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lunes 22 de julio de 2019

Aguascalientes, votos fríos

Francisco Antonio Rojas Choza*

Tras varios años de actividad electoral consecutiva en Aguascalientes, el pasado 2 de junio la ciudadanía acudió nuevamente a las urnas, esta vez para elegir las 11 presidencias municipales, 12 sindicaturas y 86 regidurías que integrarán los ayuntamientos a partir del 15 de octubre del presente año. En esta ocasión, los diez partidos políticos que cuentan con registro en el estado (siete nacionales y tres locales) decidieron no celebrar acuerdos de coalición, escenario que no se había presentado en la entidad desde 2001. Además, en dos municipios se contó con la participación de cuatro candidaturas independientes.

La jornada electoral se llevó a cabo sin que se presentaran incidentes graves que pudieran afectar tanto su desarrollo como sus resultados, hechos que fueron aceptados en mayor o menor medida por la totalidad de los contendientes. Prueba de ello es que, en apenas tres de los 11 municipios, se recibieron recursos demandando la nulidad de los resultados. Sin embargo, la principal característica de esta jornada, y los demás procesos electorales celebrados a nivel local en 2019, fue la baja participación electoral. La interrogante continúa siendo cuáles son los motivos de dicho comportamiento.

En los años de régimen del partido hegemónico, los problemas en México se atribuían de manera general a una causa: la falta de democracia. Hoy en día, tras casi dos décadas de alternancia en el poder y el posicionamiento de cada vez más fuerzas políticas en la escena nacional, la desafección con el sistema democrático crece, y la baja participación en las elecciones refleja el desinterés generalizado de la ciudadanía en los asuntos públicos.

La democracia se nos presentó como acompañante inevitable de un sistema que liberalizaba la economía, pero que a su vez, debía encontrar en lo político un complemento adecuado que rompiera con la centralidad del poder en el Ejecutivo. Llegó así la alternancia, el pluralismo, la autonomía institucional, los procesos electorales libres, auténticos, y la emergencia de la sociedad civil organizada. Sin embargo, el sistema democrático no termina de permear en nuestra sociedad, al menos en su vertiente electoral. ¿Qué nos hace falta?

El abstencionismo es un fenómeno vinculado con una serie de factores, entre los que destacan la pobreza, la desconfianza en las instituciones, la identificación partidaria y los niveles de educación.1 No obstante, la participación ciudadana en cada proceso electoral se ve influida por un sinfín de elementos que pueden derivar de una coyuntura particular. Aunado a esto, “el tipo de elección […] tiende a modificar el nivel de participación de los votantes”.2 Un comparativo entre las elecciones locales del presente año y la elección concurrente de 2018 podría evidenciar que, en contextos locales, la problemática se agrava significativamente.

En el Cuadro 1 se observa la drástica caída del nivel de participación ciudadana en las elecciones locales, en relación con los procesos concurrentes de 2018. En el caso de Quintana Roo, la participación en 2019 fue tres veces menor que en el pasado proceso local, un dato preocupante que podría demostrar el desinterés de la ciudadanía por elegir a sus representantes a nivel local. Más aún en aquellos casos donde, como en Aguascalientes, se renovaron ayuntamientos.

Es importante recordar que el papel de las autoridades municipales en la vida del individuo es fundamental. Este nivel de gobierno es el más cercano a la ciudadanía, y los servicios que presta satisfacen las necesidades más básicas de la población. Sin restar importancia a los otros niveles, es en el ámbito municipal donde se potencializa la relación entre el gobernante y el ciudadano, así como la posibilidad de monitorear el ejercicio gubernamental. Además, existe un contexto en el que, de manera inédita, fue posible optar por la reelección, como un ejercicio de rendición de cuentas de las autoridades municipales frente a la ciudadanía.

Si bien el involucramiento del ciudadano en la vida pública no puede ser reducido al momento del sufragio, este último será siempre un buen indicador de buena salud democrática. En los procesos electorales locales, la relevancia del voto adquiere un mayor sentido: no sólo dota de legitimidad a los gobiernos entrantes, sino que estrecha los vínculos entre representante y representados, que deviene, a su vez, en la creación de políticas públicas.

El caso de Aguascalientes

Aguascalientes es un estado con condiciones propicias para la democracia: tiene una superficie dividida políticamente en sólo 11 municipios. Su orografía e hidrografía no son obstáculo que impida a los habitantes trasladarse a los sitios establecidos para ejercer el sufragio, y la violencia no es un elemento que caracterice a sus elecciones.

