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sábado 24 de agosto de 2019

e-voto

Yuri Beltrán*

La tecnología no es nada. Lo importante es tener fe en la gente.
Que sean básicamente buenas e inteligentes y,
si les das herramientas, harán cosas maravillosas con ellas.

Steve Jobs

En días pasados se celebró el Foro para la Reforma Electoral y del Estado en la Cámara de Diputados, donde legisladores y autoridades electorales vertieron reflexiones de suma trascendencia a propósito de la eventual reforma político-electoral que podría tener lugar en el futuro. Entre sus particularidades, se advierte un cambio institucional que aspira a concordar con el paradigma de austeridad de las instituciones del Estado, lo cual resulta factible en el ámbito electoral si, entre otras cosas, se considera la simplificación de algunos procesos, sin que ello signifique sacrificar el cumplimiento de los principios rectores de la función electoral.

Una de las propuestas que se puso sobre la mesa en más de una ocasión fue implementar un sistema de votación electrónica que, por un lado, tenga la capacidad de robustecer la confianza ciudadana en los procesos electorales y, por otro, que en el corto plazo represente un ahorro significativo en el presupuesto de las instituciones electorales. Si bien ello es posible, merece la pena detenerse un poco para realizar algunas consideraciones necesarias en torno a las repercusiones que podría tener un cambio tan audaz en el modelo de votación, que se ha consagrado desde hace más de 30 años en nuestro país.

¿Qué es el voto electrónico?

En los últimos años, la relación entre tecnología y democracia ha cobrado especial relevancia, haciéndose más estrecha cuando se presenta en los procesos electorales. Las innovaciones tecnológicas han coadyuvado a la realización de elecciones con mayores niveles de certeza, dotando de eficiencia a los principios del voto. De esta forma, esta relación virtuosa ha decantado en comicios mucho más expeditos y confiables. En otros tiempos no era factible siquiera pensar, por ejemplo, que hubiese mecanismos de resultados preliminares a pocas horas del cierre de las casillas que pudiesen arrojar estimaciones confiables; que los resultados definitivos de una elección estuvieran disponibles la misma semana de los comicios o que la ciudadanía residente en el extranjero tuviera la oportunidad de emitir su sufragio de manera libre. Con el voto electrónico esto es posible y puede potencializarse; representa la posibilidad ciudadana de sufragar empleando los recursos tecnológicos.

Cuando se habla de automatización del voto se hace referencia a dos modalidades. Por un lado, la presencial, es decir, sufragar directamente en casillas por medio de máquinas tecnológicas, que por lo regular son urnas electrónicas, las cuales pueden o no estar conectadas a internet. Por otro lado, la remota, de este modo la ciudadanía vota desde computadoras, teléfonos celulares, televisiones digitales, tabletas o cualquier dispositivo que tenga conexión a internet, cuya particularidad hace posible que la ciudadanía vote desde cualquier lugar donde se encuentre. De hecho, esto es lo que distingue a una modalidad de la otra.

En ambos casos, resulta indispensable que sean el resultado de un proceso concienzudo y plenamente auditable, fundado sobre todo en generar confianza. Por ello, su construcción deviene de un desarrollo acompañado, de forma desable, por los actores políticos y el escrutinio público, en el sentido más amplio de término. En otras palabras, la implementación de sistemas de esta categoría, requieren contextos con altos grados de institucionalidad, en los que la confianza y la transparencia sean la base para garantizar que a posteriori no se produzcan muchos cuestionamientos ni bajos niveles de certidumbre, lo cual implica –entre otras cosas– repensar la forma en que los actores deben involucrarse.

No se debe perder de vista que, en contextos de baja credibilidad en las instituciones democráticas, así como en la organización de los procesos electorales, puede significar un reto mayúsculo si se implementa como mecanismo único. De acuerdo con el Latinobarómetro 2018, en México 32% de la ciudadanía tiene confianza suficiente en la institución electoral. Por ello, es fundamental generar mecanismos con alto blindaje para cumplir con resultados transparentes e incuestionables. El voto electrónico, en cualquiera de sus modalidades, además de un reto de implementación tecnológica, tiene el reto inherente de la legitimidad y la necesidad de realizarse de forma paulatina.

