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domingo 20 de enero de 2019

Editorial Enero 2019

Palabras y hechos

Arrancó el nuevo gobierno con tan frenético ritmo que hace casi imposible llevar
registro de las acciones realizadas, las promesas lanzadas y los compromisos adquiridos.
Desde el día de su toma de protesta, el presidente compite consigo mismo en lo que al
orden y la jerarquía de sus actos y palabras se refiere. Al largo discurso en el
Palacio Legislativo siguió otro, aún más largo, en el Zócalo capitalino, en donde entre
copal e incienso al nuevo Tlatoani le fue entregado el bastón de mando por supuestos pueblos indígenas, representados entre otros por la actriz y senadora Jesusa Rodríguez.
En sus primeros 17 días como titular del Poder Ejecutivo de la Unión, Andrés Manuel
López Obrador ha hecho más anuncios y establecido más compromisos de acciones,
obras y gastos que lo alcanzado en un año o más por sus antecesores. Aunque es sabido
que prometer no empobrece, las expectativas que está despertando el presidente pueden ser un bumerán que a corto plazo se revierta en contra de la credibilidad del gobierno.
No sabemos aún si lo que estamos viendo corresponde a un cambio de régimen
político o es la manifestación escenográfica de lo que Daniel Cosío Villegas llamó,
en los inicios del gobierno de Luis Echeverría, “el estilo personal de gobernar”.
Cambiar el régimen político supondría una serie de transformaciones que no están
en puerta, mucho menos a la vista. Más bien se trata, en una primera impresión, de un déjà vu, una especie de repetición de historias ya vividas, que creímos superadas, del presidencialismo extremo, del Ejecutivo como supremo dador de favores y milagros.
Para cuando esta edición de Voz y Voto esté en manos de nuestros lectores, habrá
pasado en la Cámara de Diputados la aprobación de la Ley de Ingresos y del Presupuesto
de Egresos para 2019, que en general no causó mayores sobresaltos en los mercados,
aunque produjo muchas pequeñas tormentas, focalizadas en ámbitos universitarios
y en los organismos de atención a las cuestiones de género, a la defensa de
los derechos de las mujeres. Quizá la mejor caracterización del primer paquete fiscal
del gobierno lopezobradorista sea decir que la inercia impuso su fuerza.
Primer frentazo de realidad. Para mejores tiempos quedan las ilusiones de que el relevo
en el gobierno concede, como por arte de magia, o de votos, cambios positivos
en las condiciones de las finanzas gubernamentales o de la economía en su conjunto.
La segunda mantendrá en 2019 el mediocre comportamiento que la ha distinguido
en los tres lustros anteriores, en tanto que las primeras cambiarán en algunos rubros,
singularmente en los recursos destinados a la asistencia social y a la seguridad pública.
En este enero arranca en el INE el registro de intención de las organizaciones
de ciudadanos que pretenden crear y registrar nuevos partidos políticos nacionales;
el proceso de este año se distingue de lo vivido en el pasado por el estado de shock
en que se encuentran los partidos opositores y la supuesta hegemonía de un nuevo partido
–Morena– que lejos está de observar las prácticas y cumplir las formas
que conciernen al manual de procedimientos partidistas.
Nuevo gobierno, nuevo discurso, nuevas prácticas.
Aunque en la memoria surja la chispa que alerta:
eso ya lo vimos.

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