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jueves 21 de marzo de 2019

Feminicidio e indolencia social

Georgina Cárdenas Acosta*

La década de los noventa estuvo marcada por los asesinatos seriales de mujeres localizados en el norte del país; en las noticias y diferentes medios de comunicación, Ciudad Juárez fue señalada en el mapa como un foco rojo para las mujeres, ya que eran asesinadas y sus cuerpos aparecían en el desierto. Muchas madres comenzaron a recorrer el camino de la impunidad y la simulación institucional buscando respuestas, soluciones y sobre todo justicia para sus hijas. Se hicieron películas e investigaciones, se trató de elaborar una tipología de los asesinatos, llamaron a especialistas, pero el fenómeno social persistía; en poco tiempo nos dimos cuenta de que no era exclusivo de esa región del país, sino que respondía a un problema de violencia estructural con profundas raíces, cuyos principales perpetradores eran los compañeros sentimentales de las mujeres.

La academia y la sociedad civil organizada comenzaron a conceptualizar este fenómeno social, que inicialmente se pensó exclusivo de Ciudad Juárez. Las académicas mexicanas recuperaron los aportes de Diana E. Russell, que había realizado investigaciones sobre los crímenes contra sus mujeres; ella apuntaba que el término feminicidio se usaba desde hacía casi dos siglos e identificó que la primera ocasión en que se usó fue en 1801 en A Satirical View of London at the Commencement of the Nineteenth Century, de John Corry, “para denominar el asesinato de una mujer”.1 Asimismo, esta autora plantea que la edición de 1989 de The Oxford English Dictionary indicaba que la palabra feminicidio significaba el asesinato de una mujer y apareció en el Law Lexicon de Wharton en 1848, donde se sugería que se había convertido en un delito punible. Para Russell este concepto es relevante y se refiere al asesinato de mujeres por hombres, por ser mujeres; además, propuso que debía aplicarse a todas las formas de asesinato sexista; y el feminicidio, igual que la violación, es una forma de terrorismo que funciona para definir las líneas de género, así como para promulgar y reforzar el dominio masculino y para volver a todas las mujeres crónica y profundamente inseguras.

Marcela Lagarde, una de las primeras académicas mexicanas en analizar y legislar en materia de feminicidio, señaló que tendría que ser definido como un crimen de odio contra las mujeres por ser mujeres, además de que representa el punto culminante de una espiral de violencia originada en la relación desigual entre mujeres y hombres en la sociedad patriarcal. La violencia feminicida, para esta autora, es el resultado de prácticas sociales, culturales, judiciales y políticas que avalan el comportamiento agresivo de los varones; se produce y legitima históricamente a través del Estado y de instituciones sociales. E identifica que la reproducción de la violencia es un recurso de control y regulación que contribuye a la subsistencia, continuidad y reforzamiento de la dominación patriarcal.

Por su parte, muchas organizaciones de mujeres a lo largo y ancho del país, a la luz de los feminicidios comenzaron a realizar un conteo de cada uno, de forma local, regional y nacional. Estas organizaciones han cumplido un papel fundamental, porque identifican claramente cómo es el entramado jurídico-legal que posibilita que el sistema sea omiso y cómplice, justifique la violencia y posibilite la impunidad de los asesinos. Las carpetas de investigación se amontonan y los protocolos parecen existir solo para simular la posibilidad de atención de los casos. Ni la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, ni la tipificación del feminicidio en 2011, ni las diversas instituciones que se han creado, ni las alertas de género han sido suficientes para detener esta expresión de extrema violencia contra las mujeres, que es una señal clara de que a ellas no se les considera como iguales ni seres humanos sujetos de derecho.

De acuerdo con algunas investigadoras como Mariana Berlanga y la periodista Josefina Chávez, los feminicidios tuvieron un incremento considerable durante el sexenio de Felipe Calderón, cuando se vivió una militarización del país a través de la guerra contra el narcotráfico que solo produjo una espiral de violencia, en la que las imágenes de violencia tapizaron el mapa del territorio nacional y los cadáveres se multiplicaron.2 Esta situación preocupa a algunas personas, y a movimientos de mujeres y feministas, por lo que pudiera suceder con la cercana aprobación de la Guardia Nacional, que implica legalizar la militarización.

La sociedad se muestra indolente frente a los feminicidios, y esto parece responder a una dinámica de naturalización de la violencia masculina contra las mujeres; como dice Francesca Gargallo, se ha naturalizado o normalizado el abuso masculino. En algunos casos se aprecia falta de sensibilidad y respeto a las víctimas y sus familiares. Los medios de comunicación por lo general culpan a las mujeres, las juzgan, sobre todo si salen de los roles socialmente establecidos o si se encontraban fuera de su casa en la noche divirtiéndose, las revictimizan; mientras que a los asesinos los muestran como personas que hicieron lo que debían hacer o de alguna manera los justifican o exaltan sus virtudes, se habla de ellos como profesionistas o personas que simplemente reaccionaron por emoción violenta. Es cuestión de ver y analizar los encabezados de las notas periodísticas en la sección policiaca para darse cuenta de que, lejos de fomentarse un periodismo ético, respetuoso de los derechos humanos, se prefiere la nota roja. De alguna manera los asesinatos de las niñas cimbran más a la sociedad, pero su efecto dura un corto tiempo, se va del imaginario cuando llega un nuevo asesinato o acontecimiento político que comentar; lamentablemente hay una memoria de corto plazo.