Experiencia internacional con voto electrónico

De acuerdo con IDEA Internacional, existen tres condiciones necesarias que debe proveer un sistema electrónico de votación a la ciudadanía, sin importar si es presencial o remoto: eficiencia en el sistema de automatización, es decir, que no sea un mecanismo que requiera mayor complejidad que el tradicional; que genere amplia confianza en el respeto del voto (procurando erradicar ideas como la del fraude o la manipulación tecnológica) y que haya resultados inmediatos.

Asimismo, algunos especialistas han encontrado que, si bien la tecnología puede parecer costosa –especialmente en la etapa de diseño e implementación–, al mediano plazo es capaz de representar un ahorro considerable. Sin embargo, también es importante considerar que la inversión de mayor calado es la vinculada con la adquisición y actualización del sistema de automatización del sufragio.

Son muchos los países que han contemplado la posibilidad de aplicar el voto electrónico (suman más de 40),1 tanto en procesos electorales como en mecanismos de participación ciudadana, pero esta cifra se reduce de manera considerable al revisar aquellos que ya lo usan: Bélgica, Brasil, Estados Unidos, Estonia, Filipinas, India y Venezuela. Asimismo, son más los países que han experimentado con la modalidad presencial que aquellos donde se emplea el voto electrónico remoto; esto se debe a que la primera es capaz de brindar más garantías de seguridad que la segunda. Igualmente, en muchos de ellos se han registrado experiencias locales (estatal o regional) y son contados los casos donde se automatizó el sufragio en elecciones nacionales.

En Colombia, Costa Rica, Portugal y Suiza se realizaron pruebas piloto en sus elecciones con votación electrónica. En Alemania, Corea del Sur, Ecuador, Finlandia, Gran Bretaña, Holanda, Irlanda y Portugal se automatizó el sufragio en uno o dos procesos electorales. En términos generales, la experiencia en cada uno de estos países ha sido distinta y muy característica, de modo que los aciertos e infortunios en su aplicación impacta sobremanera en la perspectiva del tema.

Entre los casos exitosos y más populares de voto electrónico se encuentran Brasil y la India. El primero tiene más de dos décadas utilizando urnas electrónicas, que hoy por hoy se caracteriza por el registro biométrico, lo cual es una medida que impide la suplantación de identidad, sin vulnerar la secrecía de la votación. Asimismo, arroja resultados confiables a pocas horas del cierre de las casillas, lo cual dota de mayor certeza a las elecciones. Así, con casi 25 años de implementación, ha sido un recurso aceptado por la ciudadanía brasileña.

El segundo caso representa una de las democracias más grandes del mundo. Sólo en las elecciones generales de 2019 se registraron cerca de 900 millones de personas para votar. Por el tamaño de la lista nominal, la votación se dividió en siete fases, celebradas entre el 11 de abril y el 19 de mayo de este año, con una participación de 67.11% (cerca de 603 millones de votantes). Gracias al sistema de urna electrónica utilizado este el país, los procesos de escrutinio y cómputo pueden realizarse conforme a los valores de la función electoral.

La simplificación de dichos procesos es de suma relevancia. Como un caso espejo podemos mencionar la elección presidencial de Indonesia 2019. Es el cuarto país con la mayor población en el mundo, pero con un territorio muy limitado, y una densidad poblacional de 135 habitantes por kilómetro cuadrado. En el periodo de hace dos meses, la Comisión General de Elecciones registró la lista nominal más grande de su historia: 194.8 millones de ciudadanos inscritos, de los cuales votó 81% del electorado (158 millones). Algunos especialistas aseguran que fue la jornada electoral más complicada del mundo: en el mismo día se instalaron cerca de 800,000 casillas, se eligieron a más de 245,000 candidatos para 20,000 curules, además del Ejecutivo federal. Alrededor de seis millones de trabajadores estuvieron involucrados en la elección; lamentablemente, con la complejidad del escrutinio y cómputo, murieron cerca de 311 personas y 2,232 enfermaron de gravedad. En otras palabras, el modelo electoral de un país muy poblado y altamente participativo atentó contra la integridad física de muchos ciudadanos.

