You dont have javascript enabled! Please download Google Chrome!
lunes 22 de julio de 2019

Desde la lona

Claudia Ruiz Massieu*

El lector, sin duda, encontrará en las páginas de este número de la revista Voz y voto más de un análisis agudo, serio e interesante sobre los recientes comicios del 2 de junio; sin embargo, quizás algunos de ellos estén concentrados en analizar exclusivamente las dinámicas internas de las elecciones en Aguascalientes, Baja California, Durango, Puebla, Quintana Roo y Tamaulipas, sin detenerse a reflexionar sobre las dinámicas globales en las que estas votaciones, por locales que sean, se insertan. Ese, precisamente, será el tema central de esta reflexión.

En Asia hemos tenido las elecciones de los “hombres fuertes”: el primer ministro nacionalista de la India se reeligió junto con una súper mayoría parlamentaria; en Israel, el bloque de partidos de derecha encabezado por Benjamín Netanyahu, consiguió una mayoría en la Knesset, pero no logró formar gobierno debido a desacuerdos específicos entre los partidos del propio bloque, y Turquía celebró elecciones municipales que culminaron con la derrota del partido oficialista en Ankara, lo cual se interpretó como un voto de castigo al presidente Erdogan.

En mayo se votó para elegir al Parlamento Europeo, en lo que podríamos considerar como el gran referéndum sobre la Unión Europea. Los resultados parecerían mostrar que los partidos tradicionales han perdido la mayoría absoluta y que nuevas fuerzas políticas, como los liberales, Los Verdes o los euroescépticos, aumentan el peso de su voz en las instituciones europeas para dar paso a nuevos equilibrios.

Desde mi punto de vista, las recientes elecciones en México comparten rasgos con una lógica político-electoral internacional, observable en las elecciones recientes de Israel, la India, Turquía o la Unión Europea. A lo largo de este artículo, pretendo desarrollar algunas de esas características, que se presentan desde México hasta Nueva Delhi.

Subrayo un aspecto del 2 de junio pasado en nuestro país: las bajas tasas de participación ciudadana. Se ha dicho, no sin razón, que el gran ganador de la elección fue el abstencionismo; y quien ignore ese hecho tiene una visión política de muy corto alcance.

No hubo un elemento que motivara a un gran número de ciudadanos a participar en su democracia, y eso puede tener una explicación tan clara como preocupante: el desgaste de los partidos tradicionales.

Sin duda, hay un desgaste diferenciado, pero desgaste, de los partidos políticos, especialmente de los llamados “tradicionales” o “históricos”.

Revisemos: si bien los democristianos alemanes mantuvieron sus posiciones de primera mayoría en las elecciones europeas, obtuvieron menos votos (pasaron de 35% a 29%); pero el resultado del Congreso Nacional Indio (cni), de los laboristas israelíes o de los “tories” británicos ha sido decepcionante para muchos.

El cni obtuvo 87 escaños en el parlamento frente a los 353 del Partido Popular Indio (bjp, por sus siglas en inglés), actualmente en el poder; los laboristas israelíes tuvieron una caída de 75% en sus votos, mientras que los conservadores británicos pasaron de ser la tercera fuerza más votada en 2014 a la quinta en el orden de preferencias.

Otro aspecto del panorama político-electoral actual es que las elecciones tienen una lógica binaria: héroes o instituciones. La gente acude a las urnas con un dilema: votar por continuar/reformar las instituciones liberales o depositar su confianza –y el poder– en liderazgos carismáticos o nacionalistas que ofrecen una supuesta seguridad nacional, económica y cultural, muchas veces, con cargo a los derechos y libertades de los ciudadanos.

En Francia, Italia, la India e Israel, por ejemplo, parecen haber optado por el nacionalismo de Le Pen, Salvini, Modi y Netanyahu; pero en Turquía, Alemania o España la respuesta fue en otra dirección: el partido de Erdogan perdió el gobierno de la capital; la ultra derechista Alternative für Deutschland (Alternativa para Alemania) perdió votos con respecto de sus propios resultados nacionales de 2017 (10% vs.12%); el psoe y el pp de España concentraron más del 52% del voto.

