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Jueves 18 de octubre de 2018

Aquí volverá a temblar

Ricardo Becerra y Carlos Flores 

La certeza sísmica de la Ciudad de México no acaba de ser interiorizada por los gobiernos y la ciudadanía. Sabemos que en este territorio volverá a temblar en cualquier momento, pues nos encontramos en una zona de riesgo y vulnerabilidad ante este tipo de fenómenos de la naturaleza. Por supuesto, no son los únicos y, a pesar de que la capital cuenta con una historia puntual de sus tragedias, paradójicamente se empeña en olvidarlas.

A lo largo de los años, aquí han ocurrido prolongadas sequías (1452), devastadoras inundaciones (1499) y terremotos muy violentos (1545, 1616, 1768 y 1985). Las consecuencias económicas, sociales, políticas y, sobre todo, humanas de esos sucesos han transformado la ciudad. Salir de cada emergencia y lograr la recuperación de la capital ha sido un proceso exclusivo de cada momento. Sin embargo, hay un lugar común que une esas catástrofes y es el escaso aprendizaje de ellas, pues cada que llega un nuevo desastre natural lo enfrentamos como si fuera el primero.

En este contexto, y a un año del sismo del 19 de septiembre de 2017, publicamos un pequeño volumen titulado Aquí volverá a temblar (Grijalbo, 2018) que ofrece, por un lado, un testimonio de dos mexicanos que tuvimos el raro privilegio de ser responsables del momento inicial de la reconstrucción, después de aquella violenta sacudida en la Ciudad de México y, al mismo tiempo, un intento por razonar la experiencia –el conjunto de daños, factores, fuerzas sociales, económicas y políticas– que da sentido y contexto, que favorece o entorpece el curso de la reconstrucción.

Tuvimos la extraña fortuna de participar en la Comisión para la Reconstrucción de la Ciudad de México, de modo que pudimos observar, recorrer centenas de los lugares más críticos y, después, ofrecer un testimonio. Nuestra mirada va un poco más allá del periodismo: una situación única, de primera mano, al acudir con los damnificados en los sitios del desastre, para entablar contacto personal, no solo para observar y describir el daño, sino sobre todo para intentar resolverlo.

Y algo más. Para solucionar los problemas que veíamos y vivíamos, teníamos que entrevistar a expertos, estudiar, rodearnos de una comisión altamente calificada para elaborar respuestas y desplegar un abanico de programas gubernamentales urgentes y coherentes entre sí. Había que formular políticas extraordinarias para una situación extraordinaria.

Este libro está elaborado, pues, por dos actores y testigos directos de la tragedia y cuyo primer acto fue, precisamente, acudir a los sitios donde los capitalinos sufrían y padecían con mayor intensidad la cauda de una catástrofe natural sucedida un insólito 19 de septiembre, exactamente el mismo día del último gran terremoto de 1985 en la Ciudad de México.

Por eso, en cierto modo, este volumen también es un balance, un intento de responder qué ha avanzado correctamente y qué hemos hecho mal en la reconstrucción de nuestra ciudad.

El libro se divide en tres grandes capítulos. El primero contiene un conjunto de historias que dan cuenta del dolor de las personas, del momento emocional y de la problemática que enfrentaba la reconstrucción en su etapa inicial. El segundo retrata los debates dentro de la Comisión para la Reconstrucción, los argumentos, ideas y decisiones que, en paralelo, acompañaban las historias de la calle. El tercero expresa nuestro aprendizaje y plasma 42 lecciones para la reconstrucción y para darle un giro hacia un mejor horizonte a la Ciudad de México. En suma, se trata de un testimonio para no cometer el error de olvidar, como ya lo hicimos en 1985. Hay que trabajar, prepararnos, hacer todo lo posible por mejorar y amortiguar los riesgos, porque aquí volverá a temblar.

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