Respecto a la modalidad remota, el país ejemplo por excelencia es Estonia, fue el primero en el mundo en implantarlo para elecciones legislativas, tanto en el interior del país como en el extranjero. En catorce años (2005-2019) ha celebrado diez elecciones en las que se ha contemplado el voto de sus ciudadanos mediante internet (cuatro elecciones locales, cuatro elecciones parlamentarias y dos más para el Parlamento Europeo). Al día de hoy, se han recibido más de 1.8 millones de votos por este medio, siendo 2019 el año en el que se recibió la mayor cantidad de votos electrónicos (247,000, equivalente a 30.45%).

Indicadores internacionales

Toda vez que se instituya un mecanismo electrónico de votación –sea presencial o remoto– es pertinente realizar una consideración de índole técnica: si el desarrollo de dicho mecanismo es de elaboración institucional propia o si es producto de alguna licitación o invitación a alguna empresa. Por ejemplo, para la votación de la ciudadanía de Virginia del Oeste que vive en el extranjero, se diseñó una aplicación basada en la tecnología blockchain2 (alto grado de encriptación) mediante un diseño realizado por una compañía particular (Voatz), en el que se comprobó la identidad del elector por concordancia biométrica con la fotografía de la identificación, comparada con una selfie. Debido a la naturaleza del voto de la ciudadanía de Estados Unidos en el extranjero, regulada por la UOCAVA (Uniformed and Overseas Citizens Absentee Voting Act Overview), se recibieron 147 votos, de 183 ciudadanos registrados (80%).

Sin embargo, existen estándares internacionales para poner en funcionamiento cualquier modo electrónico de votación, los cuales son condiciones necesarias para  generar confianza y certeza. Así, organismos como los IFE, IDEA y la propia Comisión de Venecia han determinado el piso mínimo de seguridad para un sistema de votación electrónica, entre las que destacan las siguientes:

Autentificación. Imposibilidad de suplantación la identidad

Fiabilidad. Imposibilidad de cambiar los resultados ni la emisión de un solo voto

Anonimato. Proteger la identidad del votante y sin posibilidad de vincular un voto con un elector

Neutralidad. El sistema no debe sugerir alguna tendencia del posible voto

Igualdad de acceso. Todo ciudadano pueda acceder al sistema

Seguridad. Un sistema con las suficientes medidas para garantizar la imposibilidad de intrusión

No coacción. Deben existir elementos que impidan la coacción, uno de ellos es la posibilidad de cambiar la intención del voto en cualquier momento

Además, resulta recomendable el involucramiento de auditores que validen el sistema, quienes deben ser ajenos a los intereses partidistas, así como a la institución electoral; por último, la realización de simulacros públicos debe demostrar la eficacia del sistema.

Sin embargo, el solo hecho de que el sistema sea eficaz no es una condición sine qua non para fortalecer la confianza ciudadana; incluso, hay estudios académicos que proponen el cambio paulatino de paradigma de votación. Por ejemplo, el MIT (Massachusetts Institute of Technology) desde el año 2000 cuenta con un programa bautizado como Voting Technonoly Project, el cual busca desarrollar mejores tecnologías de votación para optimizar la integridad de la administración electoral y profundizar la investigación científica en estas áreas: desarrollar mejores estándares de sistemas de votación y prácticas de prueba; ampliar nuevos y más eficientes procedimientos de auditoría poselectorales; examinar formas para hacer que el proceso de registro de votantes sea más seguro y accesible; perfeccionar las tecnologías de votación, etcétera.