Los resultados de la última edición del Índice de Desarrollo Democrático que elabora la Fundación Konrad Adenauer, le dieron a Aguascalientes la puntuación más alta a nivel nacional, superando a estados como Yucatán y Coahuila. Sin embargo, de las cuatro dimensiones que evalúa el Índice,3 el estado se mantuvo en niveles medios, destacando solamente en la dimensión que se refiere al desarrollo económico.

El avance de nuestra democracia no se ha visto reflejado en la participación electoral: no hay una relación directa entre la mejora de las condiciones democráticas y la reducción de los niveles de abstencionismo, que se incrementan en procesos electorales recientes.

La participación de los ciudadanos disminuyó considerablemente en 2019. Tan sólo el 38% emitió su voto en las urnas, en comparación con el 63% de personas que lo hicieron en 2018. Mediante una revisión de los niveles de participación por municipio, se detecta una proclividad a la abstención en aquellos que cuentan con mayor población, como es el caso de la capital.

Los dos municipios con mayor número de habitantes (Aguascalientes y Jesús María), tuvieron los niveles más bajos de participación electoral, mientras que aquellos municipios con menos de 40 mil habitantes tuvieron una participación de alrededor del 70 por ciento. Si bien el abstencionismo es un fenómeno que se origina por diversas causas, en este caso se detecta una correlación entre el número de habitantes y su asistencia a las urnas.

Por otro lado, la legitimidad de los gobiernos entrantes se torna un tema central cuando se habla de participación. Si consideramos que del 33.81% de los votantes, cerca del 40% otorgaron su voto a la candidatura ganadora, el número de ciudadanos que legitimaron a sus próximos gobernantes municipales es bajo. Considerando la legitimidad como uno de los requisitos fundamentales para el ejercicio gubernamental, y el voto como manifestación primigenia de la voluntad popular, ¿cuáles son entonces las demandas de aquellos que no participan? ¿Qué otros medios encuentran para manifestar tales demandas si se está prescindiendo del sufragio?

El desinterés ciudadano en Aguascalientes puede además ser consecuencia del desgaste generalizado a causa de la frecuencia con la que se han celebrado elecciones en los últimos años, pues cabe recordar que, dada la homologación de calendarios electorales, en Aguascalientes hemos celebrado comicios en 2015, 2016, 2018 y 2019.

Con independencia de lo anterior, es importante no perder de vista que los partidos políticos, como entidades de interés público, tienen la encomienda de acercar al ciudadano a la vida democrática del país, para así desarrollar plataformas llamativas que atrapen el interés del electorado. Por este motivo la calidad de la oferta política podría estar asociada a la baja participación electoral.

No obstante, el perfeccionamiento de nuestra vida democrática requiere de estrategias integrales que no se constriñan a lo electoral. Es cierto que las autoridades en dicha materia tenemos tareas pendientes en cuanto al diseño de actividades y campañas permanentes de educación cívica. Igualmente, la apropiación de lo público debe favorecerse a partir de mancuernas entre las instituciones públicas y privadas.

La falta de involucramiento ciudadano en lo político puede resultar en la exclusión de los grupos sociales de los procesos de debate y decisión pública. La participación, en cambio, promueve el monitoreo y la evaluación constante del gobierno y las instituciones, de sus reglas y procedimientos. En la cuestión procedimental, puede evitar significativamente las malas prácticas.

La participación ciudadana es la razón de ser de los procesos electorales. La conquista del voto universal fue el resultado de largos años de lucha por la expansión de los derechos políticos, y de la evolución de los sistemas políticos hacia sociedades más democráticas. Es necesario repensar la manera para combatir el abstencionismo desde todos los frentes, poniendo especial atención en las características muy particulares de cada región del país, pues en Aguascalientes, la realidad es muy diversa de la de cualquiera de nuestros vecinos. Esta realidad debe ser transformada y encaminada a la mejoría por el bien de todos.

* Consejero Electoral del Instituto Estatal Electoral de Aguascalientes.
1 Henio Millán  (2013), “México: el abstencionismo en democracias incipientes”, en Ciencia Política, vol. 8 núm. 15, Bogotá, pp. 67-106.
2 ine/Colmex (2014), Informe país sobre la calidad de la ciudadanía en México, México, p. 6. 0
3 Democracia de los Ciudadanos, Democracia de las Instituciones, Democracia Social y Democracia Económica.
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