You dont have javascript enabled! Please download Google Chrome!
Miércoles 18 de julio de 2018

El cisma del sismo #19S

Carlos A. Flores Vargas*

“Nunca será posible aceptar lo ocurrido, hacer un pacto con el sismo, decir: lo que pasó pasó y es mejor olvidarlo; pudo haber sido peor, después de todo no son tantos los muertos”, escribió José Emilio Pacheco en 1985 (Las ruinas de México).

Hace poco más de seis meses, el 19 de septiembre de 2017, el Servicio Sismológico Nacional (SSN) reportó un sismo de magnitud 7.1 localizado en el límite estatal entre Puebla y Morelos, a 12 km al sureste de Axochiapan, Morelos y a 120 km de la Ciudad de México.1 El movimiento ocurrió a las 13:14:40 horas y se sintió con fuerza en el centro del país. Las coordenadas del epicentro fueron 18.40 latitud N y -98.72 longitud W a una profundidad de 57 km.

Varios estados del país resultaron afectados, destacadamente la Ciudad de México, Morelos y Puebla, además de Chiapas y Oaxaca, que ya habían sufrido el embate del sismo del 7 de septiembre.

En la capital del país, el trauma del terremoto de 1985 resurgió del inconsciente de miles de personas al volver a sentir la fuerza de la naturaleza un 19 de septiembre, tal como hace 32 años. De nueva cuenta, un temblor sacudía a decenas de miles, a millones que con miedo fuimos presa de la certeza sísmica de nuestra ciudad; nos enfrentamos a la tragedia; vivimos a flor de piel el sufrimiento, el llanto, el dolor y la muerte; la ciudadanía mostró una gran solidaridad que ya extrañábamos y no quisiéramos que se evaporara en esta época de sequía; el aplauso, el grito de “está vivo, está viva”, el silencio, el himno nacional y el puño en alto se hicieron presentes. Enfrentamos el duelo y comenzamos la recuperación, reconstrucción y transformación de cada calle, colonia y ciudad; se alzó la exigencia de respuestas inmediatas a las instituciones del Estado y a las autoridades gubernamentales; nos quedamos sin palabras para reconfortar a quienes perdieron a un familiar, un amigo, un vecino; hemos tenido una oportunidad para mostrar nuestra capacidad de recuperarnos de la adversidad y trazar un horizonte de largo aliento; sacamos del baúl un vocabulario que nos negamos a pronunciar hasta que vuelve la desgracia: acopio, brigada, canino (binomio), derrumbe, epicentro, falla, guantes, héroes, información, jóvenes, kiosco, losa, maquinaria, niños, oración, pala, rescatista, sismo, topo, urgencias, voluntario, yeso.

Sin embargo, esta vez nos levantamos de los escombros, no salimos de las ruinas. Nos recibe un Estado en germinal democracia, como dice el clásico, ciertamente desconcertado pero nunca paralizado; no nos aplasta un Estado autoritario. Hay colaboración entre sociedad y autoridades, no ausencia de gobiernos. Vivimos un pluralismo vibrante, no existe más el México monocromático. Buscamos y rescatamos a vivos y muertos sin especular, sabemos que en la ciudad fallecieron 228 personas, no lloramos sobre enormes fosas comunes ni calculamos si habrán desaparecido mil o diez mil personas. Nos arrolla una avalancha de información en las redes sociales y digitales, no recibimos información exclusiva del micrófono de un periodista o de una pantalla de televisión. Nos apropiamos de cada lección por simulacro practicado durante tres décadas, no nos sacudimos sin conciencia. No nace la sociedad civil, se reactiva en medio del malestar público y desencanto con la vida pública. Hay derechos y libertades ganados desde hace 32 años; el centro de la atención son las personas.

En este contexto, la reconstrucción de la Ciudad de México se convirtió en el asunto más relevante de la agenda del gobierno de la capital desde aquel 19 de septiembre. Como lo anunció el jefe de gobierno Miguel Ángel Mancera en la presentación del Programa para la Reconstrucción: “a pesar de la gravedad de las circunstancias, la Ciudad se mantuvo en pie y la ayuda de la sociedad y del gobierno fue masiva y también, inmediata. No escatimamos una sola medida, una sola acción, ni una sola iniciativa para salir rápidamente de la emergencia. Creamos una batería de tareas y de gestiones… que conforman el escenario previo para transitar a un segundo: el escenario de la reconstrucción, que es el más difícil, pues es en él se resumen todos los problemas viejos, previos al 19 de septiembre, y los problemas creados por el temblor, además, en un ambiente social cargado emocionalmente, de temores, tristezas, pero también de esperanza”.2