Entre sus hallazgos más relevantes descuellan los siguientes: los votantes que han sufragado con boletas, prefieren hacerlo de la forma tradicional. Sin embargo, en la medida que se utilicen mecanismos electrónicos, éstos serán la opción para participar políticamente por medio del sufragio. Retomando el ejemplo de Estonia, en la primera ocasión que se implementó el voto por internet en 2005, 1.18% de los votantes lo hicieron mediante esta vía. Para la elección de 2019, 43.37% de ellos utilizó el voto por internet, esto confirma que la confianza en un mecanismo de votación radica esencialmente en la frecuencia de su convocatoria, aunado a la posibilidad de flexibilizar las modalidades.

La votación extraterritorial y automatización del sufragio en México 

Para la ciudadanía residente en el extranjero, el voto electrónico por internet puede ser un eslabón para incentivar la participación con un mecanismo de mayor accesibilidad ciudadana. Aunque hoy en día la principal modalidad de votación para este sector es por medio del voto personal en embajadas y consulados, debido a las características institucionales y migratorias de México, representaría un error siquiera contemplarlo como una posibilidad real.

Aunque internet es la herramienta de conectividad actual, como se analizó en líneas anteriores, en el mundo sólo un puñado de países ha recurrido a la vía del voto electrónico para sus ciudadanos en el exterior. Sin embargo, los casos en los que se ha presentado demuestran alta participación; por ejemplo, en las elecciones suizas de 2011 y 2018, se obtuvo más de 70% de votación en ambas ocasiones. Aunque es un mecanismo mixto (postal e internet), cuatro de cada diez ciudadanos utilizaron el medio electrónico para emitir su sufragio.

De manera similar, el voto chilango 20123 mostró una participación digna de ser mencionada. De los 10,000 votos recibidos en aquella edición, tres de cada diez llegaron por internet. A partir de dicha ocasión, el Instituto Electoral de la Ciudad de México (IECM) ha robustecido su sistema de votación electrónico remoto. Al día de hoy, se ha empleado en una votación extraterritorial, así como en seis Consultas sobre Presupuesto Participativo que, en conjunto, han recabado un total de 351,046 votos.

Además, cuenta con un sistema de elaboración propia, el cual tiene la capacidad de asegurar la identidad del ciudadano y evita totalmente la suplantación; garantiza la realización de todos los procesos, lo que incluye el acompañamiento de la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales (FEPADE); permite una verificación rigurosa de contraseñas; ejecución de eventos públicos con observadores electorales y medios de comunicación, así como auditorías con dos empresas de reconocimiento internacional. Para impedir la suplantación del elector, el sistema actual requiere la entrega personalizada de contraseñas, pero en el mediano plazo se emprenderán ajustes para avanzar en el reconocimiento facial. Finalmente, se garantiza la seguridad, integridad física y lógica de todos los sistemas, en especial asegurando la continuidad en el servicio y la infraestructura suficiente para la correcta celebración de elecciones. A manera de corolario, el voto electrónico en México también tiene su origen en el ámbito local.

Entre las innovaciones locales que han tenido lugar en México, destaca la urna electrónica desarrollada en entidades como Coahuila y Jalisco. La primera tiene casi dos décadas de análisis y estudio acerca de sus implicaciones. Desde la primera implementación vinculante en 2005, se ha insertado de manera gradual y paulatina en los procesos electorales locales, también en ejercicios ciudadanos, como elecciones en escuelas y universidades, con el objetivo de introducir el voto electrónico en el imaginario ciudadano. De igual manera, sobresale el caso de Jalisco, donde arrancó el proyecto de la urna electrónica desde 2006, el cual se ha utilizado en elecciones constitucionales de tres municipios en 2009. Ambas entidades son pioneras en dicho desarrollo tecnológico, evidencia contundente que el impulso de lo local en materia electoral ha sido una de fuente de innovación importante para todo el sistema electoral nacional.

