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viernes 18 de octubre de 2019

Feminismos y democracia entrevista a Mariana Caminotti

por Flavia Freidenberg**

El avance en la ampliación de los derechos de las mujeres y las diversidades en América Latina ha sido sustantivo en las últimas décadas. Ese avance en los derechos es resultado de una revolución feminista pacífica, que buscó transformar las democracias dando igualdad formal y real a la mitad de la población que había estado excluida históricamente de los procesos de toma de decisiones. Una de las personas que más ha estudiado estos procesos en los países de la región ha sido Mariana Caminotti, Dra. en Ciencia Política por la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) y Master of Arts in Development Management and Policy (Georgetown University).

Desde su país, la investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de la Argentina (CONICET) y actualmente coordinadora del Doctorado en Ciencia Política de la Escuela de Política y Gobierno de la unsam, ha contribuido de manera significativa en la comprensión de estos procesos de cambio.

En exclusiva para Voz y Voto, dialogamos sobre el modo en que hoy están siendo contestados esos avances
por una diversidad de movimientos conservadores, a partir de múltiples estrategias que buscan cuestionar,
limitar y rechazar los derechos y oportunidades conquistados por las mujeres en la región.

 

FF: ¿Cuál es la situación actual de los conflictos en torno a la desigualdad de género en América Latina?

MC: Las desigualdades basadas en el género y las políticas para revertir esas desigualdades hoy están en el centro del debate político. La regulación de las relaciones de género en un sentido de igualdad o, por el contrario, de jerarquización, es un nodo central de la disputa entre proyectos políticos en pugna en América Latina.

En la región, estamos observando el avance simultáneo de proyectos políticos y culturales contradictorios. Por un lado, la movilización de feministas y otros colectivos que abogan por derechos de las mujeres, minorías o mayorías étnicas, de personas lgtb+. Por otro lado, observamos el fortalecimiento político de conservadurismos con discursos profundamente moralizadores que ponen en cuestión estos mismos derechos.

FF: En la actualidad, pareciera que hay un nuevo conflicto político en los países a raíz de la visión del género, ¿cuál es el papel de éste en la articulación de los movimientos feministas y, a su vez, de los movimientos conservadores?

MC: El género es una categoría central para los movimientos feministas que están a la vanguardia en el reclamo por ampliar las fronteras de la ciudadanía y profundizar la democratización de las relaciones sociales. En algunos países, los feminismos han tomado la calle, se han diversificado y penetrado toda clases de espacios: lugares de trabajo, sindicatos, universidades. Y esto lo han hecho con mucha capilaridad. Este es el caso de Argentina, con dos nodos fundamentales: el movimiento #NiUnaMenos para poner fin a la violencia machista, que surge en 2015, y la Campaña Nacional por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito, de más larga data, pero que ha tenido un crecimiento exponencial en sus capacidades de incidencia política.

Los colectivos feministas articulan su agenda de derechos reproductivos y autonomía física de las mujeres con demandas de igualdad socioeconómica, justicia ambiental, críticas al extractivismo y al ideario neoliberal. Hay gran diversidad en estos movimientos, pero el sentido de justicia de género permite tender puentes entre agendas que podrían parecer desconectadas.

Al mismo tiempo, el género es una categoría central en la reacción conservadora que, en diverso grado, está presente en todos los países latinoamericanos. El combate a la llamada “ideología de género” clama por la defensa de un orden social patriarcal y heteronormativo, fundado en roles e identidades supuestamente “naturales”, a las que se les niega su carácter histórico y cultural. Este eslogan ha permitido conectar agendas que parecerían separadas. En Colombia, la bandera de la “ideología de género” se utilizó para cuestionar la perspectiva de la diversidad en la educación sexual, pero también fue movilizada por sectores políticos de la derecha para fortalecer la oposición al plebiscito tras la firma de los Acuerdos de Paz entre el gobierno nacional y las FARC.

FF: ¿Cuál es el efecto de este conflicto sobre la democracia y las oportunidades de democratización de los países latinoamericanos?

MC: Cuando los feminismos y sus aliados abogan por el derecho de las mujeres a decidir sobre sus cuerpos y los grupos conservadores se movilizan contra la educación sexual o lo que llaman “el derecho a la vida”, lo que está en juego son impulsos de democratización y des-democratización. Es decir, no se trata simplemente de una disputa entre policy issues (aborto, violencia sexual, entre otros), sino entre visiones del mundo que tienen consecuencias profundas para el ordenamiento democrático y el proceso político. Estas disputas no sólo afectan a grupos específicos (mujeres, homosexuales), sino a la democracia en su relación con los derechos de la ciudadanía. Las controversias por el contenido y alcance de los derechos son nodales, porque moldean los contornos de la ciudadanía, la autoridad de la religión y el papel del Estado democrático. Entonces, las categorías de género y sexualidad, así como la forma en que se politizan y crean disputas por derechos, estructuran proyectos de sociedad.

FF: ¿Cuál ha sido el papel de los gobiernos de izquierdas en la ampliación de los derechos de las mujeres y los grupos de la diversidad sexual?

MC: En principio, la era de gobiernos orientados a la izquierda (o “marea rosa”) que se extendió entre el 2000 y 2016 generó mucha esperanza sobre el avance de los derechos de las mujeres y de los grupos lgtb+. En este periodo hubo grandes avances en la conquista y ampliación de derechos, gracias al activismo de la sociedad civil, ya que las agendas de la izquierda política se concentraron más en la desigualdad socioeconómica que en aquéllas basadas en el género (en su intersección con la clase o la raza). Incluso varios gobiernos (como los de Rafael Correa en Ecuador o de Daniel Ortega en Nicaragua) desarrollaron relaciones hostiles con los movimientos y las agendas de los feminismos.

Ahora bien, existe una brecha entre el desempeño real de las izquierdas y las imágenes que se construyeron sobre ellas desde diversos medios, mostrándolas como portadoras de proyectos radicalizados en materia de género y sexualidad. Además, distintos estudios mostraron que el vínculo entre políticas progresistas en género y sexualidad e ideología de izquierda no es automático, sino que está mediado por procesos de politización de demandas, de agregación de intereses y presión de actores, además de movimientos sociales. Esto permite comprender mejor el sentido de los desacuerdos en torno al género y la igualdad en el escenario actual, donde observamos los dos procesos de politización que operan en sentidos inversos, a los cuales me referí al principio.

En gran medida, el contenido de las democracias en la región se verá afectado por la manera en que los actores políticos (y, en particular, aquellos del arco progresista) se posicionen ante estas disputas, donde están en juego nociones de ciudadanía, convivencia democrática y modelos de sociedad.

* Escuela de Política y Gobierno, Universidad Nacional de San Martin/CONICET, Argentina.
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