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martes 18 de diciembre de 2018

Cumbre desairada

Omar Cepeda*

Pocas veces se ve a una líder global como la costarricense Rebeca Grynspan tejer tan fino y a ritmos vertiginosos el multilateralismo iberoamericano, al mismo tiempo que por todo el mundo se marcan muescas de nacionalismo, xenofobia, racismo y populismo. La permanencia de Grynspan en la Secretaría General Iberoamericana (Segib) por cuatro años más es una excelente noticia para la región de cara a los grandes retos de este complejo siglo XXI, cuando “la mitad de la población latinoamericana está en situación de vulnerabilidad”, por lo que “habrá que prepararse para proteger a la gente”, como me lo dijo en una entrevista a mediados de noviembre pasado, en la XXVI Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno, celebrada en La Antigua, Guatemala, bajo el lema “Una Iberoamérica próspera, inclusiva y sostenible”.

Rebeca Grynspan llegó a la Segib (con sedes en Madrid, México y Sudamérica) hace cuatro años, en la Cumbre de jefes de Estado y de gobierno que se celebró en Veracruz, en 2014. Desde entonces se han revitalizado agendas, objetivos y resultados. Iberoamericana, se ha percatado de que existe un órgano encargado de cohesionar a las sociedades, incluir a las minorías y buscar los mecanismos necesarios, junto con los gobiernos de los países, para hacer una región más prospera, con resultados tangibles y acciones concretas. Su incesante recorrer los países, conocer de primera mano las voces, problemas, propuestas, y conciliar con los líderes de cada nación, le han permitido el éxito de su gestión, porque como ella misma lo expresa, “la comunicación es fundamental para la continuidad”.

A la de Veracruz le siguieron las reuniones en Cartagena de Indias en 2016 y la recién concluida en La Antigua, en 2018. Vale la pena destacar que, a pesar de que la mayoría de los informes y acuerdos se da a conocer cada dos años en los encuentros presidenciales y de primeros ministros, durante los 24 meses previos se realizan más de treinta reuniones ministeriales, decenas de reuniones con coordinadores regionales, grupos interdisciplinarios, empresariales y con la sociedad civil, en los diversos países que conforman la región iberoamericana, lo que permite ir concretando las prioridades y amalgamar los resultados.

Iberoamérica comprende 22 países de América Latina, el Caribe y Europa (España, Andorra y Portugal); si bien son disímbolos en cantidad poblacional, perspectivas económicas o desarrollo social, tienen en común cultura e historia, lengua y geografía. También comparten retos difíciles de revertir, como la desigualdad, corrupción, pobreza, lucha contra el cambio climático o la migración, pero están convencidos de que en la cooperación multilateral y los programas integrales encontrarán a los nuevos agentes de cambio para la región: desde el empoderamiento de las mujeres, la movilidad académica de miles de jóvenes, la inclusión de personas con discapacidad, el impulso a la innovación ciudadana, el respeto a los derechos de los pueblos indígenas y afrodescendientes, la generación de empleos, la utilización de energías limpias, la igualdad de acceso a la justicia, hasta proyectos que ayuden al perfeccionamiento y la modernización del Estado.

En las cumbres se han vivido múltiples vicisitudes y esfuerzos, desde que en 1991 la ciudad de Guadalajara vio nacer la primera reunión iberoamericana de jefes de Estado y de gobierno, iniciativa surgida de los gobiernos de España y México. Desde entonces se han llevado a cabo 26 encuentros de máximo nivel en varios países de la región; al principio anualmente, pero desde Veracruz 2014, se celebran cada dos años. Un acierto que permite concretar mejores estrategias.

Guatemala 2018 abrió las puertas de la ciudad empedrada y de volcanes, La Antigua; fue el primer país de Centroamérica en presumir de una cumbre que recibió a 17 jefes de Estado y de gobierno y dio inicio a un trabajo en conjunto para cumplir con los 17 puntos de la Agenda 2030 sobre cambio climático y desarrollo sostenible. Destacó la presencia de líderes como el brasileño Michel Temer; de Bolivia, Evo Morales; de Perú, Martín Vizcarra. En 2020 se deberán dar resultados que reflejen los mecanismos que ya trabajan en la sociedad iberoamericana, y una nueva cumbre cruzará el Atlántico para llegar al principado de Andorra. De esta forma se inicia un nuevo ciclo de trabajos para continuar con lo ya establecido y abrir nuevos procesos para el desarrollo.

En La Antigua tuve la oportunidad de conversar con varios mandatarios, que manifestaron importantes coincidencias en los objetivos de la región.

Pedro Sánchez, presidente del gobierno de España, destacó que la importancia de estos eventos estriba en que construyen una “comunidad iberoamericana y fortalecen los valores comunes frente a discursos nacionalistas y excluyentes”; además mencionó retos comunes, como la migración.

