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Miércoles 20 de junio de 2018

Editorial Junio 2018

Faltan 30 días

Comienza el último tercio de las campañas federales con la confirmación
de que el puntero en todas las encuestas es Andrés Manuel López Obrador,
a quien partidarios y adversarios dan como el más probable ganador.
Y es que si atendemos a la demoscopia mexicana, tan vapuleada en su credibilidad
y certeza, no queda sino rendirnos ante el pronóstico de una jornada comicial que
el domingo 1º de julio habrá de concluir con un triunfo apabullante del tabasqueño,
que por fin verá cumplido su anhelo y realizado su sueño. La tercera será la vencida.
Sin embargo, debemos dar espacio a la incertidumbre. Insistir en que, parafraseando
a François Mitterrand, las preferencias electorales de los ciudadanos son como el viento,
cambian de dirección varias veces al día y en cosa de minutos. A las interrogantes y dudas
que sobre la calidad de las encuestas dejamos planteadas en la anterior edición
de Voz y Voto, hoy sumamos el resultado que arroja nuestro modelo prospectivo,
con datos de encuestas al 21 de mayo de este año.
Aunque todas las encuestas dan al candidato presidencial de Morena una ventaja
que parece irremontable, la inercia del pasado provoca que en nuestro modelo prospectivo,
en particular en uno de los escenarios considerados, aún tengamos intersección
de los rangos de votación de los candidatos que ocupan primero y segundo lugar.
Igualmente, a José Antonio Meade, hasta ahora ubicado en tercer lugar, un ligero
soplo de viento podría colocarlo en la disputa por la victoria.
Un escenario de resultado cerrado, o incluso de cambio de dirección de las preferencias
del electorado, no sería una novedad. En 2000 el candidato del PRI llegó al primer debate
con una cómoda ventaja que perdió a partir de ese día, para finalmente salir derrotado.
Seis años más tarde, el entonces candidato del PRD, hoy de Morena, se ufanaba de
su ventaja y aseguraba que su gallo no había perdido ni una pluma. El anticipado gozo
se fue al pozo cuando en las encuestas Felipe Calderón lo igualó
y en las urnas lo superó por medio punto.
Hace seis años, encuestas que pretendieron ser novedosas tanto por su metodología
como por su frecuencia, otorgaban al candidato del PRI una preferencia superior
a la mitad del potencial electorado, pero la victoria de Enrique Peña Nieto se
dio por un margen que, si bien resultó incuestionable, lejos estuvo de la holgada
diferencia que la demoscopia de ese entonces anunciaba.
En el caso de que el escenario de competencia cerrada y resultado incierto se haga realidad,
la renuncia de Margarita Zavala a su candidatura presidencial puede convertirse en un
hecho portador de futuro. Es decir, en suceso que produce un cambio de la tendencia
hasta ahora observada. No se trata de la suma o resta de las preferencias que las encuestas
previas a la renuncia mostraban en favor de la ex primera dama, sino del impacto que
tendrá el destino de los tres o cuatro puntos de intención de voto sobre los que
tenga alguna capacidad de influir.
Poco importa, para estos efectos, el eventual llamado que la ahora ex candidata haga
a sus presuntos seguidores o el compromiso personal que llegue a establecer con
alguno de los dos candidatos que le son afines. Lo que importa es que en una contienda
cerrada, como la que todavía puede darse, esos puntos podrían resultar decisivos.
Voz y Voto no hace un augurio, solo abre la puerta a la incertidumbre propia de la democracia.
Se trata de dos de los tres escenarios imaginables para la noche de verano
del primer domingo de julio, nada más, pero nada menos.
Faltan 30 días, cada uno con las mismas horas y minutos que los 60 previos.

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