Esto nos lleva a un tercer punto: el debilitamiento paulatino de las fuerzas políticas voluntaristas y antisistémicas. Si bien muchas de ellas continúan mostrando una gran popularidad, cada vez son más ciudadanos y ciudadanas quienes rechazan sus premisas y sus acciones de política, pero que no por ello dejan de exigir soluciones originales y factibles a los problemas cotidianos.

En Grecia, el mal resultado de la Coalición Radical de Izquierda (ziryza en griego), actualmente en el poder, incluso llevó al primer ministro Alexis Tsipras a convocar elecciones anticipadas, cuando sólo unos años antes se había enfrentado al Banco Central Europeo y al Fondo Monetario Internacional mediante un simbólico referéndum sobre un plan de rescate.

El corolario de este argumento es que, en todo el mundo, otras opciones comienzan a ganar fuerza: en el Parlamento Europeo se habrá de dar paso a un nuevo arreglo para la Comisión Europea, que incluya a ecologistas y liberales empoderados desde las urnas.

Finalmente, este conjunto de elecciones también nos deja ver un patrón político interesante, donde los resultados muestran redistribuciones bruscas del poder: o se fragmenta o se concentra.

El Parlamento Europeo ha dejado el bipartidismo para dar paso a una composición incierta de la futura Comisión Europea; en cambio, el bjp controlará cómodamente el Ejecutivo y el Legislativo en la India.

Ambas opciones son preocupantes para los sistemas políticos democráticos, pues, por un lado, la fragmentación puede conducir a la inestabilidad, la incertidumbre y el desgaste del sistema representativo, y por el otro, la concentración de poder pone en riesgo a la democracia misma, como ha ocurrido en Rusia, Turquía o como empieza a atisbarse en México.

Estas lecciones dan coordenadas a los partidos con vocación social, democrática y liberal para retomar nuestro lugar como interlocutores entre la sociedad y el gobierno. En el fondo, se trata de responder la siguiente cuestión: ¿qué pueden aprender los partidos mexicanos de estas experiencias internacionales para redefinirse como opciones políticas fuertes e incentivar la participación de la gente?

Lo primero es blindar el marco institucional de la lógica binaria actual; es decir, defender las instituciones debatiendo los caminos para su mejoramiento y fortalecimiento, no su existencia misma; mostrar una fuerte vocación institucional, no personalista.

 Una segunda lección tiene que ver con reinventar nuestra comunicación como partidos políticos para animar a la gente a participar y acortar la preocupante distancia entre el sistema de partidos y la ciudadanía; se debe hacer un esfuerzo para que esa ciudadanía, como se mostró en las recientes elecciones europeas (con la participación más alta desde 1979), esté dispuesta a impulsar sus causas políticas, pero siempre dentro del juego democrático.

La definición de los gobiernos debe ser producto de mayorías participantes y no de las minorías mejor organizadas, pero para eso se requieren organizaciones partidistas con arraigo en sus principios y con claro entendimiento de las nuevas demandas y lenguajes ciudadanos.

Por último, el debilitamiento paulatino de las fuerzas radicales y antisistémicas en Europa muestra que hay una ventana de oportunidad para que los partidos coordinen los esfuerzos de personas y organizaciones civiles, a fin de proteger los espacios de autonomía y división de poderes que sirven como contrapeso frente a los gobiernos centrales fortalecidos que intenten acotarlos; pero también debemos mantener la capacidad de dialogar para construir acuerdos desde una pluralidad fragmentada.

En este contexto, el pri, como partido histórico, tiene la responsabilidad de dejar de ser un partido del siglo xx: de masas, corporativo, vertical y cerrado, para transformarse en un partido del siglo xxi: abierto, horizontal y democrático. Un partido que ponga las causas ciudadanas en el centro de su actividad política.

El gran reto es traducir el mensaje de las urnas en una transformación profunda: de fondo y de forma, en su organización y en sus prácticas, para recuperar sus orígenes populares, honrar su vocación como constructor de instituciones y afirmar su carácter como defensor de los principios de libertad, democracia y justicia social.

* Excanciller de la República y presidenta nacional del PRI.
error: Alert: Content is protected !!