Jueves 26 de abril de 2018

Cultura y Lectura Abril 2018

La democracia sí tiene quien le escriba

Por Ciro Murayama*

Imagino a un José Woldenberg irascible ante la lectura de la prensa cada mañana, con una honda preocupación por el rumbo de su país y, también, por la calidad de la deliberación pública, si es que aún puede llamársele así. Por eso intuyo que motivado por la desesperación, y al mismo tiempo reacio a entregarse a la resignación, Woldenberg acude a sus armas pacíficas más preciadas como experimentado profesor, como curtido polemista, como demócrata indeclinable: la persuasión, el razonamiento claro, la explicación didáctica, el análisis somero de los hechos, la atención a los argumentos y hasta a los sofismas de otros, la vocación por entender y darse a entender.

Cartas a una joven desencantada con la democracia (Sexto Piso, México, 2017, 106 pp.) es la clase con la que, en formato epistolar, José Woldenberg interpela a las nuevas generaciones –y, por supuesto, no solo a ellas– para aquilatar el valor del ejercicio de los derechos políticos, las conquistas no gratuitas que se han ganado en materia democrática y, por supuesto, los retos que como comunidad política nos acechan a la vuelta de la esquina.

Así que Woldenberg no opta por “el repliegue a la vida privada, dándole la espalda a los asuntos públicos” (p. 11) como haría el desencantado estándar, porque “vale la pena subrayar que cuando uno se autoexcluye, serán otros los que tomen las decisiones. No hay escape” (Ibíd.).

La reivindicación-explicación inicial de nuestro autor sobre la democracia es, en las primeras tres misivas, en defensa de la disidencia, la diversidad y el pluralismo, esto es, del único régimen que no se funda en la idea de “una sociedad monolítica, sin fisuras, sin intereses diversos, sin sensibilidades distintas, sin aspiraciones encontradas” (p. 13). De forma tal que “si me obligaran a definir qué es la democracia –dice al concluir su segunda carta–, diría: el régimen político que busca ofrecer un marco institucional y normativo para la expresión, recreación, competencia y convivencia de la diversidad” (p. 16).

En cambio, “los autoritarismos de izquierda y derecha sólo reconocen como legítimos a aquellos que se afilian a sus posiciones” (p. 18).

La democracia entonces es el reconocimiento a quien piensa distinto, lo cual incluye garantizar los derechos de las minorías, no acabar con ellas. Y a la vez, explica el profesor, “la mayoría, en democracia, siempre es contingente”, por lo que “está obligada a actuar dentro de un marco constitucional y legal que fija sus alcances y límites” (p. 19). Y si la mayoría atentara contra ese poder acotado, “estaría vulnerando uno de los pilares del edificio democrático” (p. 20). La democracia ofrece y garantiza derechos a los que no están en el poder y a quienes critican al poder, cosa proscrita en el autoritarismo.

Por tanto, “la democracia es el único sistema político que necesita e intenta ampliar los derechos de los ciudadanos” y no “restringirlos a favor de las instituciones estatales” (p. 21).

Como las sociedades están vivas, sus minorías y mayorías pueden cambiar, por ello es crucial el expediente electoral: “La democracia es un sistema de instituciones que perviven y de representantes que cambian” (p. 22).

La cuarta misiva es una cápsula en apenas siete páginas de historia política del México del siglo xx. Como buen estudioso de las ciencias sociales, Woldenberg sabe que sin conocimiento de la historia no hay posibilidad de comprensión del presente. El maestro hace un recuento de la Revolución Mexicana; de los inestables años veinte; de la formación del Partido Nacional Revolucionario para iniciar con la institucionalización política; de la organización del movimiento de masas durante el cardenismo; del agotamiento del verticalismo ante diversos movimientos sociales y sindicales que tuvieron su momento clave en 1968; la represión y sus secuelas en los setenta; la reforma política y el tránsito democratizador, que nos llevó a un sistema plural de partidos, alternancia, división de poderes, mayores libertades. Pero, concluye Woldenberg, “No arribamos por supuesto al paraíso. En primer lugar porque la democracia es apenas un régimen de gobierno. Y en segundo lugar –le recuerda el hombre laico a la joven lectora– porque debes saber que el paraíso no existe” (p. 32).

En la quinta misiva, al atender la noción de ciudadano, alerta sobre la “retórica antipolítica”, la “operación demagógica” que ve en los ciudadanos “honradez, solidaridad, trabajo, moralidad, lealtad” y en los políticos, “la encarnación del Mal, portadores de antivalores tales como la corrupción, la deshonestidad, la impericia, la estupidez, la avidez y súmale tú” (pp. 33-34). Ante esa falsa dicotomía, Woldenberg subraya que “Estado de derecho y ciudadanía se retroalimentan. No puede existir el uno sin el otro” (p. 34), pues finalmente “para que exista una sociedad civil fuerte y expresiva se requiere de un Estado democrático asentado, y éste será más dinámico si se despliega en un contexto de exigencia marcado por una robusta sociedad civil” (p. 39).

