You dont have javascript enabled! Please download Google Chrome!
sábado 23 de febrero de 2019

El método de los observadores

Dong Nguyen Huu*

Pensábamos saberlo todo. Creíamos que todo se había dicho todo sobre las elecciones, desde sus procesos hasta su conclusión. Repetimos desde Nikolaus von Kues, Montesquieu y Hans Kelsen que los hombres y mujeres libres son aquellos que obedecen las leyes que ellos mismos contribuyeron a crear a través de un proceso simple, al que llamamos elecciones, aquel que permite la designación de representantes populares para redactar las leyes de su país.

Pero nos damos cuenta de que falta mucho por decir acerca de las elecciones. Acerca de la lista electoral, que nunca está cerrada definitivamente; el constante perfeccionamiento de la tecnología del voto, la creación de la boleta para el voto mecánico y ahora electrónico; la resolución de conflictos, que en tiempos pasados solo pertenecía a la arena política y ahora con más frecuencia pasa por los tribunales especializados.

De hecho, el proceso electoral evoluciona, se adapta a las nuevas técnicas de comunicación, a los nuevos conflictos que surgen de la complejidad del proceso electoral o incluso de los cambios que emanan de la evolución de las sociedades.

Un ejemplo entre muchos: el voto de los nacionales en el extranjero. Hoy en día, alrededor del cuatro por ciento de la población mundial vive fuera de su propio país. ¿Cómo garantizar el derecho ciudadano si no es posible votar desde su lugar de residencia?

En comparación con la larga historia de las elecciones, la de la observación electoral es reciente; sin embargo, desde hace 30 años los procesos electorales, en muchas ocasiones, son acompañados por la observación como una forma de garantía para el buen desarrollo de los comicios. Durante mucho tiempo, se pensó que solo era necesaria para los países con una tradición democrática reciente; ahora sabemos que incluso los países con larga práctica democrática pueden beneficiarse de la observación, siempre y cuando sepamos cómo definir con rigor su objetivo.

La observación electoral tradicional: funciones y método

Desde sus inicios hasta nuestros días, la observación electoral en su forma actual tiene un doble objetivo: ser un testigo riguroso de la conducta de las instituciones responsables de la administración electoral y disuadirlas de infringir la ley. En otras palabras, su objetivo es prevenir y disuadir las violaciones a la legislación electoral por las autoridades, mismas que son responsables de sancionar las conductas ilegales de otras entidades o individuos.

¿Por qué testificar y disuadir? Para contribuir al fortalecimiento de la credibilidad de los resultados electorales, que son la razón de ser del proceso electoral.

Definido su doble propósito, el método de observación es fácil de configurar: revisar las listas de electores antes de la votación, asegurar que en el día de los comicios los electores tengan los medios para preservar su libertad de voto ejerciéndolo de manera secreta. Finalmente, los resultados deben reflejar auténticamente la voluntad de los votantes. La observación de las condiciones de equidad en las contiendas es un hecho reciente.

Por ello, durante mucho tiempo y de manera marginal en la actualidad, se trataba de atiborrar las casillas de personas, para señalar el respeto de los funcionarios electorales a las reglas elementales, como la libertad y el secreto de la votación.

Se han creado instrumentos para observar (y disuadir) ciertas actividades clave del proceso electoral. Por ejemplo, el conteo rápido, cuyo propósito no es obtener resultados rápidos que los observadores puedan proclamar (lo que está prohibido por la legislación), sino servir de instrumento de referencia si los resultados concretos se alejan demasiado de la tendencia general.

En cuanto al método de observación, también se trata de distinguir lo que es específico para cada objetivo particular y los aspectos generales que implica una observación seria y creíble. Con respecto a los aspectos específicos, debe señalar por ejemplo que no se puede hacer una observación de la justicia electoral con observadores o evaluadores sin capacitación jurídica.

En cuanto a los aspectos generales de la metodología, podemos destacar la formación y el despliegue de los observadores, la recopilación y el análisis riguroso de la información significativa para la preparación de sus informes. Dichos procesos forman parte de la metodología de observación, independientemente del propósito de esta.

Por otro lado, la organización interna de los grupos o entidades responsables de la observación ciertamente no está comprendida en esta metodología, porque forma parte de la administración pública, o porque existen grupos de observadores coyunturales (académicos), los cuales, en el tiempo de una elección, se dedican a su observación. El control presupuestario, la administración y la rendición de cuentas de recursos públicos, por ejemplo, son obligaciones de todas estas entidades, ya sea que trabajen en derechos humanos, educación o juventud. De ello surge la necesidad de distinguir entre la administración electoral y la administración pública.

La práctica de la observación y sus exigencias

Para volver a la observación de las elecciones, la definición de su objetivo concreto y preciso implica el examen de tres aspectos fundamentales: el contexto general, las preocupaciones sociales y las diferentes etapas de la operación electoral.

El contexto consiste en el conjunto de condiciones que rodean y explican el funcionamiento de las elecciones. La autonomía o falta de ella de las instituciones electorales, el grado de participación y aceptación de los partidos políticos, los precedentes de conflictos electorales o el nivel de capacidad organizativa, así como los recursos del país, son algunos de los elementos importantes que configuran el contexto.

En este contexto general, hay preocupaciones particulares que exigen un análisis riguroso. ¿Cómo se construye el padrón electoral? ¿Cómo se selecciona a los candidatos a cargos de elección popular? ¿Cómo se garantiza la imparcialidad en las campañas o cómo se evita la manipulación de los resultados? Dependiendo del contexto, estos problemas pueden ser más o menos agudos y merecer una mayor atención de los observadores.

