, pero siempre hemos hablado de frente en favor de los acuerdos, en favor de la gobernabilidad y de la gobernación, tan es así, que dentro de mi propio partido los grandes agravios para muchos de mis compañeros eran el entendimiento, el acuerdo con los gobiernos que presidía otro partido político. Pero sin esos acuerdos, no digo de Diego, de muchos que estaban en este lado de la oposición, incluido Jorge Alcocer en otro partido, estaríamos viviendo peor barbarie. Gracias a esa capacidad de muchos políticos mexicanos que no han sido reconocidos, hemos logrado que a pesar de los excesos y de las desviaciones haya habido un grupo de hombres y mujeres que han entendido la responsabilidad política a partir de la palabra, pero de la palabra cumplida.

René Delgado: Francisco, a veces tengo la impresión de que zarpamos en la transición pero no llegamos a un puerto seguro; hay un debate sobre si ya concluyó la transición y se está consolidando la democracia, yo a veces no estoy cierto de ello. ¿Qué piensas?

Francisco Labastida: Me sorprende que solo a veces no estés cierto. Estoy totalmente de acuerdo contigo, para qué extenderme. Quisiera ampliarme sobre dos temas, el primero es lo que decía Diego, el respeto a la palabra cumplida. Yo doy testimonio por ellos dos de que nunca hemos faltado a un compromiso ni a la palabra y lo digo con orgullo, con reconocimiento a los dos por su forma de comportarse, de tolerar la disidencia.

El segundo, recogiendo lo que decía Diego, voy a expresar por qué no estoy de acuerdo con la segunda vuelta o cómo sí estaría de acuerdo con ella. Vamos metiendo en la segunda vuelta a los senadores y a los diputados plurinominales para que de ahí salga una mayoría que dé gobernabilidad.

La segunda vuelta nada más para la Presidencia da prestigio, da credibilidad, pero no gobernabilidad, y me parece que el reto del país para los siguientes años es la gobernabilidad. Le digo a Manlio que tiene toda la razón en convertirlo en un caballo de batalla y en un objetivo para el país. Logrémoslo de la forma que lo queramos lograr, es vital.

Yo mencionaba al principio que hemos avanzado más en política que en la satisfacción de las necesidades reales de los mexicanos. Bueno, la forma de lograrla es tener gobernabilidad.

René Delgado: La pregunta obligada, Manlio, ¿por qué concluyes de ese modo al artículo? ¿Temes, ves cosas?

Manlio Fabio Beltrones: Primero quiero comentar que difícilmente no coincido con Paco Labastida, pero aunque vivo profundas diferencias momentáneas con mi amigo Diego Fernández, coincido también con él en que la segunda vuelta electoral es solo un instrumento que podría llevarnos a la gobernabilidad, siempre y cuando cambiáramos el régimen político y viéramos de qué manera se estructura la nueva gobernabilidad.

Soy un asiduo lector de los artículos de Pepe Woldenberg; ahí podemos descubrir en buena parte que la segunda vuelta electoral, Diego, aplicada sin un cambio al régimen político, no funciona. Como en Perú, donde la segunda vuelta electoral quizá puso orden nada más para ver quién tomaba posesión pero no aseguró la gobernabilidad; por el contrario, hoy la tiene en crisis.

Ir solamente a un cambio de maquillaje con segunda vuelta electoral queriendo enmascarar que con ella tendremos gobernabilidad, generaría una gran equivocación. Tampoco se puede ir solamente a un cambio del régimen político sin apoyarse posteriormente en un deadline como le llaman, a lo que pueda ser una elección para la toma de posesión, y ahí nos ayudaría mucho la segunda vuelta electoral, sobre todo en esta fragmentación.

Estoy más que convencido de que debemos procurar hacer esa modificación porque de lo contrario nos acercamos mucho a no reconocer que lo que tenemos ya no funciona en la parte de la gobernabilidad, incluso hay quienes se atreven a decir “La gobernabilidad está bien, el sistema está perfecto, lo único que falta es que yo sea presidente para que esto funcione”.

