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jueves 21 de marzo de 2019

Género, dichos y hechos

Susana Berruecos y Marianna Lara*

A pesar de diversas iniciativas mundiales, la desigualdad entre los géneros continúa privando a niñas y mujeres de oportunidades y derechos fundamentales. La igualdad de derechos sin distinciones de raza, sexo, idioma o religión fue uno de los compromisos acordados por 189 países en la Declaración del Milenio aprobada en la Asamblea de las Naciones Unidas en septiembre de 2000. Quince años más tarde, en otra Cumbre de las Naciones Unidas, 193 dirigentes mundiales acordaron por consenso la Agenda 2030 para el desarrollo sostenible, en la que lograr la igualdad de género forma parte integral de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible. La igualdad entre los géneros y el empoderamiento de las mujeres se enmarcó de manera explícita en el Objetivo cinco como un elemento esencial de todas las dimensiones del desarrollo inclusivo y sostenible, además de que también se vuelve un objetivo transversal para los demás objetivos de la nueva agenda, la cual es válida para todos los Estados miembro hasta 2030.

Si bien entre 2000 y 2015 se registraron avances significativos en relación con la igualdad entre los géneros, las niñas y mujeres siguen sufriendo discriminación y violencia. En 2015 los líderes de diversos países coincidieron en la necesidad de adoptar medidas urgentes para promover activamente la igualdad de género, con el fin de eliminar las causas y leyes discriminatorias que continúan restringiendo los derechos de las mujeres en las esferas pública y privada. Entre ellas, la violencia de género es una prioridad, debido a que constituye una de las violaciones de los derechos humanos más generalizada en la actualidad. A la fecha, 49 países no cuentan con leyes de protección a las mujeres frente a la violencia doméstica.

Derechos políticos de las mujeres

El concepto de ciudadana es relativamente nuevo comparado con el de ciudadano. Por ejemplo, en la antigua Grecia, el ciudadano era el hombre libre ateniense con propiedades; solo ellos podían votar. Tras la Revolución Francesa, es decir doce siglos después, todos los hombres franceses, con y sin propiedades, eran ciudadanos y podían votar. La construcción del ciudadano ha evolucionado durante muchos siglos, mientras que la construcción de la ciudadana lleva en discusión no más de 170 años.

A mediados del siglo XIX, en Europa comenzó a plantearse el papel de las mujeres en la política, en la esfera pública, considerando la posibilidad de igualdad con los hombres. De este lado del continente, en Estados Unidos, en el marco de la Guerra Civil, los abolicionistas no luchaban solo por la igualdad entre hombres de distintas razas, sino también entre hombres y mujeres.

Si bien Australia y Nueva Zelanda fueron los primeros países que reconocieron un tipo de sufragio femenino en el siglo XIX, Europa es la referencia básica en cuanto al voto de la mujer.

Finlandia fue el primer país en reconocer este derecho en 1907 en Europa, seguido de Noruega en 1913 y Dinamarca en 1915. En el marco de la Revolución Rusa se consiguió el voto de la mujer en 1917 en Rusia, Estonia, Letonia, Lituania y Polonia; al año siguiente, se logró en países como Austria, República Checa, Eslovaquia, Estonia y Hungría. Uruguay fue el primer país de América del Sur en reconocer el voto de las mujeres, aunque no fue sino hasta 1927 cuando pudieron ejercerlo, mientras que México lo hizo hasta 1955.

Si bien el 17 de octubre de 2018 se conmemoró el 65 aniversario del reconocimiento del voto femenino en México, el 12 de febrero de 1947 se reconoció el derecho a votar de las mujeres en el ámbito municipal. La reforma promovida por el entonces presidente Miguel Alemán constituye el antecedente de la reforma constitucional de 1953.

Mención aparte asignamos al Reino Unido, que reconoció el derecho al sufragio activo y pasivo de las mujeres en 1918, por lo que durante todo 2018 se llevaron a cabo diversos actos y celebraciones con motivo del centenario del voto de la mujer. Después de años de lucha encabezada por las sufragistas, el Parlamento Británico adoptó la Ley de 1918 sobre la Representación Popular. La fundadora de este grupo, Emmeline Pankhurst, defendía una estrategia cuyas campañas, en ocasiones con alto grado de violencia para la época, conmocionaron al mundo entero. Encadenarse a las vías del tren, sabotear líneas eléctricas, causar incendios o incluso detonar bombas en la casa de un ministro, fueron acciones que al final rindieron sus frutos, cuando ocho millones de mujeres mayores de 30 años fueron consideradas en los registros electorales. Diez años más tarde, se logró bajar la edad para que las mujeres pudieran votar a los 21 años, como lo hacían los hombres.

Participación de las mujeres en la política

Por lo que respecta al estado de los derechos de las mujeres en política, economía y educación, de acuerdo con el Informe Global sobre la brecha de género 2018, producido por el Foro Económico Mundial, las mujeres actualmente son jefas de Estado en solo 17 de 149 países analizados. Según datos de las Naciones Unidas actualizados a enero de 2019, tan solo once mujeres son jefas de Estado y diez están actuando como jefas de gobierno.

Pese al aumento del número de mujeres que se ha incorporado a cargos políticos en los últimos años, en particular debido a la aplicación de cuotas especiales, apenas siguen ocupando el 23.7 por ciento de los escaños parlamentarios, de acuerdo con cifras actualizadas por las Naciones Unidas en noviembre de 2018. Lo anterior constituye un incremento menor con respecto a 1995, de solo 11.3 por ciento. En términos globales, en 29 países las mujeres representan menos del diez por ciento en el ámbito legislativo, incluidas cuatro cámaras con nula presencia de alguna mujer.