La sexta carta se hace cargo de los problemas del régimen político que Woldenberg defiende: “en el adn de la democracia ya está sembrada la complejidad de su funcionamiento” (p. 43). Va un ejemplo: “los pesos y contrapesos que se han forjado en los últimos años resultan una novedad venturosa” pero “la inédita correlación de fuerzas, si bien sirve para la vigilancia mutua, es explotada sobre todo para la descalificación del contrario” (p. 46). Otro: “los medios de comunicación ejercen una mayor libertad” pero, “montados sobre el escándalo, son ineficientes para explicar y dotar de sentido a lo que acontece en el escenario político” (p. 47). Uno más: “En los últimos años se ha gestado una sociedad organizada más demandante que la del pasado”, mas “parece ser que el resorte mejor aceitado de esa sociedad civil es el de responsabilizar al Estado de todo lo que ocurre, de tal suerte que cada nueva demanda, cada nuevo problema tiende a subrayar incapacidades (reales o ficticias) de las instituciones estatales” (p. 48).

El escritor de cartas se encarga del malestar en la democracia y del riesgo de que se convierta en malestar con la democracia. Entre las ideas y percepciones que militan contra la democracia, Woldenberg identifica al antipluralismo, la infravaloración del tránsito democrático, la complicada gobernabilidad de los gobiernos de minoría, el déficit de orden democrático, las complejidades genéticas de la democracia, el déficit de ciudadanía y de la sociedad civil, el comportamiento y el lenguaje de los partidos, así como los medios y el discurso antipolítico.

En la novena carta Woldenberg se ocupa de la mayor debilidad estructural de la democracia y la sociedad mexicanas: la pobreza y la desigualdad, ya que “el drama mayor de nuestra democracia germinal es que ha coincidido con un largo periodo de estancamiento económico y su estela de calamidades sociales” (p. 58). También apunta el efecto corrosivo de la corrupción, pues “nada desgasta más el aprecio por partidos, congresos, políticos y gobiernos que episodios de corrupción reiterados que quedan impunes” (p. 59). A esos males hay que añadir la creciente inseguridad, pues “incluso quienes no han sufrido de manera franca los estragos de la violencia, viven bajo la sombra del temor, la incertidumbre, la zozobra” (p. 59).

A lo largo de sus misivas, Woldenberg cita pasajes históricos de otras naciones en las que la democracia se erosionó hasta desaparecer (Uruguay en los años sesenta y setenta), se toma en serio y recrea Rebelión en la granja de Orwell, donde el sueño justiciero deviene en pesadilla, y acude a autores clave como Carlos Pereyra y el clásico Norberto Bobbio.

En buena medida, las 17 cartas son un llamado a la no violencia porque “mientras en democracia se intenta ofrecer un cauce para la expresión, recreación, convivencia y competencia de la diversidad política, lo que supone intentar congelar a la violencia se convierte en un instrumento connatural a los afanes por desterrar a las oposiciones políticas” (p. 96). Y ahí cabe otra advertencia-recordatorio: “Violencia revolucionaria y represión policial se anudan y alimentan” (p. 64).

Las cartas terminan encarando los desafíos del presente: “México vive una situación tensa, cargada de preocupantes presagios y un rosario de crisis combinadas. Es imprescindible delinear un futuro incluyente, que genere cohesión social y una esperanza compartida” (p. 104).

Frente a lo que se pudiera pensar cuando uno encuentra a un demócrata en defensa de la democracia en estos tiempos, no estamos ante la exposición de un optimista, sino lo contrario. Es el pesimismo ilustrado y enterado lo que motiva a Woldenberg. La certeza de que lo que está mal puede ir a peor, de que si no rescatamos los derechos que la democracia hace posibles podemos comprometer las libertades de millones de individuos al adentrarnos más en una oscuridad que ya nos rodea, es lo que inspira el libro; no la alegría, sino el temor fundado; no el recuento confiado de los avances, sino el reconocimiento del peligro.

Preocupación profunda, vocación de profesor, compromiso político inagotable. He ahí los nutrientes de Cartas a una joven desencantada con la democracia, la obra de un serio filósofo moral de nuestro tiempo.

Un mundo raro

Por Hugo Pablo Melchor

Los Héroes del Silencio, Intocable, Radio Futura y La Ley son agrupaciones musicales que recientemente han tenido un punto en común: al menos uno de sus integrantes participa en un homenaje musical a José Alfredo Jiménez. Un mundo raro. Las canciones de José Alfredo Jiménez se llama el álbum donde la fuerza femenina se expresa en las voces de Lila Downs, Carla Morrison y Julieta Venegas.