Reflexiones finales

La implementación del voto electrónico en un país como México representaría no sólo un ahorro presupuestal significativo en los comicios, sino también en procedimientos operativos, como el escrutinio de sufragios en casillas, los programas de resultados preliminares (PREP y conteos rápidos), cómputos distritales o la difusión de resultados oficiales.

Sin embargo, un cambio radical en el que se disponga de una  urna electrónica en las más de 155,000 casillas nacionales podría revertir el proceso de construcción de confianza en el sistema electoral. Por ello, como toda modificación de gran calado, resulta conveniente que sea un cambio gradual y progresivo, que no atente contra la generación de confiabilidad. Es necesario advertir que en el mundo hay modelos de automatización del sufragio, presencial y remota, los cuales se han verificado en términos de su eficacia. Para avanzar en el establecimiento de estos mecanismos, la condición necesaria es contar con el consenso político, esto significa que los actores se involucren en los procesos de conformación del mecanismo electrónico y, sobre todo, en la generación de confianza ciudadana.

Efectuar un cambio de esta índole en las elecciones nacionales conserva la esencia de la gran jornada cívica que tiene lugar cada tres años, pero implica un cambio sustancial en la forma en la que los partidos políticos y candidaturas independientes deben acompañar los diferentes momentos del proceso electoral; éstos tendrían que adquirir el compromiso de transmitir a la ciudadanía las cualidades de los dispositivos, de manera objetiva, pues esto es el inicio de un nuevo paradigma en el que la austeridad debe estar acompañada de honestidad frente a las instituciones. En otras palabras, poner en marcha el voto electrónico para las elecciones que se llevan a cabo en territorio nacional, así como para la ciudadanía residente en el extranjero, representa, en suma, los dos ejes en los que se cimienta la futura reforma: simplificación de un mecanismo electoral, en un escenario que promueve un gasto parsimonioso tendiente al ahorro del erario público.

* Consejero electoral del IECM. @yuribeltran
1 Alemania, Argentina, Australia, Austria, Brasil, Bélgica, Bosnia-Herzegovina, Canadá, Chile, Colombia, Congo, Corea del Sur, Costa Rica, Dinamarca, Ecuador, España, Estados Unidos, Estonia, Finlandia, Filipinas, Francia, Haití, Holanda, India, Irlanda, Italia, Japón, Kazajstán, Lituania, Mauricio, México, Nigeria, Noruega, Panamá, Paraguay, Perú, Portugal, Puerto Rico, República Dominicana, Uruguay, Reino Unido de la Gran Bretaña, Rusia, Suiza y Venezuela.
2 Blockchain tiene tres etapas: una de almacenamiento de datos, la cual replica la información con una cadena de bloques que deconstruye los datos originales. La segunda, de transmisión de datos, realiza aleatoriamente, en cadenas de 7,000 “partículas”, los datos que son enviados en diferentes redes para que, al momento de transmitir la información, sean prácticamente indetectables e imposibles de modificar. La última etapa es el proceso de confirmación de los datos (digamos que es el proceso en “que se vuelve a armar el rompecabezas” de manera milimétrica y, si faltase una piececita, no es posible publicar la información). Esto se utiliza, por ejemplo, para las criptomonedas. Blockchain es una especie de “notario público”, impide que los datos se modifiquen desde que se emiten hasta que se publican con la finalidad de evitar que una moneda (o un voto) se pueda gastar dos veces, ni cambiar su valor o su intención.
3 El 27 de julio de 2017, IECM solicitó al INE la posibilidad de implementar el voto por internet para la votación extraterritorial, a celebrarse en la elección local de la Ciudad de México en 2018, bajo la premisa de contar con un sistema de votación por internet robusto, seguro y auditado. Sin embargo, el INE, mediante el acuerdo INE/CG388/2017, determinó que –por su complejidad– el voto extraterritorial es exclusivamente de su rectoría, y que el desarrollo del sistema de votación por internet no sería contemplado para su ejecución en 2018, en ninguna elección.
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