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viernes 18 de octubre de 2019

España en el ruedo

Omar Cepeda*

España ha caído en una espiral de inestabilidad política desde hace cuatro años, después de que ninguna de las tres elecciones generales celebradas desde entonces fuera capaz de brindar estabilidad y continuidad a ninguno de los candidatos triunfantes.

Casos de corrupción en las élites políticas, la comunidad de Cataluña intentado ilegalmente independizarse de España y la falta de consensos entre los partidos políticos para formar gobierno fueron las principales causas que han roto la gobernabilidad.

Esta realidad forzó al país a navegar –apenas– a flote. Mientras tanto, sus intermitentes y breves gobernantes no han podido hacer competitiva a la nación ibérica, como lo exigen los cánones de la Unión Europea, que afronta retos urgentes aún en el tintero, hacia el segundo cuarto del siglo xxi, entre ellos una amenazante recesión económica.

La comunidad Europea, que ha impulsado un gran modelo de desarrollo y que rebasa los preceptos básicos del liberalismo tradicional, observa regiones en el mundo cada vez más polarizadas ideológicamente, con poco crecimiento económico y una desigualdad social arraigada en un capitalismo, también, cada vez más cuestionado.

Dos problemas generados a partir de esas consecuencias externas a la eurozona son la migración que llega desde África y Medio Oriente, así como una sistemática amenaza terrorista que les ha obligado a improvisar medidas insuficientes. Países como España, que han vivido terrorismo y viven migración, no pueden darse el lujo de encontrarse en la zozobra por no contar con un gobierno fuerte.

Paralelamente, el hastío de su sociedad crece desde el País Vasco hasta Andalucía y desde Extremadura a Cataluña. Su desconfianza hacia los líderes políticos ha llegado a su máximo nivel después de las nuevas diferencias (profundas) surgidas tras las elecciones del 28 de abril. La historia se repite: diálogos sordos, acusaciones, reproches. Todo ello sin el mínimo pudor de crear un irreversible vacío de poder que día a día debilita a las instituciones políticas.

Los partidos que obtuvieron los mejores dividendos en estas elecciones fueron el Partido Socialista Obrero Español (PSOE, Partido Popular (PP), Ciudadanos (CS), Unidas Podemos y el recién estrenado partido de extrema derecha, Vox.

El triunfo del psoe fue insuficiente para obtener mayoría absoluta en el Congreso e investir como presidente a Pedro Sánchez. En consecuencia, apostó a seducir al otrora natural partido de izquierda, Unidas Podemos, para que con sus pocos votos se concretara la hazaña. Pero, contrarios al papel que representan de partidos progresistas, montaron una tragicomedia colocando a España en la antesala de una cuarta elección a finales de año y con encuestas que predicen resultados muy parecidos a los de abril. Historia inaudita en la democracia de España.

Del por qué se ha llegado hasta este extremo, vale la pena recordar que desde 2015 se viene arrastrando un choque de intereses al romperse el bipartidismo gobernante entre el PP y el PSOE. Llegaron nuevos partidos y liderazgos que impactaron la geografía parlamentaria. Estos nuevos contrapesos fueron una bocanada de aire fresco a la democracia española. No obstante, con el paso del breve tiempo que llevan activos Ciudadanos y Unidas Podemos, han evidenciado inmadurez y ansias por ser protagonistas y gobernantes.

Unidas Podemos y Ciudadanos llegaron a la arena política en las elecciones celebradas el 20 de diciembre de 2015 con resultados importantes al obtener un tercero y cuarto lugar, respectivamente, nada despreciables para organizaciones políticas nuevas. Desde entonces han usado a capricho sus sufragios jugando a ser mayorías, bloquear investiduras, exigiendo de más y actuar a ser los héroes de la democracia.

Aunque vale la pena reconocer que Pablo Iglesias (Unidas Podemos) y Albert Rivera (Ciudadanos) reanimaron la política española con discursos renovadores, las cosas cambiaron rápidamente mientras su protagonismo iba en aumento. Introdujeron un pragmatismo desmedido alejándose de sus objetivos iniciales de impulsar una España progresista.

Ambos partidos han obtenido participaciones electorales que les permiten tener voz directa en las negociaciones, pero también se debe advertir que se vienen desinflando de manera constantemente y han perdido brillo. El más alto porcentaje de votos recibidos fue en los comicios de 2015, primera partición en unas elecciones generales. El partido de Pablo Iglesias obtuvo 20.68%, mientras que el catalán Albert Rivera alcanzó 13.94%. Pero en las elecciones de 2016 se reacomodaron las cifras negativamente para ellos y apenas lograron 13% cada uno. En 2019 bajó aún más el porcentaje de Unidas Podemos, el cual cayó hasta 11.97% de preferencias, aunque Ciudadanos mejoró un poco al sumar 15.86%.