Lenín Moreno, presidente de Ecuador, sin reparos afirmó que es prioritario “salir de la pobreza y erradicar completamente la pobreza extrema”, además de fortalecer los mecanismos para “la inclusión”. Este último tema fue central en la Cumbre de Guatemala, donde se determinó que las personas con discapacidad (nueve millones de hombres y mujeres) deben ser incluidas en la vida económica y social de los países iberoamericanos.

También pude dialogar con el presidente de México, Enrique Peña Nieto, quien vivió su última cumbre como mandatario a pocos días de concluir su sexenio. A su gobierno le correspondió organizar la Cumbre 2014, en Veracruz, donde entre otras cosas se creó el Canal Iberoamericano. Su análisis fue certero al manifestar que “México, siendo actor con responsabilidad global, siempre ha querido tener una posición activa, de promover proyectos, de respaldar la cooperación de los países miembros de esta comunidad. A final de cuentas todos buscamos que nuestras sociedades alcancen mayores niveles de bienestar y prosperidad”. Dijo que a lo largo de 37 años se ha buscado “mantener el espíritu de solidaridad, de cooperación, y el de compartir experiencias de éxito entre países y seguir contribuyendo cada quien desde su espacio para que toda esta comunidad iberoamericana tenga éxito, bienestar y prosperidad”.

Finalmente dialogué con otro mandatario, que tendrá en sus manos la agenda organizacional y política sobre la cohesión de Iberoamérica durante los próximos dos años, el presidente de Andorra, Antoni Martí Petit, quien desde este principado enclavado en los Pirineos y de poco más de 78 mil personas, considera que mientras “estamos en un momento donde el multilateralismo está perdiendo fuerza, los 17 compromisos de desarrollo sostenible son una evidencia (de que se está construyendo algo); pienso que tenemos que continuar en esta línea, lo hemos empezado en Guatemala: hacer cosas concretas que la gente entienda. Es verdad que en estos momentos –y hablo de Europa pero también debe de pasar en Latinoamérica– hay una pérdida de credibilidad de los foros y del multilateralismo. En cambio Andorra, que va a acoger la sede en 2020, piensa que no hay otro camino que potenciar estos foros”.

Y así fue: en esta Cumbre de Guatemala, en todos los discursos, en todos los diálogos y hasta en la decoración del místico Convento de Santo Domingo de La Antigua, el gran tema fueron los objetivos de la Agenda 2030 sobre el cambio climático que la onu ha impulsado urgentemente debido al deterioro de nuestro medio ambiente. Se llegó a la conclusión de que se tiene que pasar de las palabras a los actos y llevar resultados concretos a Andorra.

En este contexto se presentó el primer informe “La Rábida-Huelva sobre cambio climático y desarrollo sostenible en Iberoamérica”, elaborado por el Observatorio de Desarrollo Sostenible y Cambio Climático. El informe muestra una “amplia bibliografía y una diversidad de fuentes de información”, además de “elementos de los principales estudios realizados hasta el momento, convirtiéndolos en información accionable para tomadores de decisiones, instituciones y ciudadanía en general”. Este texto parte del trabajo en ocho áreas temáticas: vulnerabilidad, desarrollo bajo en carbono, energía, transporte, bosques y agricultura, agua, economía circular y sensibilización ciudadana. Bajo este importante esquema de transformación, se pretende saber “gestionar el cambio”, como lo manifiesta Rebeca Grynspan.

Otro aspecto central que se desarrolla paralelamente a los mencionados y con una fuerza prioritaria, son los temas culturales. Platicamos con Enrique Vargas, coordinador del Espacio Cultural Iberoamericano, un convencido de “apoyar la economía creativa en la región y que la cultura sea un factor de desarrollo, ya que contribuye al desarrollo sostenible”. Se mostró satisfecho con los avances logrados en la materia, al considerar que entre otras cosas “los presidentes han aprobado la agenda por el desarrollo de las artesanías; una agenda también para reforzar la lectura, la escritura y el libro en Iberoamérica”. Confirmó que “se han suscrito diversos convenios importantes para la circulación y movilidad de artistas”. Finalmente, los trabajos realizados hasta el momento podrán “impulsar el plan estratégico para las industrias culturales y creativas en nuestra región”.

El cierre fue contundente en esta Cumbre de La Antigua. La secretaria general iberoamericana, Rebeca Grynspan, en la conferencia de prensa final junto con la canciller de Guatemala, Sandra Erica Jovel Polanco, además de los resultados concretos ya enumerados, nunca dejaron de lado problemas coyunturales que deben ser revisados de forma permanente y transversal por las naciones iberoamericanas, como la migración y los efectos que provoca, las caravanas de migrantes que recorren Centroamérica y México hacia los Estados Unidos, y la corrupción, que no deja de lastrar el desarrollo de la región. En dos años, ya en Andorra, veremos el progreso y los avances a partir del funcionamiento de este tipo de foros que impulsan un multilateralismo necesario en esta primera mitad del siglo XXI.

* Internacionalista
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