Y no es tan sencillo, debemos reconocer que lo que hay en este momento ha tenido un desgaste enorme, que está a la vista. Pueden llegar a ganar una elección algunos que después no saben qué hacer con el país ni tienen las instituciones que lo garanticen. ¿Por qué me fui a 1988 en mi artículo? Porque ahí fue cuando me encontré con dos mentes brillantes y transparentes como las de Jorge y Diego. Jorge en la vieja Comisión Federal Electoral que vivimos, Leonardo, en aquellos tiempos, era un combatiente de ese tipo de instituciones que hasta ese momento parecían haber servido, pero que no estaban en la ruta de la democratización ni de las garantías para llevar a cabo elecciones limpias y transparentes.

Al haber sido nombrado subsecretario de Gobernación, automáticamente yo era el secretario técnico de la Comisión Federal Electoral, y en esa mesa ellos daban el gran combate después de la elección de 1988. Y Diego, obviamente en su posición tradicional, de destruir lo que no funcionaba. En ese momento sabía que eso no funcionaba y era un hombre que fustigaba; Jorge fustigaba y proponía, pero si algo identificaba a los dos es lo que bien mencionaba Diego y lo confirmaba Paco Labastida, las diferencias estaban a la vista, pero el respeto al valor de la palabra era uno, y con eso se construían los acuerdos.

Platico una anécdota con el permiso de Diego y sin su permiso también. Es inocultable que Diego, al igual que muchos de nosotros, es creyente, pero él cree más que cualquier otro. En este caso, en algún momento, cuando Diego había suscrito verbalmente un acuerdo, lo apela uno de sus jefes diciéndole: “Por el amor de Dios, Diego”, y él responde: “A Dios no lo meta en estas chingaderas, estamos hablando de política y estamos cumpliendo un acuerdo”.

Si algo ha cargado Diego en algún tiempo ha sido la acusación de darle gobernabilidad a este país en base a los acuerdos para poder transitar. Si algo en algún momento a mí me han recriminado es por qué permitimos que tomara posesión el presidente Felipe Calderón en 2006. La respuesta es clarísima: porque así lo dijo el Tribunal Federal Electoral, que por cierto, nosotros habíamos construido.

Negarnos en los avances no nos permitiría seguir adelante. No reconocer que hay muchas cosas que tenemos que hacer a futuro, sobre todo, planear la nueva gobernabilidad, nos pondría en la ruta de la colisión del 1º de julio y no de la coalición de gobierno después de esa elección.

Diego Fernández: Primero una discrepancia con mi querido licenciado Labastida y luego una propuesta. Con una segunda vuelta para los senadores y los diputados plurinominales se podría dar un retroceso enorme, imagínense una segunda vuelta donde la mayoría de los senadores fuera de un partido, la mayoría de los diputados del mismo partido y el presidente del mismo partido. No podemos llegar a consolidar un sistema político con una fuerza hegemónica que mande a las demás no a un segundo nivel, sino a un tercero.

Y termino con una propuesta: no hay que descartar lo que coloquialmente podríamos llamar pasar a los sexenios de cuatro años, como en otros países, porque seis años son una eternidad no solo para el pueblo, sino para nuestros pobres gobernantes. Habría que pensar que fuera más dinámico para que, si hay posibilidad de reelección, en vez de doce fueran ocho años, pero no que tuviéramos esa eternidad de seis años que ni gobernantes ni gobernados estamos aguantando.

Francisco Labastida: Obviamente, como lo dijiste Diego, no estamos de acuerdo, nada más diría que hay fórmulas para que esa división y esa contradicción entre los poderes de las cámaras no se den, y eso significa simplemente que los diputados y los senadores plurinominales se distribuyan en función del número de votos que en la segunda vuelta sacó el presidente.

René Delgado: Gracias a todos ustedes.

error: Content is protected !!