Los casos se suceden uno a otro, semana tras semana, día tras día. Cuesta trabajo retener tantos nombres, tantas ubicaciones y formas en que se priva de la vida a las mujeres, pero hay una constante, y es que son los hombres quienes las asesinan, muchas veces sus parejas, sus compañeros de vida, aquellos en quienes ellas depositaron su confianza y su afecto. Las cifras van cambiando y sumándose todos los días; los asesinatos, como señala Berlanga citando a la periodista Marcela Turati, han dejado de ser algo singular para convertirse en cotidianos, de forma tal que los difuntos son despojados de su identidad.3

De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas, los feminicidios oscilan diariamente entre siete y nueve, por lo que se ha conminado al Estado mexicano, a través del Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer (CEDAW), para que se armonice la legislación en materia de feminicidio –solamente 19 entidades federativas lo tienen tipificado y aún existe en los códigos penales la atenuante de la emoción violenta– y se implementen medidas urgentes para prevenir, erradicar y disminuir los feminicidios. Sin embargo, hasta el día de hoy las instituciones responsables de instrumentar la política pública de género y atender la violencia contra las mujeres se encuentran acéfalas, sin directriz. El Ejecutivo menciona la violencia, pero no parece entender que los asesinatos de las mujeres son en razón de género y que deben analizarse y tratarse de forma diferente. Preocupan entre las feministas las declaraciones que nombran a las mujeres solo como un binomio: cuidadoras y madres, responsables indirectas de no reprender a tiempo a los hijos indisciplinados, que luego hacen fechorías.

El ambiente político y social preocupa a las feministas, porque se ha generado una lluvia de comentarios que culpabilizan a las mujeres de un problema de violencia estructural. Legisladoras y políticos han hecho declaraciones que dejan ver la falta de comprensión de este fenómeno social y consideran que las mujeres son asesinadas por su culpa, por no seguir los roles socialmente asignados, que las relegan a las labores domésticas en su hogar. De esta forma, salir de noche es algo que, desde esta concepción, únicamente pueden hacer los varones. Muestra de ello fueron las declaraciones que en enero hizo una diputada de Veracruz, que tuvo que disculparse por su propuesta desafortunada de establecer toque de queda a las mujeres, para que no salieran en la noche y con ello se evitara el feminicidio.4 Esta visión del mundo tuvo un episodio más, con otro actor público el 6 de febrero de este mismo año, cuando en conferencia de prensa, Francisco Lobato Galindo, presidente de la Red Mexicana de Franquicias, culpó nuevamente a las mujeres que caminan tarde por las calles, sin avisar a sus familiares de sus propios asesinatos.5

El feminismo todavía tiene mucho camino que recorrer, para tratar de crear conciencia en la sociedad sobre la violencia de género que padecen miles de mujeres y que, en el marco de una violación sistemática de sus derechos humanos, muchas veces termina con su vida. Es necesario seguir exigiendo que esto se entienda, que se haga justicia a las mujeres asesinadas por motivos de género y sobre todo que se garantice a las mujeres una vida digna, sin miedo de estar en la calle y libre de violencia.

* Licenciada en Sociología, maestra en Estudios de Género, doctora en Antropología Social con posdoctorado en el CIEG-UNAM.
1 Russell, Diana E. (2006). Definición de feminicidio y conceptos relacionados. En Roberta A. Harmes y Diana E. Russell (eds.), Feminicidio: una perspectiva global. México: CEIICH, UNAM, H. Cámara de Diputados, pág. 75. 2 Berlanga, Mariana (2015). El espectáculo de la violencia en el México actual: del feminicidio al juvenicidio. Athenea Digital, págs. 105-128. Chávez, Josefina (2013). “S.O.S. México: la vida y la libertad de las mujeres en peligro”. Cuadernos Feministas, 15, págs. 8-11.
2 Berlanga, Mariana (2015). El espectáculo de la violencia en el México actual: del feminicidio al juvenicidio. Athenea Digital, págs. 105-128. Chávez, Josefina (2013). “S.O.S. México: la vida y la libertad de las mujeres en peligro”. Cuadernos Feministas, 15, págs. 8-11.
3 Mariana Berlanga, op. cit.
4 Ávila, Edgar. “Diputada de Morena ofrece disculpas por plantear toque de queda para mujeres en Veracruz”. El Universal, 22 de enero de 2019. Recuperado de: https://www.eluniversal.com.mx/estados/diputada-de-morena-pide-disculpas-por-plantear-toque-de-queda-para-mujeres-en-veracruz
5 Gómez, Dulce. “Feminicidios ocurren porque mujeres salen de noche y no avisan a sus familias: Red de Franquicias”. La Jornada de Oriente, 6 de febrero de 2019. Recuperado de: http://www.lajornadadeoriente.com.mx/temas/francisco-lobato-galindo/
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