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domingo 19 de mayo de 2019

Disfrutar del teatro para pensar

Por Emoé de la Parra*

Al final de la obra El testamento de María la propia María, arrebatada, nos interpela: “pero cuando ustedes digan que él redimió al mundo, yo diré que no valió la pena”. Esta vez, el reclamo ante la muerte de Jesús de Nazaret no surge de un contexto histórico o religioso sino de las entrañas de una madre que ha perdido a su hijo; pero el sentido de lo que dice, todo lo que nos narra sobre su propia experiencia y sobre la vida y muerte de su hijo, es fruto de una deliberación, no menos juiciosa y penetrante por apasionada: ¿qué tipo de líder fue este autodenominado “hijo de dios”?  ¿Hasta qué punto su “mensaje” –su discurso, diríamos algunos– le fue dictado por una caterva de seguidores en función de sus propias maniobras políticas? ¿Se trató realmente de un caudillo carismático o de un ser cuya mansedumbre fue propicia a juegos perversos y azarosos? ¿Creyó él mismo en los milagros que, según María, fueron resultado de rumores y malentendidos? ¿Se trató de un personaje particularmente espiritual o más bien de un muchacho ingenuo y hasta romo? En suma, ¿en qué consistió ese proceso de “endiosamiento”? Estos temas reverberan en el trasfondo del desconcierto de María y, aunque no lo enuncia abiertamente, su versión de la historia sugiere que Cristo fue más víctima que cabecilla de un movimiento inexplicable. Mirada de madre, se podría pensar, mirada “de mujer”, se podría añadir; y con ello se iniciaría una nutrida discusión sobre el sentido y pertinencia de calificarlas de este modo. Pero si estas y tantas otras cuestiones quedan revoloteando incómodamente en el ánimo del espectador es por la fuerza de un texto dramático particularmente eficaz y el regalo de actuación de  Luly Garza que nos obliga, literalmente, a acompañarla en su exaltación.1

 “Nuestra prisión somos nosotros mismos”, ya se sabe. Pero como bien nos deja ver y sentir la protagonista de Sombras en el paraíso,2 hay prisiones que además de constreñirnos físicamente truecan el sentido del tiempo y le descarrían el significado a vocablos como “ayer”, “hoy” y “mañana.  Esta obra nos obliga a testimoniar la calidad de un tipo de vida que todos sabemos que existe pero que casi nadie quiere conocer con detalle, la de aquellos que consumen su tiempo y su propia existencia al cuidado de alguien más: de enfermos, de una madre impedida, ¡o de ambos! De tan dolorosas, esas existencias parecen estar olvidadas por necesidad, por salud mental… por destino. Y son –por lo menos en sociedades como las nuestras– absolutamente necesarias, justamente para aquellos que necesitan olvidarse de ellas y que entonces las necesitan además así: calladitas… Calladitas porque su barullo es perturbador y “calladitas” porque casi siempre se trata de mujeres. Pero un día llega un dramaturgo, un director, una actriz y un equipo técnico y el testimonio se vuelve proclama y nos preguntamos por qué y cómo pasa esto todo el tiempo y tan cerca, y por qué pasa como pasa, y por qué se abjura de la eutanasia, y cómo lo consentimos, y si debe ser parte destacada de una agenda feminista. Otra vez el teatro nos pone a pensar, pero no porque presente tesis y argumentos, sino justamente porque no lo hace: se limita a mostrarnos los secretos de la intimidad de otro, sin mediación de ese intento siempre fallido de comunicarnos cara a cara. Así, con la deliberación arrinconada, nos revolcamos contagiados de la vitalidad y el erotismo de una actriz cuyos recursos técnicos y maestría no dan tregua a un público hipnotizado.

Sombras en el paraíso nos apremia a desplazarnos hacia un tema de otra índole porque es coproducción de El círculo teatral, compañía de teatro y proyecto educativo que sigue activo pero que, por decirlo de algún modo, está obligado a hacerlo desde el exilio. Fundado hace 15 años por Alberto Estrella y Víctor Carpinteiro la vida de este círculo fue sana y gozosa, muy movida, hasta que otro movimiento, esta vez no artístico sino telúrico, le descuartizó las entrañas en 2017. Desde entonces, en ruinas, tragando saliva y afrentado por promesas incumplidas de ayuda para su reconstrucción, El círculo teatral quedó igualmente fustigado por la sacudida de tierra que lo convirtió en un lugar “siniestrado” y por la sacudida de responsabilidad que lo dejó siniestramente abandonado.

Y como última reflexión lanzo esta pregunta: ¿De qué sirve una transformación, sea ésta la primera, la cuarta o la última, si estamos permitiendo que nuestro mayor bien, el cultural, disminuya y pierda su lustre?

* Actriz y directora de teatro.
1 El testamento de María de Colm Toibin. Dirección: Itari María. Actuación: Luly Garza. Sala Novo (Madrid 13, Col. Del Carmen, Coyoacán). Miércoles: 8 p.m. (hasta el 26 de junio).
2 Sombras en el paraíso de Alberto Estrella. Dirección: Víctor Carpinteiro. Actuación: Ángeles Marín. La Teatrería (Tabasco 152, Col. Roma).
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