Del triunvirato de la música mexicana, Pedro Infante, Jorge Negrete y José Alfredo, este último no ha dejado de conmover al público de habla hispana y de paso al de otros idiomas, por la contundencia con la cual sus emociones estallan en canciones llenas de euforia, melancolía, romance y desengaño. Al igual que Presley, Gardel o Sinatra, José Alfredo Jiménez vivió para disfrutar su fama, y al igual que ellos, a su muerte se transformó en leyenda e inspiración para otras estrellas de diversos estilos musicales.

La Ciudad de México, Monterrey, Los Ángeles, Buenos Aires, Barcelona, Madrid e incluso Texas fueron paradas obligatorias del equipo que hizo posible la confección de este homenaje, donde artistas del pop, el rock y la world music interpretan trece temas que demuestran la vigencia de José Alfredo en el siglo XXI. El álbum incluye un dvd con los videos de Serenata huasteca, No me amenaces y Un mundo raro, además de un documental.

Édith Piaf, John Lennon y Enrico Caruso, como José Alfredo, nacieron con el don de hechizar el oído y los sentidos restantes de los melómanos. José Alfredo expresó en especial el sentimiento del México que ya tenía bien puestos los pies en el siglo xx, más urbano, y que sin embargo sentía nostalgia por la vida campirana y la bucólica utopía que ofrecían el Rancho grande y Los tres García. Sigamos disfrutando lo que le queda a esta segunda década encaminándonos al Cerro del Cubilete y evitando, lamentablemente, a Salamanca.

Armonías

Sattva 0101

Por Manuel Chávez

En el país hay un motor que no para: el de la creatividad artística. La búsqueda de lenguajes inexplorados es una característica común del arte contemporáneo. En Sattva 0101 (Fonca/cmmas/Fonarte Latino, 2016) la experimentación sonora y el jazz coexisten armónicamente. Aquí nueve compositores menores de 30 años escribieron obras originales para cuarteto de jazz y medios electrónicos. El resultado es un corpus sonoro de múltiples facetas. Desde los primeros segundos la interacción de la electrónica y el cuarteto nos sumerge en un flujo de asombros. El saxofón, la batería, el contrabajo y la guitarra interactúan en tiempo real con una pared sonora en constante mutación. Hay un equilibrio entre la energía y el impulso progresivo de la música electroacústica. La espontaneidad y la improvisación que caracterizan al jazz permean una a una las obras. Estamos ante una producción vanguardista. Un proyecto sonoro que vincula al jazz con la música electroacústica y sus infinitas posibilidades sonoras.

Jorge Retana, Adrián Oropeza, David Sánchez y Rodrigo Garibay integran Sattva. Los cuatro músicos convivieron muy de cerca con los compositores. Juntos, dieron forma a cada una de las obras. Desde “Zeroth”, de Josué Collado, hasta “Jaxxx” de Sergio Olimán, lamentablemente fallecido en julio de 2017.

En “Zeroth o un robot no hará daño a la música”, Collado llama a superar los prejuicios que la revolución tecnológica ha traído y por medio de una obra fluida, inteligente y vivaz llama a aprovechar los cambios “para expandir nuestras posibilidades y enriquecer nuestras vidas.”

Marcelo Lara, por su parte, ofrece en “Destino incierto” una experiencia sonora basada en facetas musicales, atmósferas, saturaciones, ambientes e improvisación.

El compositor Gonzalo Alonzo Torres compara la tecnología moderna con un Golem, un ser artificial creado con el propósito de servirnos pero que a la larga parece haberse levantado sobre nuestros hombros.

Destaca también la composición de Nur Slim, llamada “Passionaria Atipul”, que incluye la voz de la compositora recitando: “Passionaria no confieses / que en secreto horneas versos / panadera de universos / Hipnotiza. No te acerques”.

En “Dasylirion”, Omar Padilla Nava propone el uso de medios electrónicos en vivo que permitan al intérprete acústico experimentar con una estructura aleatoria que busca representar el paisaje sonoro de un desierto, como los que existen al norte del país.

Por su parte, Israel Sánchez presenta “Yasi Suite” una obra inspirada en tres personajes del jazz: Charlie Parker, Miles Davis y Dave Brubeck. En ella el jazzista improvisa a partir de sonidos extraídos de obras de Bach, Revueltas, Debussy y Charles Mingus. Estas partículas sonoras se han transformado de manera digital.
El resto de los compositores son Mario Fernando Cruz Cardoso (“Quinteto por un rato”) y Jaime Lobato (“Jazzcodes Dextro Nights”).

Sattva 0101 es una muestra de la comunión entre la creación sonora de vanguardia y un género con más de cien años de vida. Vale la pena escuchar el resultado. Con este disco, el cuarteto Sattva y los nueve compositores que trabajan en él han dado un paso adelante en el desarrollo de la música y las artes sonoras de México.

@RadioYCultura

* Economista, consejero electoral del Instituto Nacional Electoral.
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