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Miércoles 20 de junio de 2018

La pirámide del poder

Los años por venir

Armando Robinson*

En el desbordado optimismo que entre sus huestes han provocado las encuestas que ubican a López Obrador como triunfador anticipado de la jornada comicial del domingo 1º de julio, hay productos colaterales que a partir de una hipótesis dan por hecho que Morena tendrá mayoría absoluta en la Cámara de Diputados y quizás en el Senado.

En este vistazo a la pirámide del poder en los años por venir, en Voz y Voto exploramos los escenarios posibles, que no siempre son iguales a los deseables, y abrimos la reflexión sobre el ámbito del poder local y su eventual influencia como contrapeso a un presidente fuerte con una o las dos cámaras federales a su servicio.

Para este ejercicio es imprescindible asumir la hipótesis de que Andrés Manuel López Obrador obtiene el triunfo con un porcentaje de alrededor del 50 por ciento de la votación nacional efectiva (que resulta de restar a la emitida los votos nulos, los de candidatos independientes y los de partidos políticos que pierdan su registro legal por no haber alcanzado al menos un tres por ciento de la votación nacional).

El Congreso de la Unión

Lo primero que hay que tomar en cuenta es que el resultado que obtenga su candidato presidencial no es igual al que alcanzará Morena en la competencia por curules y escaños, ni tampoco en las contiendas para gobernador en ocho estados y para la jefatura del gobierno capitalino. Aunque López Obrador ha estado insistiendo en su llamado a que quienes voten por él para presidente den un voto “parejo” por Morena, conforme a la experiencia en elecciones anteriores y por el hecho de que son tres partidos en la coalición electoral Juntos Haremos Historia, lo más probable es que el candidato presidencial tenga más votos que su partido (Morena).

La pregunta es por la distancia que separe la votación de López Obrador de la de Morena para diputados federales y senadores. En cualquier cálculo sobre la posibilidad de que ese partido alcance mayoría absoluta en alguna de las dos cámaras federales, es necesario considerar las siguientes restricciones.

  1. Ningún partido político puede tener por sí mismo más de 300 curules en San Lázaro; el dato es importante, pues de entrada deja fuera la posibilidad de que Morena (o cualquier otro) apruebe por sí mismo reformas constitucionales.
  2. Por el premio a la mayoría que permite la Constitución, que visto desde la otra cara de la moneda es el tope a la sobrerrepresentación, ningún partido puede alcanzar un número de curules que supere en ocho puntos su porcentaje de votos (respecto de la votación nacional efectiva). De esa restricción se desprende que la combinación para que Morena (o cualquier partido) sume por sí solo 251 curules (que significan el 50.2 por ciento del total de la cámara) es que obtenga al menos el 42.2 por ciento de la votación nacional efectiva y al menos 163 victorias en los 300 distritos de mayoría. De darse esa combinación, a las 163 curules de mayoría se sumarían 88 de representación proporcional, para así alcanzar los 251, que es mayoría absoluta. Como es obvio, a mayor votación porcentual o mayor número de victorias de mayoría, el total de curules crecerá, pero siempre con la restricción de que no se supere el tope de ocho puntos porcentuales de sobrerrepresentación.
  3. En el Senado no existe tope a la sobrerrepresentación, por lo que, curiosamente, sería más factible que en esa cámara Morena alcanzara mayoría absoluta (65 escaños de un total de 128). Recordemos que integran esa cámara 64 senadores de mayoría (electos en fórmula de dos candidatos), 32 de primera minoría y 32 de representación proporcional. Para arribar a la mayoría absoluta, un escenario podría ser que Morena lograra el primer lugar en 25 de las 32 entidades federativas, para obtener 50 escaños de mayoría y colocarse en posición de tener los 15 restantes para llegar a 65. Esos 15 escaños podrían provenir de cinco primeras minorías en igual número de entidades y diez de representación proporcional, para lo cual Morena tendría que conseguir al menos el 31.3 por ciento de la votación nacional efectiva para el Senado.

Considerando los rangos de votación que el modelo prospectivo Cepna/Voz y Voto nos arroja en el ejercicio más reciente (véase en esta misma edición), no existe un escenario en el cual Morena alcance por sí solo el 42.2 por ciento de la votación nacional efectiva para diputados federales, y aunque es factible que para senadores reciba el 31.3 por ciento de la votación, es improbable que con ese porcentaje nacional tenga la victoria en 25 estados, más aún si se toma en cuenta la disparidad regional que caracteriza la votación por los partidos de izquierda desde hace lustros.

Hay un hecho que complica todavía más la prospectiva de resultados en lo que hace a Morena y su posibilidad de obtener mayoría absoluta en alguna de las cámaras del Congreso. Nos referimos a las cláusulas del convenio suscrito por Morena, PT y PES para conformar la coalición Juntos Haremos Historia.

