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domingo 16 de junio de 2019

2019, geopolítica electoral

Rina Mussali*

El año 2019 presenta un panorama tupido de elecciones en el mundo. En términos de geopolítica electoral no se destila un periodo de gran calado porque de los cinco países miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y ganadores de la Segunda Guerra Mundial, ninguno celebra comicios. No es el caso de Estados Unidos, Francia, Rusia y China, este último que eligió a sus autoridades bajo la celebración del XIX Congreso Nacional del Partido Comunista en 2017. En este contexto, la única incógnita sería Reino Unido, que ya pactó el retraso del Brexit (acrónimo de las palabras inglesas Britain y exit: “salida del Reino Unido” de la Unión Europea), poniendo como fecha límite el 31 de octubre, razón que no los blinda para celebrar elecciones anticipadas este mismo año ante una posible dimisión de la primera ministro. Asimismo, dentro de los países del G7 –grupo de las siete economías más industrializadas del mundo– sólo Canadá está llamado al ejercicio del sufragio.

Para el caso de las economías emergentes, las citas electorales de 2019 resultan medulares. Como referente tenemos a dos países BRICS (bloque formado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) que celebraron ruedos electorales: India, la democracia más grande del mundo, y Sudáfrica, que acreditó la victoria del presidente interino Cyril Ramaphosa del Congreso Nacional Africano (CNA), considerando que Brasil y Rusia celebraron elecciones en 2018, y el gigante asiático cambió de dirigencia hace dos años. Del lado de los países mikta (México, Indonesia, Corea del Sur, Turquía y Australia), el calendario se cargó hacia las naciones asiáticas: Indonesia, el país con mayor población musulmana del mundo y que atestiguó el duelo entre el presidente Joko Widodo y el exgeneral Prabowo Subianto, y Australia, que bajo el liderazgo del primer ministro Scott Morrison intentará ganar un segundo mandato, después de una década fallida para completar los mandatos de gobiernos.

Dentro de este recorrido, la contienda geopolítica clave se enmarcó en las elecciones del Parlamento Europeo, órgano legislativo compuesto por 751 miembros, quienes representan a cerca de 512 millones de personas, cita que no pudo esquivar Reino Unido durante la tercera semana de mayo. Resultó sintomático que estas elecciones se hayan celebrado bajo la presidencia semestral de Rumania, de la Unión Europea (UE), bajo el liderazgo populista de Viorica Dancila, tras el relevo del austriaco Sebastián Kurz, otro retrato del grito antisistema en el viejo continente. Esta contienda se leyó como un referéndum sobre el desempeño de la UE, cuando está carcomida por una serie de crisis simultáneas: el Brexit, los chalecos amarillos, la crisis de migración, el desafío italiano y los gobiernos nacionalistas de Hungría y Polonia. Lo que atestiguamos fue la pugna entre la Europa más abierta, tolerante y solidaria versus la Europa más cerrada, xenófoba y portadora del innatismo.

Fue la adhesión del italiano Matteo Salvini al “Movimiento”, grupo de partidos creado por Steve Bannon –el autor intelectual del fenómeno Trump–, que tuvo como propósito visibilizar la rabia social en contra del establishment supranacional europeo bajo una cascada de mensajes nacionalistas, antiinmigrantes y euroescépticos. Precisamente, los resultados de esta jornada pavimentarán el arribo de una nueva dirigencia ejecutiva de la UE para hacerse cargo de las siguientes carteras: el Consejo Europeo, la Comisión Europea, la Eurocámara, el Banco Central Europeo, así como la Alta Representación de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad.

Otra jornada de gran impacto geopolítico fue la celebrada en Ucrania. Inicialmente vista como una competencia entre los principales antagonistas desde la Revolución Naranja, el presidente Petro Poroshenko y la ex primera ministro Yulia Timoshenko, pronto enfrentaron a un tercer competidor que resultó ser el rival victorioso. Volodymyr Zelensky –famoso por haber interpretado el papel de un profesor de historia que se convirtió en presidente en la serie televisiva Servant of the People– recibió 5.2 millones de votos, casi el doble de su competidor más cercano en la primera vuelta, el presidente Poroshenko, quien vio frustrada la reelección porque alcanzó menos del 25% de la votación nacional en el balotaje.

Zelensky representa al electorado cansado con la élite política ucraniana y los oligarcas que se han beneficiado de la corrupción. Tengamos en cuenta que estos comicios se celebraron en plena crisis económica y en medio de la guerra civil en las regiones separatistas de Donetsk y Lugansk, las cuales buscaron ser influenciadas por Vladimir Putin, el hombre fuerte de Rusia que se anexionó a Crimea en 2014. Rusia, el poder global que mira con todo júbilo la victoria de un comediante que presume de inexperiencia política, ficha maleable para cumplir con los intereses geopolíticos y estratégicos del Kremlin.

Israel, un pequeño país de Medio Oriente y con capacidad nuclear, celebró elecciones bajo otro acertijo geopolítico. En un ambiente impregnado de nacionalismo exacerbado, la competencia se tornó feroz entre el primer ministro Benjamín Netanyahu y el Partido Azul y Blanco de Beny Gantz. Pese a que ambos obtuvieron 35 escaños, la coalición de Netanyahu sumó un total de 65 de los 120 asientos en la Knesset. Así, ya iniciado su quinto mandato, estará próximo a superar a David Ben Gurión como el Jefe de gobierno con mayor tiempo en el poder y figura legendaria al haber proclamado oficialmente la independencia de Israel en 1948. Con este resultado, “Bibi” (Benjamín Netanyahu) desinfló las acusaciones por soborno y otros cargos penales, pero además consiguió algo más importante: el reconocimiento “trumpista” de los Altos del Golán como territorio soberano israelí, un hecho que volvió a inflamar las tensiones en la región más tensa del mundo.