En las elecciones del 26 de junio de 2016, el derechista Partido Popular, que lideraba Mariano Rajoy, logró un triunfo contundente al sumar 137 diputados, es decir 33% de las preferencias. Parecía que la inercia de repetir elecciones en poco tiempo había llegado a su fin, pero la corrupción lacerante de la cúpula del partido gobernante, que involucró al presidente en turno, generó una crisis de credibilidad y desprestigio absoluto llevándolo a dramáticos descensos en su popularidad.

Esto fue aprovechado por la astucia de Pedro Sánchez, que en esos momentos casi estaba fuera de cualquier posibilidad de llegar a la presidencia tras la clara derrota electoral de 2016, cuando obtuvo 85 diputados, cinco menos que en 2015.

Pero el olfato político de Sánchez lo condujo a presentar una moción de censura contra Mariano Rajoy por los casos de corrupción y la crisis política generalizada en el país debida al conflicto catalán que buscaba con insistencia su independencia. Esta moción de censura fue respaldada por diversas fuerzas políticas en el parlamento, permitiéndole a Pedro Sánchez llegar por el momento al Palacio de la Moncloa. No obstante, la estabilidad del país exigía fijar nuevas elecciones, constituidas el 28 de abril de 2019.

La suerte siguió acompañando a Pedro Sánchez y, en esas elecciones, obtuvo un triunfo decisivo. Pudo capturar el voto volátil de los decepcionados españoles por la crisis de corrupción en el interior del pp y el choque de liderazgos que se desató dentro de Unidas Podemos, influyendo de forma negativa en el electorado joven.

Los resultados hablan por sí mismos: el psoe logró 123 escaños, equivalente a 28.67% de las preferencias (38 diputados más que en 2016). El pp registró la peor derrota de su historia con apenas 16.69%. Ciudadanos, alcanzó 15.86%. Más abajo y también con los peores resultados en su corta historia, Unidas Podemos, sucumbió con 11.97%, pisándole los talones el partido de extrema derecha, Vox, el cual competía por primera vez en una elección general, con un visible 10.26% y una presencia en el parlamento con 24 diputados.

La suerte ya estaba echada y la única sinergia que se vislumbraba en el horizonte para conformar una mayoría parlamentaria era a partir de la suma de los diputados del psoe y Unidas Podemos. Todo esto porque se suponía que las afinidades políticas de izquierda les permitirían lograr buenos acuerdos. Entre ambos lograrían 158 votos en el congreso, más otras agrupaciones menores, llevando a Pedro Sánchez a gobernar por cuatro años.

Pero el poder es el poder y Pablo Iglesias quiso hacer valer por dos su bancada de apenas 35 diputados, a sabiendas de que, sin los suyos, Pedro Sánchez no lograría nada. Iglesias (1978), un chico que despertó admiración entre miles de jóvenes españoles hace cuatro años, cuando tenía un discurso disruptivo, directo y crítico, ahora no ha querido salir de su visión cortoplacista y localista.

Sigue sin asumir que los españoles prefieren un gobierno del psoe. Ahora pretende negociar con sus peores resultados un gobierno de coalición. Pero a lo único que realmente podría aspirar es a acompañar la investidura de Pedro Sánchez, reorganizarse con propuestas más realistas y apostar por la unidad española.

Que se celebren unas cuartas elecciones en apenas cuatro años abre las puertas de par en par a ser la peor incertidumbre política de la Unión Europea. Además jugarán en la arena política los mismos políticos del 28 de abril: candidatos desgastados, repetitivos y con poco margen de maniobrabilidad para aumentar la confianza. Todo apunta a que los españoles irán, una vez más, a fin de año, con desidia y desesperanza, a votar unas cuartas elecciones, que bien podrían convertirse en unas quintas elecciones en 2020.

El psoe, favorito para repetir el triunfo según las últimas encuestas, tiene que buscar a otros partidos para formar gobierno y dejar a un lado la intransigencia de Unidas Podemos. El único caso a considerar es con Ciudadanos. Y aunque se aleja de la ideología fundamental del psoe, se sabe que, en política, cuando se trata de obtener el poder, a veces la ideología pasa a un segundo plano… ya se verá.

* Internacionalista.
Este artículo se terminó de escribir a mediados de septiembre, cuando los partidos políticos PSOE y Unidas Podemos se encontraban más cerca de romper negociaciones y forzar a nuevas elecciones, que lograr un acuerdo para investir a Pedro Sánchez presidente. Es decir, al poner punto final a este texto, aún están abiertas las posibilidades de que suceda cualquiera de las dos posibilidades.
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