En el caso de los candidatos a diputado federal, ese convenio estipula que a Morena le corresponde postular la fórmula de candidatos en 142 distritos, al PT en 75 y al PES en 75 (en ocho distritos no se estableció coalición, por lo que cada partido postula a sus propios candidatos). Lo anterior significa que Morena no podría llegar a 163 diputados de mayoría, pues solo cuenta con candidatos propios en 150 distritos. Es cierto que siempre existe la opción de que, una vez integrada la próxima Legislatura, algunos postulados por el PT o por el PES que hayan arribado a San Lázaro decidan adscribirse a la bancada de Morena, pero esa es una historia más allá de lo propiamente electoral.1

Algo similar ocurre en el caso del Senado, para el que la coalición Juntos Haremos Historia convino que, de las 64 candidaturas de mayoría (dos por entidad federativa), en 31 registraran una misma lista de candidatos (dos fórmulas por lista). De las 62 candidaturas, Morena tiene la de primer lugar en 49 casos, el PES en ocho y el PT en cinco. Lo anterior significa que, incluso si la coalición encabezada por Morena ganara en 25 entidades, ello no se traduciría en 50 escaños para Morena, pues el número dependerá de cuáles sean esas 25 entidades (véanse las tablas 1 y 2).

En conclusión, el escenario de que Morena obtenga la victoria en la elección presidencial y simultáneamente la mayoría absoluta en una o las dos cámaras del Congreso federal, es de muy baja probabilidad de ocurrencia.

El corolario es que, en casi cualquier escenario, en el primer trienio de López Obrador como presidente Morena no tendría mayoría absoluta en San Lázaro y tampoco alcanzaría esa condición durante el sexenio en la Cámara de Senadores.

Todo apunta a que, con independencia de quién sea el candidato presidencial ganador, el gobierno dividido seguirá siendo la realidad con la que tendrá que ejercer su mandato el próximo presidente de la República (2018-2024).

Dejo abierta la posibilidad de que López Obrador opte por formar un gobierno de coalición, que le dé mayoría absoluta en las dos cámaras del Congreso federal. La oportunidad estaría abierta desde el primer día de su mandato; la pregunta es con qué partidos y grupos parlamentarios podría contar para ese fin. La respuesta depende de cuántos partidos conserven su registro al haber cumplido el requisito legal de obtener, al menos, el tres por ciento de la votación nacional en alguna de las elecciones federales (presidente o diputados o senadores).

Es casi seguro que los otros partidos de mayor peso electoral en el pasado conserven su registro; el “casi” es obligado por la crisis en que se encuentra el PRD, que puede mandarlo de la primera a la segunda división (electoral). Por paradójico que hoy parezca, el PRD es el partido con el que de manera más sencilla López Obrador podría intentar un acuerdo para formar un gobierno de coalición, todo dependiendo de si con eso le alcanzara para tener mayoría absoluta en una o las dos cámaras federales. De no ser así, tendría que recurrir a otros partidos pequeños (los que sobrevivan) o a uno de los dos partidos opositores de mayor tamaño. No hay que acudir a la bola de cristal para anticipar que ese partido solo podría ser el PRI.

El poder local

Aunque el interés de la opinión pública se concentra en los posibles escenarios de integración de las dos cámaras del Congreso federal, tan o más importante será, para efectos del ejercicio del poder del futuro presidente de la República, el reparto del poder local, en las 31 gubernaturas y en la Ciudad de México. Hoy, antes de la jornada comicial del domingo 1º de julio, Morena no cuenta con gobernador alguno y la jefatura de gobierno de la CDMX es ejercida, aún, por el PRD.

De las urnas locales, el 1º de julio puede surgir la primera camada de gobernadores de Morena. Empecemos por la que parece casi en su bolsillo, la jefatura de gobierno de la CDMX, que no será un hecho menor.

A Morena las encuestas y la percepción desde la capital del país le confieren altas probabilidades de victoria en Chiapas, Morelos y Tabasco, en tanto que en Puebla y Veracruz compite por el triunfo.

En un escenario, López Obrador contaría con el respaldo de tres gobernadores; en el otro, de cinco más la jefa del gobierno capitalino. Su mejor escenario es de seis de 32 mandatarios locales, y solo podría tener una ligera variación en 2019 por la elección de gobernador en Baja California, donde Morena no es hoy en día fuerza competitiva, aunque podría serlo el año que entra. Si le otorgamos a Morena esa posición, y considerando que en 2020 no hay elecciones de gobernador, la Presidencia de López Obrador dispondría durante la primera mitad de su mandato, en el mejor de los casos, de siete Ejecutivos locales surgidos de Morena, de un total de 32, es decir, el 22 por ciento del total de asientos en la Conferencia Nacional de Gobernadores (Conago).

No será hasta 2021 cuando el reparto del poder local (mandatarios estatales) se modifique, ya que, concurrentes con la elección federal para renovar la Cámara de Diputados, habrá elecciones de gobernador en 15 estados de la República (véanse mapas).

En conclusión: solo hasta el segundo tercio de su mandato, de ser el caso, el presidente Andrés Manuel López Obrador podría aspirar a tener a su lado mayoría absoluta en la Cámara de Diputados y una mayoría de gobernadores surgidos de Morena, para lo cual sería indispensable que a los seis que probablemente alcance en 2018, sumara diez más en 2021.

Por ahora, todo apunta a que la pluralidad y el poder dividido (y compartido) seguirán presentes en la vida política nacional, al menos hasta 2024.

*Investigador del CEPNA S.C.
1 Cualquier cálculo prospectivo del total de escaños y curules que Morena pueda alcanzar en la LXIV Legislatura se complica por el hecho de que los morenos repiten la práctica priista de otorgar formalmente espacios a sus aliados pero en ellos registran a candidatos de Morena. En el caso de la alianza PRI-PVEM, a esos candidatos se les denomina “sandías”, verdes por fuera, rojos por dentro.
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