El proceso electoral que concluye, en principio, con resultados aceptados por todos, no es homogéneo y abarca aproximadamente 500 operaciones diferentes; ya sea la preparación del padrón electoral o la distribución del material, por no mencionar las formas de control de las campañas o la capacitación de los funcionarios de casilla. Cada una de estas operaciones es importante para la eficacia del conjunto de estas actividades, y si han de ser observadas, requieren una práctica específica.

De ahí la importancia de definir tanto el método general como los métodos específicos, en función del objetivo general de la administración electoral: participar en la consolidación de la credibilidad de las elecciones, sin la cual una administración, tan sofisticada como sea, pierde su razón de ser.

Lo que comúnmente se denomina “observación”, se refiere en realidad a dos acciones diferentes, pero a menudo indisociables. Se trata, por supuesto, de dar cuenta de las decisiones o de sus resultados (la lista de electores, por ejemplo) y también de evaluar, en un segundo tiempo, si cumplen o no con la ley electoral o, de manera general, con las normas legales vigentes.

En las grandes misiones internacionales de observación, estas dos operaciones están separadas en términos de división del trabajo: la comprobación de hechos se deja en manos de los observadores de campo en el día de la votación o los días de la campaña; la evaluación, por su parte, es realizada por especialistas en diversos campos (legal, informático, etc.) que permitirán una evaluación general en un informe o en un juicio particular que emita la misión.

En otras palabras, la observación directa en sí misma solo puede proporcionar datos que podrán ayudar a construir un entendimiento sobre el proceso. Es este entendimiento el que conforma la sustancia del informe del observador.

Un ejemplo me viene a la mente. En México, como en muchos otros países que reclaman la democracia, la principal preocupación de las autoridades es la compra y coacción del voto. Los signos son obvios: aumento del gasto social durante la campaña, distribución de despensas y tinacos en el campo, etc. Sin embargo, este acuerdo no significa ni la posibilidad de probar ante los tribunales la violación de la ley electoral en este punto específico, ni los mecanismos sociológicos tradicionales que permiten explicar la manipulación de los votos mediante estas acciones.

Muchas organizaciones de observadores se han centrado en “observar” la manipulación; ninguna ha producido un análisis detallado y riguroso del efecto de las propuestas de compra o coacción sobre el resultado de la votación, único hecho que interesa a los tribunales de justicia.

También podemos mencionar el voto electrónico (a distancia). ¿Cómo puede un observador sacar una conclusión sobre el secreto del voto y su individualidad, siendo estos dos principios el fundamento del sufragio universal tal como lo conocemos?

A partir de estos dos ejemplos, podemos plantear la siguiente hipótesis: la complejidad del proceso electoral implica un papel cada vez más importante de la evaluación y el análisis a expensas de la observación directa. Si esta hipótesis tiene sentido, la conclusión es sencilla: las elecciones son operaciones complejas y altamente profesionales. La observación también deberá ser más profesional si quiere desempeñar un papel de acompañante exigente del proceso electoral.

La observación como actividad no partidista al servicio de la política

Es aquí donde podemos introducir otra dimensión, la de la política. Debe quedar claro que este concepto no se refiere a políticas partidistas ni a políticas gubernamentales. Se trata de la capacidad de construir los grandes ejes del interés colectivo y nacional. En muchos aspectos, las elecciones son una parte central de esta construcción, se trate de la campaña electoral que permite, en principio, discutir las grandes orientaciones de este interés o de la participación de los partidos políticos, que son la expresión del carácter plural de la sociedad.

Si la observación debe acompañar las elecciones, también tenemos derecho a preguntar cómo contribuye a esta dimensión política. En el caso de México en 2018, tuvimos un primer elemento de respuesta: los observadores desarrollaron dos ejes de trabajo (estos no son los únicos, pero sí los más significativos). Por un lado, la vinculación con los partidos políticos y los candidatos para la facilitación del diálogo entre ellos y las autoridades electorales; por otro lado, la movilización de la sociedad civil para participar en las elecciones, pero sobre todo, en la vida política misma. Por esta razón, a menudo es difícil distinguir entre la ampliación del sufragio, la politización y la democratización.

En un país como México, con sus instituciones electorales autónomas, con su tradición de movilización y activismo social, el papel de las organizaciones electorales es aún más importante, porque el mensaje que llega a los partidos y sus candidatos es el siguiente: la opinión pública activa ejerce una vigilancia constante sobre sus actividades, espera el cumplimiento de sus promesas electorales y exige de manera permanente el respeto a las instituciones y al pluralismo.

¿Cuál es la metodología para este enfoque? Me parece que podría articularse en torno a tres ejes: el primero, conocido por todas las ong, es definir claramente su propia contribución a la definición del interés nacional; el segundo, dar a conocer y reconocer esta contribución en el ámbito nacional o internacional, y finalmente, movilizar recursos humanos y materiales para el funcionamiento interno y la proyección externa.

Al focalizarse en esta última tarea, que es comprensible, las organizaciones corren el riesgo de desviarse de su objetivo principal y perder así su propia identidad institucional. Hoy en día, en un país como México, estas organizaciones disfrutan de una real ventaja: el apoyo y la comprensión de las autoridades electorales. Para ello, requieren estar a la altura del desafío, el que las organizaciones logren reducir la brecha entre las autoridades electorales y los partidos, la movilización de los esfuerzos ciudadanos para construir la política en el sentido noble del término, y la participación permanente en los debates sobre el rigor de la información, sobre la verdad como fundamento de una vida colectiva y solidaria.

* Fue coordinador del Proyecto de Asistencia a la Observación Electoral del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en México.
error: Alert: Content is protected !!