Al igual que Israel, España también celebró elecciones anticipadas. La cita fue el 28 de abril, luego de haber fallado el presupuesto que sometió a votación el presidente Pedro Sánchez. Destaca que éstas hayan sido las terceras elecciones generales en los últimos cuatro años, señales de una creciente polarización en la política española, no sólo a causa del separatismo catalán, sino también por la situación socioeconómica, pese a un crecimiento superior al de la media europea. Fue el partido Vox (término en latín que significa “voz”), bajo una narrativa evocadora de la guerra cultural e identitaria, el que consiguió 24 escaños en el Parlamento, un partido bisagra de las negociaciones que ya tienen lugar en el segundo periodo de Pedro Sánchez.

Concerniente a nuestra región, Centroamérica inauguró el calendario electoral con las elecciones en El Salvador, el pasado 3 de febrero. Por primera ocasión, desde la firma de los Acuerdos de Paz de 1992, ninguno de los principales partidos, ARENA (Alianza Republicana Nacionalista) y FMLN (Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional), se perfilaba como favorito para ganar, sino Nayib Bukele, un político antiestablishment, quien consiguió el 54% de los votos –evitando el balotaje. Convertido en el presidente más joven en la historia salvadoreña, su victoria fue atribuible al rechazo generalizado de la ciudadanía hacia los partidos tradicionales. De acuerdo al Informe Latinobarómetro, sólo 6% de los salvadoreños tienen confianza en los partidos, la cifra más baja de América Latina.

Panamá y Guatemala complementan la región centroamericana. En el primer caso, destaca que la jornada se haya celebrado en un momento de gran insatisfacción ciudadana con el presidente Juan Carlos Varela. Así, el opositor socialdemócrata Laurentino Cortizo, exministro y veterano político, resultó vencedor en las que han sido consideradas las elecciones más reñidas, con una diferencia porcentual de dos puntos. En el caso de Guatemala, las elecciones resultarán en el relevo del populista Jimmy Morales, quien representó la frustración ciudadana por la corrupción rapaz y la violencia sistémica e hizo poco para solventarlas, y en cambio, se alineó más a la élite militar y bajo su mandato se desacreditó a la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) de la ONU.

En la parte Sur del continente, Bolivia, Argentina y Uruguay cerrarán el calendario latinoamericano, todos en octubre. En el primer caso, es probable que Evo Morales obtenga el mayor número de votos, y con ello se encamine hacia su cuarto mandato consecutivo. No obstante, la polémica que rodea su candidatura por la duda constitucional y el referéndum fallido que impulsó en 2016, se convierten en las cartas más fuertes que el expresidente Carlos Mesa puede utilizar en su contra, ante una eventual segunda vuelta. La conformación parlamentaria será también una arista que deberá considerarse, pues el oficialismo podría salir más herido de lo que se piensa.

En Argentina, Mauricio Macri busca la reelección presidencial. El mandatario que giró el modelo de desarrollo económico, abrió la economía al exterior e insertó al país en los circuitos financieros internacionales. Sin embargo, la recesión, inflación, devaluación y la caída de las pensiones y subsidios serán los vectores que utilizará la oposición peronista para desfundar su legado. Es precisamente el “republicanismo” la carta que le queda a su favor frente a lo que podría representar el regreso de la dinastía Kirchner y las fuerzas peronistas, a las que se les ha acusado de corrupción. Destaca que de manera reciente, Cristina Fernández, su principal rival, se haya postulado para la vicepresidencia en fórmula con Alberto Fernández y haya publicado sus memorias bajo el título Sinceramente. En ellas comenta parte de sus anécdotas presidenciales para mantenerse como una de las principales figuras políticas, pero levanta los ánimos entre sus detractores por los errores cometidos que revela. ¿Quién ganará? Es una pregunta difícil de contestar y que sólo destilará sus pistas al considerar los resultados de los comicios provinciales, las elecciones primarias, que tendrán lugar en agosto, y los debates presidenciales.

La elección en Uruguay, la Suiza de América, será quizá la más predecible en el resultado. Aunque el Frente Amplio resulte nuevamente vencedor, no se puede hacer caso omiso de las grietas que han surgido: Luis Almagro, actual secretario general de la OEA y canciller durante el gobierno de José Mujica, ha sido expulsado del partido por la manera en que ha afrontado el conflicto venezolano. En Uruguay, país en donde el voto es obligatorio, se visibilizarán los rostros más conocidos: el exintendente de Montevideo Daniel Martínez, por parte del oficialismo, frente a Luis Alberto Lacalle Pou, hijo del expresidente Luis Alberto Lacalle, quien ya compitió en 2014 en nombre del Partido Nacional.

Por último, y no menos importante, el continente africano atestigua citas electorales de gran relevancia. En Nigeria resultó reelecto Muhammadu Buhari, pese al deterioro socioeconómico, la violencia sectaria y la corrupción de la renta petrolera. Túnez, el país que derrocó al dictador Ben Alí después de 23 años en el poder gracias a las revueltas de la Primavera Árabe, también enfrentará el juicio de las urnas. En este recorrido no podía faltar Libia, cuyas primeras elecciones tras la caída de Muammar al Gaddafi han sido postergadas una y otra vez por los disensos entre Francia e Italia. Resulta paradójico que Saif al Islam Gaddafi, el segundo hijo de Muammar, se presente como candidato, una figura que ha sido reclamada por la Corte Penal Internacional (CPI) debido a crímenes de guerra cometidos en febrero del 2011.

* * Analista internacional y conductora de la serie 100: Elecciones en el Mundo (2012–2019), diálogos entre expertos, Canal del Congreso.
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