El inicio de la reconstrucción de la CDMX

Como consecuencia de la sacudida del 19 de septiembre, fallecieron 228 personas. Se estima que hay más de cien mil personas afectadas (los censos aún no concluyen). Se tiene registro de daños en más de 30 mil viviendas, entre edificios y casas por toda la ciudad, 2,603 negocios afectados; 209 inmuebles históricos, 56 instalaciones deportivas, cuatro hospitales y cuatro mercados requerirán reconstrucción total. Las grietas dejaron también decenas de calles y avenidas intransitables. El sismo acentuó las carencias de la infraestructura hidráulica con más de 2,600 fugas, varios kilómetros de red de agua y drenaje dañados. Los más vulnerables son adultos mayores y mujeres. Las demoliciones se cuentan por decenas y los reforzamientos de inmuebles, aún más.

Luego de creada la Comisión para la Reconstrucción, Recuperación y Transformación de la Ciudad de México en una ciudad cada vez más resiliente (26 de septiembre de 2017), así como la Ley para la Reconstrucción (1º de diciembre de 2017), y de haber escuchado a cerca de seis mil personas afectadas por el sismo, se presentó el Programa para la Reconstrucción de la capital del país (12 de enero de 2018).

Dicho Programa partió de lo esencial, insisto: escuchar a las personas afectadas. Como afirmaba el comisionado para la Reconstrucción, Ricardo Becerra Laguna: “levantamos padrones para diversas ayudas sin consideración clientelar; ofrecimos y otorgamos centenas de dictámenes, planos de predios; gracias a los bomberos, rescatamos pertenencias vitales; informamos todo lo que fuera posible para que los muchos grupos de damnificados entendieran el cauce que les ofrece la ley; varios emprendieron estudios de suelo en sus predios; escuchamos a los expertos; fuimos una ventanilla que distribuía las muchas exigencias a nuestras secretarías; atendimos cientos de asesorías; establecimos los primeros contactos con las desarrolladoras inmobiliarias, cámaras, empresarios, embajadas dispuestas a ayudar a la Ciudad; modificamos la Plataforma CDMX y un largo etcétera”.3 Todo ello hizo posible que el Programa se constituyera en una política general que incluyó:

  1. Un detallado análisis de la ley y los programas que se desprenden directamente de ella.
  2. Las iniciativas que el gobierno de la Ciudad tomó desde el 19 de septiembre hasta la fecha de presentación del Programa y que por su dimensión y alcance pueden convertirse en programas esenciales, pilares originarios de la reconstrucción.
  3. Y finalmente, los programas y las iniciativas que la propia Comisión, el Comité Científico y el Consejo Económico y Social han propuesto para subsanar huecos y fortalecer las acciones.

El resultado de este análisis fue un conjunto de 45 programas para una acción masiva. “En todos ellos, subyace un principio esencial: la reconstrucción de un mejor futuro para la Ciudad de México va más allá de una mera reparación. La construcción de un mejor futuro es una responsabilidad del Estado, pero no excluye a nadie: instituciones y centros de investigación, fuerzas políticas y organizaciones sociales, ciudadanía, iniciativa privada, empresas y cooperación nacional e internacional. Se trata de un magno esfuerzo que puede convertirse en un acuerdo de lo fundamental que irradie a toda la nación”.4

Las grandes directrices de la reconstrucción de la Ciudad de México se resumen en las siguientes:

  1. Centrar la reconstrucción en los derechos de las personas.
  2. Alinear las acciones de reconstrucción a los principios de la Constitución Política de la Ciudad de México.
  3. Generar acciones extraordinarias ante una situación extraordinaria.
  4. Reconocer los límites físicos de la Ciudad de México: reconciliación de la ciudad con la sustentabilidad hídrica.
  5. En lo posible, no generar desplazamientos humanos (recuperación de la vida barrial).
  6. Aprovechar y unirnos a las energías sociales y los deberes de solidaridad que mostró la población de la Ciudad.
  7. Una reconstrucción para la inclusión de género y de grupos vulnerables, especialmente entre los adultos mayores.
  8. La reconstrucción deberá heredar una ciudad más segura que la que teníamos el 18 de septiembre (mediante nuevos protocolos de seguridad humana y nuevos principios y reglas de construcción).
  9. Una reconstrucción para igualar las condiciones sociales y económicas en la Ciudad de México.
  10. Modernización radical de los servicios vitales de la Ciudad.
  11. Desatar procesos participativos y transparentes a todo lo largo del proceso.