Desde el punto de vista regional, resulta interesante destacar que a fines de 2018 solamente cuatro países tenían un porcentaje mayor a 50 en el ámbito parlamentario (Ruanda con el 61.3 por ciento, Cuba con 53.2, Bolivia con 53.1 y México con 50 por ciento); en conjunto, los países nórdicos tienen el mayor porcentaje de mujeres, con 42.3, las Américas el 30 por ciento, Europa 26.6 por ciento, África Sub Sahara 23.6, Asia 19, los países árabes 17.8 y la zona del Pacífico 17 por ciento. Existen políticas interesantes que promueven la igualdad de representación de hombres y mujeres en el poder legislativo federal y local, como es el caso de México, donde la jurisprudencia del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación obliga a los partidos a la paridad vertical y horizontal en el nivel municipal.

En cuanto al ámbito gubernamental, tan solo el 18.3 por ciento de los ministerios o secretarías de Estado estaba ocupado por mujeres hacia enero de 2017; las áreas más comunes eran las de medio ambiente, recursos naturales y energía, seguidas de sectores sociales como educación y familia. Es importante destacar que se carece de información precisa de la participación de mujeres en el ámbito local, mientras que diversos estudios señalan que la representación de mujeres en gobiernos locales o municipales ha producido una diferencia positiva en resultados, como en India o Noruega.

En general, existe evidencia creciente de que el liderazgo de las mujeres en la toma de decisiones genera un efecto positivo en la implementación de las políticas públicas. Las mujeres suelen demostrar liderazgo político al trabajar en circunstancias adversas defendiendo no solo asuntos relacionados con la igualdad de género, sino también con cuestiones electorales, sustentabilidad, sistemas de pensiones y derechos de niños y padres.

Mujeres en el sector privado

En el mundo, las mujeres ocupan menos de una tercera parte de los puestos de dirección de nivel medio y alto en empresas privadas, y en ciertos sectores, como el energético, ni siquiera ocupan una cuarta parte de empleos de cualquier nivel. De las 500 empresas más importantes del mundo enumeradas en la revista Fortune, únicamente cinco por ciento de los CEO, o sea 25, son mujeres.

De ahí que empresas privadas busquen aumentar el número de empleadas y promuevan programas de capacitación y liderazgo de mujeres junto con organizaciones como Naciones Unidas. Igualmente, la banca de desarrollo y los organismos financieros internacionales han promovido programas para emprendedoras en los que se procura el desarrollo y consolidación de micro, pequeñas y medianas empresas encabezadas por mujeres, con acceso a financiamiento preferencial y a herramientas de desarrollo empresarial. En el sector financiero, una de las entradas de las mujeres han sido las instituciones microfinancieras, debido al enfoque en segmentos poblacionales tradicionalmente excluidos del sistema financiero.

Violencia de género

La violencia de género es uno de los problemas más complejos, ya que se expresa de muchas formas y a veces puede pasar desapercibida, por estar tan arraigada en la cultura. Desafortunadamente hay prácticas que parecieran haberse normalizado. De acuerdo con Naciones Unidas, una de cada cinco mujeres en 87 países ha sufrido algún tipo de violencia de su pareja. Y sorprende que en más de 30 países por motivos culturales y religiosos se practique la mutilación o ablación genital femenina. Una de cada tres niñas ha sufrido esa práctica, y hace apenas 20 años la cifra era peor: una de cada dos niñas. Definitivamente hay mucho que hacer en este espacio, en todos los países del mundo.

La violencia de género no solo se presenta en la esfera privada, como en las relaciones de pareja o en la vida íntima de una niña, sino también en la esfera pública. Por ejemplo, al asociarse a las mujeres con las tareas del hogar, se ensancha la brecha de género entre hombres y mujeres en el trabajo no remunerado. De acuerdo con el informe de las Naciones Unidas “Progresos en el logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible”, el trabajo doméstico no remunerado para las mujeres es tres veces mayor que para los hombres en 83 países y zonas.

También, la violencia de género se encuentra en la política, con acciones violentas contra candidatas, funcionarias públicas o representantes de partidos. En el caso de México, las autoridades electorales han implementado un protocolo para la atención de la violencia política contra las mujeres en razón de género.

Conclusión

Hace 150 años se discutía el voto de las mujeres; hoy está en boga un sinfín de temas que competen a la participación de la mujer en otros ámbitos y esferas. Sin duda vamos avanzando, pero hay mucho trabajo que hacer, sobre todo en el campo de la violencia de género y en el sector laboral. Las leyes, al menos en México y demás países de la región, han avanzado mucho en materia de participación y representación política, mientras que en los otros rubros hay espacio para fortalecer y proteger a la mujer. Por ejemplo, un primer paso es continuar con el trabajo legislativo, crear un marco regulatorio y sancionatorio que promueva la igualdad laboral en los sectores privado y público.

La desigualdad entre los géneros persiste en todo el mundo y priva a mujeres y niñas de derechos y oportunidades fundamentales. El logro de la igualdad y el empoderamiento de las mujeres y las niñas requerirán esfuerzos más enérgicos para combatir la discriminación profundamente enraizada, a menudo consecuencia de sistemas patriarcales y de las normas sociales que estos conllevan.

Los retos que enfrentamos son mayúsculos, sobre todo aquellos que exigen cuestionar, cambiar o incluso romper con creencias institucionalizadas como las religiosas y culturales.

* Doctora en Gobierno y maestra en Política Comparada, respectivamente, por la London School of Economics and Political Science.
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