Todo iba bien hasta que, como explicó Ricardo Becerra,

Los problemas empezaron en otra parte, en el Decreto de Presupuesto 2018. Allí apareció una palabra (autorizar) y un breve diseño de asignación del gasto que discrepa de aquel que ordena la ley.

Así comenzó una discusión entre la Comisión y un grupo de la Asamblea Legislativa. Un partido político incluso tuvo la puntada de llevar el caso a la Suprema Corte.

Por nuestra parte, pedimos simplemente una aclaración a la Asamblea, en la que se pudiera abrir una ventana de conciliación. Pasaron dos semanas para obtener una respuesta. Pero, incluso, los propios asambleístas publicaron desplegados en los diarios, donde se comprometían a no seguir el camino trazado por el Decreto… y sin embargo, en la noche del jueves 15, aterrizaron en mi escritorio dos oficios en los que me informaban que los recursos ya habían sido decididos en la Asamblea e incluso, muy categóricos, le decían al Jefe de Gobierno que “la utilización de los fondos públicos… debe ser considerada como agotada desde el 29 de diciembre del año pasado”.

Esto es lo que me hizo renunciar. ¿Para qué censos; para qué Programa; para qué el trabajo de una Comisión? ¿Lo ven? Dentro del nuevo esquema que se aprobó los últimos días de diciembre, la Comisión de Reconstrucción se volvió irrelevante.5

Con la renuncia del comisionado para la Reconstrucción y luego, en distinto momento, de los subcomisionados Mauricio Merino, Katia D’Artigues, Fernando Tudela, Xyoli Pérez Campos, Loreta Castro y Adriana Lobo, comenzó un replanteamiento del destino de la reconstrucción y del uso de recursos para ese propósito.

Las consecuencias

La Ciudad de México enfrenta un reto mayor con la reconstrucción. En su último informe la Comisión original destacaba que, a diferencia de lo que dejó el sismo del 19 de septiembre de 1985, en 2017 era difícil hablar de una “zona cero”. Por el contrario, dadas la extensión, diversidad y dispersión de los daños nos encontramos ante una situación compleja que exige una atención diferenciada y extensa que va de sur a norte, desde la delegación Tláhuac hasta la Gustavo A. Madero.

A la extensión y dispersión geográfica del daño se agrega una diferenciación socioeconómica de la población afectada; desde las personas que ya vivían en situación de alta vulnerabilidad hasta aquellas cuya condición previa trascendía el promedio por ser parte de las clases media y media alta en la Ciudad.

Todo parece indicar que el terremoto y sus daños afectaron especialmente a los adultos y adultos mayores, y entre ellos, sobre todo a las mujeres. Aunque esta afirmación no podía ser conclusiva sino hasta después de los resultados de los censos, después de más de 185 recorridos, la Comisión pudo constatar en el terreno que la mayor parte de los damnificados son mujeres y adultos mayores. Si esto se confirma, decía la Comisión, tendrá una consecuencia decisiva para la configuración de los programas que deben diseñar esta Comisión y el conjunto del gobierno de la Ciudad.

La Comisión advirtió otra característica de los daños causados por el sismo del 19 de septiembre: una histórica y muy marcada irregularidad en la posesión de la vivienda en la Ciudad; la falta de documentación legal que acredite la propiedad de las casas y departamentos es un problema clave que debe comprender la política de reconstrucción. Para decirlo de otra forma: la reconstrucción debe verse como una oportunidad de regularización de la vivienda en la Ciudad. En un hecho muy importante que acredita la Procuraduría Social (Prosoc), existe un fuerte impulso para la organización vecinal. Decenas de solicitudes para el registro de asociaciones de vecinos se presentaron en los últimos tres meses. Este valioso resorte participativo debe ser tomado en cuenta e incorporado plenamente en las siguientes etapas de la reconstrucción.

La Ciudad enfrenta un daño extendido y diferenciado; no obstante, del análisis de los edificios y casas más dañados, puede afirmarse que el 60 por ciento de los daños mayores se concentra en 12 colonias (y algunas otras aledañas) en la Ciudad de México.

Hasta antes de la salida del comisionado y subcomisionados, la Comisión había detectado cuatro grandes necesidades que exigen una pronta respuesta y movilización del gobierno.

En primer lugar, el efecto perturbador en la vida cotidiana de las personas obliga a proponer y replantear el programa de ayuda de rentas para la población damnificada, muy especialmente para los afectados adultos mayores y madres solteras.

En segundo, la certeza jurídica sobre el destino de sus inmuebles (dictámenes profesionales elaborados conforme a la Ley de Reconstrucción).

En tercero, la anulación del riesgo que hoy preocupa y amenaza a gran cantidad de personas a lo largo de la ciudad, debido a edificios que no se colapsaron pero que amenazan a viviendas o calles contiguas (programa de demoliciones).

Y en cuarto lugar, por los cambios históricos, los acumulados y los que causó el terremoto del 19 de septiembre en el suelo de la Ciudad de México, es preciso contar con nuevos estudios de carácter general y de carácter particular sobre el suelo en la capital. Esto resulta clave para una nueva zonificación (que forma parte del Programa) y sobre todo para reconocer las condiciones constructivas de los predios y manzanas sobre los cuales se edificarán nuevas construcciones o bien se reforzarán las que fueron dañadas por el sismo.

Sin duda, hay muchas diferencias entre la reconstrucción de 1985 y la de 2017, pero si una es crucial, es que ahora nos movemos en un nuevo contexto extraordinariamente plural y democrático, que obligadamente debe respetar y caminar con los derechos humanos consagrados ya en la Constitución federal y en la Constitución de la Ciudad. Esta condición democrática determinará el futuro, el tipo y la calidad de nuestra reconstrucción.

Reconstruir en democracia exige comprender este nuevo contexto:

  1. Poner en primer orden los derechos de las personas afectadas.
  2. Salvaguardar cada derecho y libertad de que gozan los capitalinos, incluido el derecho a impugnar decisiones de gobierno relativas a las demoliciones, cuya consecuencia hace más lento el proceso reconstructivo, y la libertad para ejercer la protesta de uno o varios damnificados.
  3. Asumir la vida en pluralidad; ninguna fuerza política por sí sola es capaz de lograr una reconstrucción, se requieren el diálogo y el acuerdo de todos.
  4. La división de poderes obliga a que cada cual haga lo que le toca en estricto cumplimiento de sus atribuciones; los legisladores, aprobar la Ley para la Reconstrucción y no arrogarse facultades ejecutivas para ordenar el gasto de recursos.
  5. La ciudadanía es más activa, mejor informada y más vigilante; es cada vez más difícil hacer cosas pensando que nadie se dará cuenta, como el Decreto de Egresos 2018.
  6. La rendición de cuentas y la transparencia elevan el nivel de exigencia a los gobiernos, no hay posibilidad de hacer cosas en lo “oscurito” sin asumir consecuencias.
  7. Y quizá lo más importante, hacer de la política para la reconstrucción un trazo de bases ciertas y programas no tecnocráticos ni populistas, pero sobre todo no clientelares.

Hasta hoy, han dejado el cargo o están en vía de dejarlo diez jefas y jefes delegacionales, además de varios miembros del gabinete y el propio jefe de gobierno. La elección del próximo 1º de julio permitirá a los capitalinos ejercer su derecho a votar y allí conoceremos, en parte, las consecuencias políticas del sismo del 19 de septiembre.

* Ex coordinador general y secretario técnico de la Comisión para la Reconstrucción de la Ciudad de México.
1 Sismo del día 19 de septiembre de 2017, Puebla-Morelos (M7.1). Reporte especial del Servicio Sismológico Nacional.
http://www.ssn.unam.mx/sismicidad/reportes-especiales/2017/SSNMX_rep_esp_20170919_Puebla-Morelos_M71.pdf.
2 Programa para la Reconstrucción, pág. 5, en: http://www.reconstruccion.cdmx.gob.mx/plan-de-reconstruccion-de-cdmx.
3 Becerra Laguna, Ricardo. “Pequeña explicación de una renuncia”, La Crónica, 21 de febrero de 2018.
4 Programa para la Reconstrucción, pág. 6, en: http://www.reconstruccion.cdmx.gob.mx/plan-de-reconstruccion-de-cdmx.
5 Becerra Laguna, Ricardo. “Pequeña explicación de una renuncia”, La Crónica, 21 de febrero de 2018.

 

error: Alert: Content is protected !!